Una familia busca ropa entre las ruinas de su casa destruida por el terremoto, en la Bernal

Los afganos se quedan solos en el rescate de las víctimas del terremoto

Los afectados ruegan que «vengan a socorrernos» mientras la ONU asegura que los talibanes «no han hecho una solicitud formal» de auxilio

MIKEL AYESTARAN Corresponsal en Jerusalén

Las operaciones de rescate siguen en marcha en las provincias de Khost y Paktika, las dos zonas al sureste de Afganistán totalmente devastadas por un terremoto de 5,9 grados en la escala de Richter. Los afganos rescatan a supervivientes y retiran cadáveres de los escombros con sus propias manos porque no ha llegado ningún tipo de ayuda, ni maquinaria para hacer frente al mayor temblor sufrido por el país en las últimas dos décadas.

Las autoridades mantienen en al menos un millar el número de fallecidos y más de 1.500 los heridos, pero no se descarta que el balance final aumente sensiblemente. La zona cero es el distrito de Gayan, en la provincia de Paktika, en plena frontera con Pakistán, donde «aldeas enteras han sido arrasadas», en palabras de Abdul Qahar Balkhi, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores. Las fuertes lluvias de las últimas horas han complicado aún más las labores contra el reloj para intentar encontrar gente con vida.

Las autoridades del Emirato pidieron el miércoles ayuda a la comunidad internacional, pero desde la ONU aseguraron que hasta ahora «los talibanes no han realizado una solicitud formal para que el organismo internacional movilice equipos de rescate y obtenga equipamiento de países vecinos», declaró el 'número dos' de la misión en Kabul, Ramiz Alakbarov. En el aeropuerto de la capital han aterrizado aviones de Irán y Qatar con ayuda humanitaria, según los medios locales, y las autoridades turcas también mostraron este jueves su disposición a prestar «cualquier tipo de asistencia». Turquía es un país con amplia experiencia en terremotos, cuenta con muy buenos equipos de rescate y su legación está abierta en Kabul, por lo que podría coordinar esta llegada directamente con los talibanes.

El terremoto ha reabierto el dilema entre los donantes internacionales, quienes desde la llegada del Emirato han optado por cortar ayudas a las autoridades de facto porque no se fían de ellas. «Preocupa mucho que el dinero no acabe siendo destinado a lo realmente necesario y por ello los organismos internacionales buscan otros caminos de ayuda directa a organizaciones que trabajan sobre el terreno, sin tener que pasar por los talibanes, que siguen siendo un grupo terrorista y misógino. Los civiles se quedan en medio de este pulso, rehenes de todo y pagando consecuencias», explica Ana Ballesteros, investigadora senior asociada al Cidob (Barcelona Center for International Affairs), con amplia experiencia en la región.

En opinión de Ballesteros, a los actuales dirigentes afganos «les da igual que la población muera de hambre. Ellos solo persiguen la legitimidad internacional para volver a recibir inversiones y ayudas. Este terremoto no les ablandará el corazón».

A 160 kilómetros de Kabul

Las zonas afectadas por el temblor que golpeó el sureste del país la noche del martes están a tan solo 160 kilómetros de la capital, pero la pésima infraestructura de las comunicaciones, el mal tiempo y la falta de medios han dejado aisladas a las víctimas. El Ministerio de Defensa anunció el envío de cinco helicópteros y el portavoz gubernamental, Zabihula Mujahid, aseguró que «ocho camiones con alimentos» han logrado llegar a los lugares dañados. En este país, más de un tercio de las personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas y la economía está en una grave crisis, ya que la ayuda exterior se congeló cuando los talibanes tomaron el poder el verano pasado. Los responsables del Emirato han insistido en cada una de sus intervenciones desde que sucedió el terremoto el castigo que supone para toda la población ese bloqueo de los fondos internacionales, pero se resisten a hacer cesiones en un programa de gobierno que incluye el cierre de escuelas de secundaria para las niñas.

LA CLAVE:

  • Fallecidos. Las aldeas «arrasadas» apuntan a que el balance final superará el millar de muertos contabilizados

Los afganos sufren desgracia tras desgracia y provincias como Khost son refugio de miles de desplazados internos y de refugiados llegados desde la vecina Waziristán, al otro lado de la frontera. Aquí la gente vive en casas de barro y paja y las aldeas están lejos de clínicas y hospitales, por lo que las casas no han aguantado el temblor y las evacuaciones a centros médicos son muy complejas.

«Pedimos a las autoridades del Emirato y a todo el país que acuda a socorrernos, lo hemos perdido todo y no tenemos ni siquiera una tienda en la que dormir», declaró un superviviente que se identificó como Hakimula al diario 'The Guardian'. Los enviados de la cadena BBC también tuvieron acceso a supervivientes que lamentaron que «no hay mantas, tiendas… no hay refugio. Necesitamos comida y agua. Todo está devastado, las casas están destruidas».