Ruinas de la ciudad omeya de Anjar. / J.L.M.

Armenios en Líbano: Musa Dagh, Anjar y Bourj Hammoud

Políticamente se han sabido mantener al margen de los distintos conflictos entre otros grupos, y, sobre todo, fueron neutrales durante la guerra civil

JOSÉ LUIS MÁRQUEZ

Cuando pensamos en Líbano, casi siempre asociamos su historia y población con los países que quedan al este o al sur de su territorio, es decir Siria, Jordania, Irán, Irak, Arabia Saudí, países del golfo, Palestina, Israel y Egipto. Sin embargo, un 4% de la población libanesa ha llegado desde el norte. Son armenios que se asentaron en Líbano procedentes de la zona sur y sureste de la península de Anatolia (actual Turquía). La mayor parte llegaron a Líbano a partir de 1915, huyendo del genocidio perpetrado contra la población armenia por los turcos otomanos durante la Primera Guerra Mundial, en la que participaron de la mano de Alemania.

Hay tres lugares geográficos, Musa Dagh, Anjar y Bourj Hammoud, el primero en la costa mediterránea de la actual Turquía, el segundo en la frontera este de Líbano con Siria, el tercero en la ciudad de Beirut, que están muy unidos por un conmovedor episodio de la historia de la migración armenia a Líbano ocurrido precisamente en 1915, hace poco más de cien años. La conexión histórica de esos puntos geográficos, que no tenían relación anterior alguna, y la identificación de algunos de los escenarios en los que se produjo la persecución de los armenios y su asentamiento en Líbano, nos pueden ayudar a conocer y a comprender mejor la región, y a conectar sus espacios y sus gentes. No puedo ocultar que los acontecimientos históricos y los espacios geográficos que vinculan concretamente Musa Dagh con Anjar me fascinaron la primera vez que supe de ellos, y han seguido alimentando mi fascinación y mi admiración durante meses.

Antes de meternos en los mapas y referirnos al episodio histórico de Musa Dagh, conozcamos algunos datos sobre los armenios en Líbano: la población armenia de Líbano (unas 200.000 personas) está perfectamente integrada en la sociedad libanesa, es muy trabajadora, tiene fama de seria y honesta, y está muy unida. Su aportación a la economía nacional es importante, sobre todo en el sector servicios. Los armenios son muy conocidos también por la producción y comercio de joyería. Políticamente se han sabido mantener al margen de los distintos conflictos entre otros grupos, y, sobre todo, fueron neutrales durante la guerra civil, a pesar de recibir algunos ataques y provocaciones desde varios bandos. El armenio es un pueblo muy religioso (son cristianos ortodoxos y católicos), tradicional y respetuoso. La mayor parte de los armenios que viven en Líbano han nacido y vivido toda su vida en este país, están totalmente integrados, son respetados, y proclaman orgullosamente su condición de «armenios libaneses». En este momento, debido a la aguda crisis económica que se vive en Líbano, se está produciendo una significativa y dolorosa emigración de armenios a la actual Armenia, país con el que mantienen fuertes vínculos afectivos y familiares, a pesar de que todos reconocen que no es actualmente el destino ideal donde emigrar, dada la difícil situación política y económica que también se vive allí.

Musa Dagh

Miren en un mapa la zona este del Mediterráneo. Fíjense en la espada que conforma el nordeste de la isla de Chipre. Esa espada señala exactamente a un punto de la costa mediterránea, a la altura de la ciudad de Antioquía, que queda en el interior. Es Musa Dagh, la montaña cuya espalda cae abruptamente hacia el mar, y en cuya vertiente opuesta, la falda de la montaña que da al interior, se hallaban (a principios del siglo XX) seis pequeños pueblos armenios. En 1915 este territorio (ubicado en el antiguo reino de Armenia -Cilicia-, invadido más tarde por persas, mongoles y turcos) estaba controlado por el imperio turco otomano. Los armenios, una minoría cristiana (fue la primera nación que -en el siglo IV- adoptó el cristianismo como religión estatal) en territorio mayoritariamente musulmán, eran bastante respetados dentro del imperio otomano, y disfrutaban hasta entonces de cierta autonomía política. El comienzo de la Primera Guerra Mundial, en la que los turcos se alinearon con Alemania, y una serie de derrotas militares y acontecimientos políticos hicieron temer al régimen otomano por la unidad del imperio y por la prevalencia y hegemonía de la etnia turca en su territorio. La idea de una Armenia independiente dentro del imperio les resultaba intolerable. En 1915 se decretaron órdenes de deportación de todos los armenios, que condujeron a una bien organizada operación de limpieza étnica, que se presentó como una 'reubicación' de la población armenia en el desierto de Siria y que consistió en marchas de la muerte de cientos de miles de armenios hacia campamentos improvisados en la zona de Alepo para después continuar hacia Mesopotamia, zona de Mosul al este, o hacia Siria-Líbano al sur. Muchísimos armenios, sobre todo mujeres y niños, murieron exhaustos, de hambre, de enfermedades o asesinados al capricho de los soldados turcos. Antes de organizar estas siniestras caravanas, los soldados ya habían matado en los pueblos a muchos hombres y a los líderes armenios. También se produjeron numerosas violaciones y secuestros de mujeres, y trata de niños. Las cifras que se manejan hablan de que más de un millón de armenios, quizás millón y medio, murieron durante esta operación de exterminio. Los gobiernos turcos, incluido el actual, nunca han reconocido que se produjera un genocidio, ni han pedido perdón por aquellos hechos.

Imagen de La cruz que avistaron los franceses.

Musa Dagh ('la montaña de Moisés') se encuentra a veinte kilómetros de Antioquía y a cien de Alepo. Los habitantes de las seis aldeas armenias de la montaña recibieron la orden de deportación en primavera de 1915. La firmaba el gobernador otomano de la provincia. Sus gentes decidieron rebelarse contra esa orden y organizaron el traslado urgente de todo el mundo, con víveres, animales y algunas armas, a la parte alta de la montaña. Subieron cuatro mil personas, hombres, mujeres, niños y ancianos. Sólo unos pocos decidieron quedarse abajo en las aldeas. Todos ellos fueron asesinados por los soldados turcos.

Se prepararon bien para defenderse de las fuerzas turcas. Fue uno de los pocos casos de resistencia armenia organizada que se dieron durante los dos años que duró la operación de genocidio en Turquía. Los habitantes de Musa Dagh resistieron varios ataques de los soldados locales. Desde Constantinopla (ahora Estambul) les tuvieron que mandar refuerzos de artillería. Los bombardeos fueron intensos, pero no consiguieron doblegar a los armenios, que enviaron a un emisario campo a través para que informase de la situación al consulado francés en Alepo. La única posibilidad de escapatoria era por los acantilados que daban al mar, siempre que algún barco pudiera llegar hasta la costa para rescatarles. Habían pasado casi cuarenta días. La munición y los víveres se agotaban. Los resistentes colocaron una gran tela blanca con una cruz roja al otro lado de la cima de la montaña, el lado que caía abruptamente al Mediterráneo. Los bombardeos de la artillería turca continuaban y el desánimo comenzaba a extenderse. Parecía el fin.

La subida a Musa Dagh.

Cuando todo parecía perdido, ocurrió el milagro. Un vigía dio el aviso. Al otro lado de la montaña, por el mar, aparecieron unos barcos. Eran cinco. Cinco barcos militares franceses. Les había llegado el mensaje. Habían visto la tela con la cruz roja. El rescate fue muy complicado. Los grandes barcos no podían acercarse a la costa, llena de rocas y obstáculos desconocidos. La bajada desde Musa Dagh era muy difícil. El trasvase a los barcos se hizo desde barcazas donde no cabían muchas personas. Todo ello mientras las tropas turcas seguían bombardeando. Los barcos militares respondieron con un fuerte bombardeo dirigido al otro lado de la montaña, que mató a bastantes soldados tucos y consiguió que no pudieran atacar a los armenios que huían. Finalmente, tres mil mujeres y niños y mil hombres pudieron subir a los barcos. Durante los cuarenta días que duró el asedio sólo murieron dieciocho personas, incluidas algunas que se ahogaron en la operación de rescate. Los barcos franceses llevaron a los cuatro mil armenios, a los héroes de Musa Dagh, al puerto de Port Said, en Egipto. En 1932 se erigió un monumento en la cumbre de Musa Dagh para conmemorar este heroico episodio.

Tres años más tarde, tras la derrota de alemanes y turcos en la Guerra Mundial, Francia se hizo cargo de la administración de esa zona de Turquía y Levante (Mandato de Siria y Líbano), lo que hizo que en 1918 casi todos los huidos de Musa Dagh volvieran a sus pueblos.

No obstante, un acuerdo del año 1939 entre Francia y Turquía devolvió la administración de esta zona a Turquía. Aunque se les aseguró que serían respetados y protegidos, los habitantes de cinco de los seis pueblos de Musa Dagh no se fiaron, y pidieron a Francia una solución. Se decidió reubicarlos en un pueblo semiabandonado de Líbano en una zona fértil del valle de la Bekaa, muy cerca de la frontera con Siria. Ese pueblo era Anjar. Ese mismo año los armenios de Musa Dagh se trasladaron a Anjar. Sólo se quedaron en la montaña los habitantes de Vakifli, que es actualmente la única población armenia de Turquía, con 150 habitantes.

NIños armenios en una caravana.

Anjar

En Anjar viven ahora los nietos y biznietos de los héroes de Musa Dagh. Los que fueron sus hijos han ido muriendo hasta hace muy poco, algunos con más de cien años de edad. El abuelo de los hermanos Jack y Mike Atamian, que me han proporcionado mucha información durante buenos ratos de charla, fue el niño al que su padre asfixió en Musa Dagh para que los soldados turcos no oyesen sus llantos y matasen a toda la familia una noche en la que estaban escondidos entre los árboles. Cuando fueron a enterrarlo más tarde, descubrieron que estaba aún con vida.

Anjar fue fundada por los Omeyas a principios del siglo VIII, y fue un centro de intercambio comercial en el valle de la Bekaa, por donde pasaban varias rutas que conectaban Damasco con Palestina, la costa de Líbano y la zona de Alepo. Los restos de la ciudad omeya están muy bien conservados, habiendo sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La visita es un verdadero placer, sobre todo en invierno, cuando la nieve de las montañas cercanas se hace protagonista del paisaje que la rodea.

Anjar está dividida en seis distritos. Cada uno lleva el nombre de uno de los seis pueblos de Musa Dagh. Es un pueblo próspero, pegado a la frontera de Líbano con Siria, en el valle de la Bekaa, justo a mitad de camino entre Beirut y Damasco, que están separados por poco más de cien kilómetros. Prácticamente toda la población de Anjar es armenia y la mayoría procede de Musa Dagh. Su Ayuntamiento goza de bastante autonomía, incluyendo una policía bastante eficaz. Anjar se ha convertido en un ejemplo de desarrollo social y económico, con negocios prósperos, escuelas financiadas localmente y buenos servicios. Sus políticas de prevención y lucha contra el covid son una referencia en el país. Ahora, durante los veranos, muchos familiares procedentes de otros lugares, y de la propia Armenia, viajan a Anjar, donde todavía se recuerdan vivamente y se celebran los acontecimientos de Musa Dagh.

Durante la guerra civil, los habitantes de Anjar organizaron una milicia que consiguió mantener el pueblo al margen del conflicto. El hecho de que existiese un núcleo cristiano aislado en un territorio eminentemente musulmán no era del gusto de las gentes de los pueblos de alrededor. Los líderes de Anjar, para asegurar la paz y seguridad, facilitaron que Siria montase una base militar en el pueblo durante la guerra civil de Líbano.

Última parada: Bourj Hammoud

Anjar no es, sin embargo, el principal núcleo de población armenia de Líbano. Todos los armenios de este país, incluidos los de Anjar, tienen como vínculo y referencia en Beirut el barrio de Bourj Hammoud, al que algunos llaman 'la pequeña Armenia'.

En Beirut se fueron asentando miles de armenios que llegaban exhaustos huyendo de los genocidas turcos. Para muchos Beirut fue la última parada de su caravana de la muerte. Las autoridades les permitieron construir chabolas en unas tierras pantanosas al noreste de la capital. Esas casas fueron el germen de lo que hoy es Bourj Hammoud, el barrio armenio, vibrante, bullicioso, lleno de pequeños comercios y callecitas abarrotadas de personas, objetos y vehículos. Ha sido en este barrio, y también en Anjar, donde he conocido a las personas que me han deslumbrado con la historia de Musa Dagh. Es en este barrio, salpicado de iglesias y deliciosos restaurantes locales, por el que también circulan árabes y cristianos, donde he descubierto y empezado a conocer a los armenios. En Bourj Hammoud, en Anjar y en Musa Dagh ha nacido mi historia de amor con este pueblo sufrido, entrañable y ejemplar.

Para saber más:

'The forty days of Musa Dagh', de Franz Werfel, 1933 (libro). Traducido al español por Ed. Losada, 2003.

'The Armenians of Musa Dagh: From Obscurity to Genocide Resistance and Fame 1840-1915', de Vahram L. Shemmassian, 2020 (libro).

'The forty days of Musa Dagh', de Sarky Mouradian, 1982 (película).

'The promise', de Terry George, 2016 (película).

'Anjar: Flowers, Goats and Heroes', de Noura Kevorkian, 2009 (documental).

'Anjar: The Heroes of Musa Dagh', de Noura Kevorkian, 2007 (película para TV).

https://www.houshamadyan.org/, sitio dedicado a la cultura de los pueblos armenios de la zona otomana.

https://agbulebanon.org/, página de Líbano de la mayor ONG de la diáspora armenia, AGBU, con base en Estados Unidos, que promueve y difunde la cultura armenia en el mundo mediante diversos programas.