Un votante deposita su papeleta en una urna situada en un colegio electoral de La Habana, este pasado domingo. / Yander Zamora / EFE

Cuba registra una abstención histórica en las elecciones municipales

El 31,5% de los votantes decidió no acudir a las urnas, la cifra más baja en unos comicios desde el triunfo de la revolución

IÑIGO FERNÁNDEZ DE LUCIO

Cuba registró una abstención histórica en las elecciones municipales celebradas este pasado domingo. El 31,5% de los votantes decidió no acudir a las urnas, una cifra inédita desde el triunfo de la revolución en 1959. En total, estaban llamados a las urnas 8,3 millones de personas (los cubanos en el extranjero no podían votar). De ellos, apenas 5,7 millones acudieron a ejercer su derecho. De los votos emitidos, el 5,22% estaban en blanco y el 5,07% fueron nulos.

La abstención es histórica y supone la confirmación de una tendencia. En tiempos de Fidel Castro, la participación nunca bajaba del 95%. Sin embargo, en 2015, con Raúl Castro en el poder, la abstención llegó al 11%; en 2017, últimos comicios municipales, ascendió al 14%; y el pasado septiembre, en el referéndum convocado para aprobar un nuevo código de las familias -que incluye, entre otras cosas, el matrimonio igualitario-, el 25% de los cubanos con derecho a voto decidió quedarse en casa.

Los analistas señalan el voto de castigo y el desencanto con el sistema como las principales razones detrás de la alta abstención. Pero también subrayan la irrelevancia de los comicios. Los cubanos han elegido a sus delegados -una figura parecida a un concejal de barrio- que a su vez elegirán al presidente y al resto de cargos de la Asamblea Municipal del Poder Popular, el máximo organismo legislativo local. Es decir, las autoridades locales no son elegidas por voto directo. Además, hay que tener en cuenta que el 70% de los candidatos milita en el Partido Comunista -el único legal en la isla- o en la Unión de Jóvenes Comunistas.

«Las elecciones transcurrieron según lo previsto, en tranquilidad y con apego a la ley», afirmó el lunes Alina Balseiro, presidenta del Consejo Electoral Nacional, en una rueda de prensa para presentar los resultados. No trascendieron incidencias importantes, pese a que opositores y activistas denunciaron que a algunos de ellos se les impidió actuar como observadores.

«Los resultados demuestran el respaldo del pueblo cubano a sus representantes populares y la confianza en su revolución», indicó Balseiro. También informó de que el domingo salieron elegidos 11.502 de los 12.427 delegados que debían ser escogidos. Los otros 925 cargos se someterán a una segunda vuelta el próximo 4 de diciembre, ya que ninguno de ellos obtuvo más del 50% de los votos, como establece la ley.

Hasta el momento, nadie del Gobierno cubano ha valorado estos resultados y los medios estatales apenas le han dedicado un espacio menor en sus páginas web y portadas. El presidente, Miguel Díaz-Canel, se limitó a afirmar, durante la jornada electoral, que los comicios ratificaban que «Cuba mantiene su estabilidad política y social, independientemente de la asfixia económica que nos están tratando de implantar para que la población, por el descontento, la desesperanza y el agobio debido a las carencias haga el anhelado estallido social que quiere el Gobierno imperial». El mandatario regresó a la isla justo después de una gira internacional que le llevó a reunirse con su homólogo ruso, Vladímir Putin; inaugurar una estatua de Fidel en Moscú; y obtener del Gobierno chino una donación de 100 millones de dólares.

Situación crítica

Los comicios suponen el pistoletazo del ciclo electoral que terminará en 2023. Será entonces cuando tengan lugar las elecciones parlamentarias, en las que se renovará el Parlamento. El Legislativo, a su vez, elegirá al presidente de la República, cargo al que Díaz-Canel puede optar de nuevo.

Todo esto sucederá en un momento en el que Cuba atraviesa un momento crítico. Los apagones, de hasta doce horas diarias en algunas zonas, son una constante, la alta inflación complica a muchas familias llegar a fin de mes y hay escasez de medicamentos en toda la isla, unida a un paulatino deterioro de los servicios de salud. A ello hay que sumar los devastadores efectos del paso del huracán Ian hace unas semanas. Como consecuencia de la difícil situación, en el último año ha tenido lugar un éxodo masivo. Según datos de las guardias costera y fronteriza estadounidenses, unos 250.000 cubanos han tratado de entrar en el país desde septiembre de 2021.

La Habana achaca la mayor parte de sus males al bloqueo al que Washington tiene sometida la isla. Recientemente, la Asamblea General de la ONU volvió a pedir el fin de las sanciones que asfixian la economía cubana. Es la trigésima vez que exige algo así. La resolución, sin carácter vinculante, fue apoyada por todos los países de Naciones Unidas salvo Estados Unidos e Israel. Ucrania y Brasil se abstuvieron.