Bolsonaro conduce una moto durante un acto de campaña. / EFE

La desconfianza destaca en la recta final por la Presidencia de Brasil

Bolsonaro siembra dudas sobre el Tribunal Electoral mientras Lula intenta vencer las reticencias de la clase empresarial a su candidatura

DAGOBERTO ESCORCIA

A pocos días de las elecciones a la Presidencia de Brasil, que se celebrarán el próximo domingo, la desconfianza prevalece por encima de los programas políticos de los candidatos. Jair Bolsonaro, actual presidente, está en una guerra frontal con Alexandre de Moraes, máximo mandatario del Tribunal Superior Federal (STF) que al mismo tiempo es el encargado del Tribunal Superior Electoral (TSE), quien a finales de marzo ordenó la captura de varios empresarios próximos a Bolsonaro al descubrir que en su grupo de WhatsApp defendían un golpe de Estado en caso de que Lula da Silva ganara las elecciones.

«Prefiero un golpe de Estado a que regrese el Partido de los Trabajadores», había escrito en uno de esos mensajes Josué Gomez, presidente de Fiesp, una federación de industrias del Estado de Sao Paulo. En este grupo de hombres pesados de la comunidad financiera brasileña se enviaban mensajes con memes y se quejaban de la inflación, al mismo tiempo que compartían opiniones antidemocráticas. De Moraes no tardó mucho en enviar a los federales a las casas de los ocho implicados. Congeló sus cuentas bancarias y ordenó a las redes sociales a suspender algunas de sus cuentas. Bolsonaro consideró que el presidente del STF había sobrepasado sus límites con esta actuación y con otras investigaciones que se llevan a cabo sobre él y algunos de sus aliados.

De Moraes, por su parte, abrió ayer las puertas de la sala donde se llevará a cabo el escrutinio por parte de los órganos de control a los representantes de los partidos y a las misiones de observación para demostrar que no era ningún «cuarto oscuro», como lo llamó Bolsonaro. «Siempre es importante actuar con transparencia, lealtad a todos los que participan en el proceso electoral para demostrar que este es una sala abierta, una sala luminosa. No es ni secreta, ni oscura», dijo Moraes después de la visita a la que no asistieron los dos máximos aspirantes a la Presidencia, pero en la que sí estuvo el Ministro de Defensa, general Paulo Sergio Nogueira, acompañado de un equipo técnico de militares y del presidente del partido de Jair Bolsonaro, Valdemar Costa Neto.

«Todo obedece a que tenemos un presidente que es una amenaza para las instituciones públicas», sostiene Débora Thome, politóloga e investigadora de LabGen-UFF (Universidad Federal de Fluminense). «Un presidente que es antidemocrático, que lo pone todo bajo sospecha, institutos, encuestas, y simplemente porque es ultraderechista», añade Thome en conversación telefónica con este diario.

Acabar con «la miseria»

En el otro bando, Lula, el gran favorito por las encuestas a presidir otra vez a uno de los países más grandes del mundo, asistió a una cena con un gran número de empresarios y lo primero que pidió el organizador de la reunión es que los invitados dejaran sus teléfonos en una bolsa. Muchos no aceptaron. En su cena-reunión con pesos pesados de la economía del país, Lula fue directo según publicaban hoy varios medios pese al intento de controlar las filtraciones. «Necesito que terminen con la miseria de Brasil» fue el primer dardo que lanzó al empresariado el expresidente brasileño entre el 2003 y 2010. «La miseria no es solo un problema mío», añadió para luego convidarles a mantener un diálogo sin hipocresía y pedirles que dijeran claramente cuáles son sus propuestas para sacar a Brasil del hoyo. Son muchos los que critican a Lula que no tenga un proyecto económico claro, que haya sido indeciso hasta ahora, y el candidato es consciente que tendrá una dura resistencia por parte del mundo financiero.

«No quiero que el Gobierno se endeude por gastos corrientes, sino solo por inversiones», dijo Lula que en varias ocasiones exigió responsabilidad a los empresarios en el control del gasto. Considerado el candidato de los pobres, Lula mantiene sus ideas de ver un Brasil de clase media, en el que los pobres ingresen a ese nivel. «Quiero aeropuertos llenos de gente viajando», añadió y prácticamente aseguró de forma indirecta que respetará la independencia del Banco Central y que planteará una reforma tributaria.

Tras esta reunión, que algunos críticos señalaron como más productiva que la que tuvo días pasados Bolsonaro, existe la sospecha de que algunos de los aliados de Bolsonaro acaben apoyando la candidatura de Lula. El candidato acabó siendo aplaudido y haciéndose selfies con varios de los presentes.