Andrés Manuel López Obrador, presidete de México, que anuncia que no asistirá a la Cumbre de las Américas. / EFE

México boicotea a Biden la Cumbre de las Américas

Washington rebaja las expectativas que tenía sobre inmigración por la ausencia de López Obrador, disconforme porque Venezuela, Cuba y Nicaragua no han sido invitados a la reunión

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva York

¿Podía Joe Biden permitirse una foto amistosa en Los Ángeles con Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel? Esa es la razón por la que ninguno de esos tres dignatarios han sido invitados a la Novena Cumbre de las Américas, que EE UU alberga por primera vez desde su inauguración en 1994. Pero, ¿puede Washington mostrar algún progreso en los objetivos de esta cumbre centrados en inmigración sin la presencia de México? Ese es el dilema que enfrenta el Gobierno de Biden.

Como antídoto al previsible fracaso, la Casa Blanca intenta bajar las expectativas de logros concretos y se ha enfocado en algo mucho más etéreo, «construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo para nuestro hemisferio». La cuestión es, ¿qué papel tendrá EE UU en ese hemisferio?

Para Biden el revés de México, cuyo presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó ayer formalmente la invitación, es otro borrón en su expediente. El mandatario estadounidense llegó al poder con unas credenciales relucientes en política exterior gracias a los 37 años que había pasado en el Senado y en particular en el Comité de Asuntos Exteriores, muchos de ellos al mando del mismo. Afganistán le dejó en evidencia, como también su incapacidad de evitar la invasión rusa de Ucrania e incluso de convencer a China para sumarse a la condena. Pekín vuelve a estar en escena con esta cumbre, de la que no es parte.

Cuando Bill Clinton aprovechó en 1994 el vacío que dejó la Unión Soviética para crear una cumbre con la que impulsar la democracia, el libre comercio y la colaboración entre los gobiernos democráticos del continente, EE UU era la única potencia hacia la que mirar. Hoy China rivaliza con el país norteamericano y ha hecho importantes surcos de influencia en Latinoamérica. Washington advierte de las ataduras que contraen sus socios al aceptar las ayudas para proyectos de infraestructura bajo un plan en el que el gigante asiático ha invertido 4.300 millones de dólares, pero no ofrece alternativas, en particular a los gobiernos que no quieren sermones democráticos.

Biden ha invertido en la cumbre con llamadas personales a los mandatarios que dudaban en asistir. Una de ellas, al argentino Alberto Fernández, llegó acompañada de una visita de su asesor Christopher Dodd, que no logró confirmar su asistencia a la reunión de alto nivel que se celebrará mañana, y solo un comunicado en el que Argentina expresa su compromiso «para el éxito de una cumbre en la que todos estén incluidos». Faltará seguro Uruguay porque su presidente, Luis Lacalle, tiene covid.

«Unidos como bloque»

Se trata, en realidad, de una cumbre paralela bajo el paraguas de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), cuya presidencia en turno tiene Argentina. «El evento se celebrará sin que se opongan los horarios y con el espíritu de permanecer unidos como bloque», dijo la agencia Télam, citando fuentes del ministro argentino de Asuntos Exteriores, Santiago Cafiero, y su contraparte mexicana, Marcelo Ebrard.

En conferencia de prensa, López Obrador aseguró ayer tener buenas relaciones con Biden, al que considera «un buen hombre», que vive una situación política «muy difícil» por legislar con un Senado dividido 50-50, presionado por la oposición y chantajeado por un senador de su propio partido, Bob Menéndez, que como cubanoamericano une fuerzas con el exilio. «Desde mi punto de vista están actuando con odio y no quieren la hermandad de los pueblos», les acusó. «Están haciendo sufrir a un pueblo abnegado y digno como Cuba».

López Obrador tampoco se ha sumado a las condenas de la ONU a la invasión rusa ni participa en las sanciones. En su opinión, EE UU necesita abandonar el antigua paradigma del imperio y cambiar la política de exclusión, «el querer dominar sin razón alguna, el no respetar la independencia de cada país», alegó. «No puede haber Cumbre de las Américas si no participan todos los países del continente americano», sentenció.