Castillo, durante una de las numerosas ruedas de prensa que ha ofrecido para rechazar las acusaciones de la oposición. / Juan Carlos Guzman/EFE

El derrumbe de Castillo

El presidente de Perú llega al primer aniversario de su mandato carente de credibilidad y con serias dudas sobre si podrá acabar su legislatura. El pueblo que le aupó hasta el Gobierno ha perdido la confianza en él

DAGOBERTO ESCORCIA

El próximo jueves Pedro Castillo cumplirá un año de mandato como presidente de Perú. Podrá decir que aguantó un año, pero no hay nadie en el país andino que se atreva a firmar que el profesor de pueblo elegido por solo 44.000 votos más que su rival, Keiko Fujimori, acabe la legislatura para la que fue elegido. Castillo sabía perfectamente que el camino para gobernar estaba lleno de obstáculos y muchas espinas. No en vano la historia reciente cuenta que en los últimos seis años, Perú ha tenido cinco jefes de Gobierno. No son tantos como los seísmos que sufre este territorio situado en el cinturón de fuego del Pacífico, ni tampoco alcanzan las cifras de sesenta ministros que en once meses de gobierno ha cambiado Castillo.

Todo un récord. «Hice un llamamiento a los ministros de Estado y les anticipe: 'ministro que no trabaja, tiene que irse a su casa', sostiene Castillo. El último en caer y que ha desatado una nueva crisis que maltrata duramente la credibilidad del Ejecutivo ha sido el titular de Interior, Mariano González, el sexto que ha ocupado esta cartera, que apenas ha durado un par de semanas en el cargo.

González recibió su destitución vía redes sociales, una costumbre que Castillo ha mantenido a la hora de aceptar renuncias o despedir a miembros de su Gabinete. Pero González se marchó enviando una ráfaga de fuego sobre el presidente. «No tengo ninguna duda de que el señor Castillo está comprometido con actos de corrupción» y añadió que el mandatario obstruía la Justicia. «Con o sin el Congreso este señor se tiene que ir», sentenció el exministro, para el que su salida del Gobierno es el principio del fin de su exjefe.

Corrupción

La Defensoría del Pueblo, al mismo tiempo, declaraba que «la voluntad presidencial de luchar contra la corrupción ha sido nuevamente puesta en duda». Castillo y todo su equipo han dejado caer que la destitución del ministro de Interior obedece a que no estaba comprometido con el Gobierno. Lo acusan de apenas asistir a los consejos de ministros, pero también lo amenazan con presentar querellas al considerar que no solo ha insultado al presidente, sino también a todo el órgano gubernamental.

Sin embargo, se da la circunstancia de que González acababa de formar un equipo de élite para investigar y capturar a prófugos de la Justicia muy cercanos al presidente, entre los cuales se encuentra la cuñada, un empresario y dos sobrinos de Castillo, uno de ellos exsecretario de presidencia y exministro de Transporte y Comunicación, que, según cuentan, era la administración con mayor presupuesto.

Estos presuntos casos de corrupción han llevado a la Fiscalía a dejar sin efecto la disposición del 1 de enero de este año que suspendía el inicio de actos de investigación preliminar al presidente hasta la culminación de su mandato. Al mismo tiempo la fiscal de la nación anunció que comenzaba una investigación preliminar a Pedro Castillo por un presunto delito contra la Administración Pública-Tráfico de Influencias y que se centra en la compra de Biodiesel en favor de la empresa Heaven Petroleum Operators. S.A.

Adjudicaciones irregulares

Investigado también por adjudicar obras públicas a cambio de sobornos, Pedro Castillo ha tenido que superar un par de intentos de destitución planteados por sus opositores en el Congreso, basándose en el artículo 113 de la Constitución, que permite sustituir al presidente por su «incapacidad moral o física». La primera fue planteada a los cuatro meses de estar en el poder y la segunda tres meses más tarde. Ambas las superó aprovechando que los grupos opositores no reunieron las firmas necesarias.

Castillo ha perdido la credibilidad. Perú iba a cambiar. El primer presidente pobre que ha tenido este país lo prometió todo en su discurso de posesión. El próximo jueves, cuando también se celebre la independencia, son muchos los que esperan explicaciones y una mayor transparencia en sus palabras. «Un Gobierno del pueblo ha llegado para gobernar con el pueblo y para el pueblo», dijo entonces aquel día en el que también señaló que «el orgullo y el dolor del Perú profundo corre por mis venas». «No os defraudaré», sentenció.

El caso es que hoy seis de cada diez personas, el 60% de los peruanos, creen que las desigualdades entre ricos y pobres se han incrementado. Que mucha culpa la tiene la pandemia, pero también que hay un acceso muy desigual a justicia, salud, educación y trabajo. Castillo también es acusado de torpeza y de tener muchas limitaciones para ejercer un cargo tan importante.

Ha tenido cuatro jefes de gabinete: Guido Bellido, Mirtha Vázquez, Héctor Valer y Aníbal Torres. Sus primeros ministros los nombró el 29 de julio de 2021. Tres meses después cambió a siete. El 1 de febrero designó un nuevo gabinete, pero no pasó el voto de confianza del Congreso y fue disuelto a los seis días. Eso sí, apenas hay movilizaciones que obliguen a pensar en el derrumbe de Castillo.