El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en una comparecencia en Bogotá. / reuters

Petro avanza en el camino hacia la «paz total» de Colombia

El carácter izquierdista del Gobierno propicia una nueva negociación con la guerrilla del ELN, que se resume más favorable que la de las FARC

DAGOBERTO ESCORCIA

El Gobierno de Gustavo Petro camina ya hacia la «paz total» prometida en su campaña para la presidencia de Colombia tras anunciar el martes la reanudación del diálogo que inició el exmandatario Juan Manuel Santos con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), el segundo grupo guerrillero más antiguo de Latinoamérica. En la agenda de estas conversaciones, que comenzarán a inicios de noviembre, figuran la participación de la sociedad civil, democracia, transformaciones y seguridad para la paz, el reconocimiento de las víctimas del conflicto y el abandono de las armas. Las mismas cuestiones que estaban en la mesa de negociación en 2016.

Solo llevaba Petro unos días en el poder cuando ordenó retomar el contacto con el ELN. La primera medida que tomó fue suspender las órdenes de captura y extradición que pesaban sobre los jefes del grupo insurgente, al mismo tiempo que manifestaba su compromiso de respetar el protocolo establecido por Santos. Mucho ha cambiado el país desde aquella vez. El ELN encuentra un interlocutor que nunca antes había tenido. Por primera vez negociará con un gobierno de izquierda, y quizás por esa afinidad ideológica estrecha la mano del Ejecutivo para retomar el diálogo.

«Las nuevas condiciones políticas han permitido reiniciar las negociaciones. Hay un viraje en la política de paz y es probable que los acuerdos que vayamos llegando vayan abriendo nuevas oportunidad», declaró Antonio García, uno de los líderes del ELN. En Caracas, donde ha tenido lugar el primer encuentro, participó el Alto Comisionado para la Paz, Danilo Rueda, quien señaló que «este diálogo parte de una condición de respeto a una historia y una memoria de una organización y de la Constitución de 1991. Partimos de lo ya existente, de lo ya pactado. No estamos inventando nada», declaró. En la reunión a la que asistieron varios miembros del grupo guerrillero, también hubo representantes de los países garantes (Cuba, Noruega y Venezuela).

A la decisión de suspender las órdenes de captura y extradición sobre siete de sus miembros, el ELN respondió con la liberación de nueve personas que tenía secuestradas. Según el Alto Comisionado, la negociación estará muy lejos de parecerse a la llevada a cabo con las FARC en La Habana. En aquella ocasión nada estaba acordado, hasta que estuviera todo acordado. Ahora la fórmula es «punto que se acuerda, punto que se cumple».

El Ejército de Liberación Nacional fue fundado en 1964, el mismo año de las extintas FARC. Nació con vocación marxista-leninista, partidarios de la revolución cubana y con mucha base procedente de la Iglesia Católica. A este grupo perteneció el sacerdote Camilo Torres, que fue el impulsor de la teología de la liberación en Colombia y que fue catedrático de sociología en la Universidad Nacional y se integró en el ELN en 1965 y falleció en combate un año después. Sus ideas fueron seguidas por muchos universitarios.

Militancia de curas españoles

En este grupo, al que han pertenecido idealistas, radicales, dogmáticos, y en los últimos tiempos pasó a subsistir del narcotráfico y de la delincuencia, también estuvieron integrados los curas españoles Manuel Pérez Martínez, que sería comandante jefe en 1978, José Antonio Jiménez Comín y Damingo Laín.

Aparte de secuestros y atentados contra civiles y militares, la historia del ELN tiene tres masacres que lo marcaron como grupo terrorista para la ONU y la Unión Europea. En febrero de 1995, el frente de Domingo Laín llevó a cabo un ataque a la guardia marina de Venezuela en el que murieron 8 infantes.

El mayor ataque sucedió en octubre de 1998, en Machuca, en el municipio de Segovia (Antioquia). El grupo hizo detonar en horas de la madrugada una carga explosiva en el oleoducto central de Colombia provocando un incendio que alcanzó a la población y acabó con la vida de 84 personas. Su último atentado sucedió en 2019, en la Escuela de Cadetes de Santander y en el que fallecieron 22 jóvenes y hubo 64 heridos. Tras este acto, el gobierno de Iván Duque se negó a negociar con el grupo guerrillero.