Zabalgogeazkoa, en una imagen de archivo. / el correo

«Hay tantos conflictos que precisan ayuda humanitaria que el donante se cansa»

El bilbaíno Aitor Zabalgogeazkoa, responsable de Emergencias de Médicos Sin Fronteras, advierte de que el escenario humanitario es el peor de los últimos quince años

Gerardo Elorriaga
GERARDO ELORRIAGA

Las crisis humanitarias son el contexto profesional en el que se desenvuelve el bilbaíno Aitor Zabalgogeazkoa. Ha sido director general, jefe de misión y responsable de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF), cargo que ostenta en la actualidad. Acaba de regresar de África, el epicentro, una vez más, de una nueva coyuntura que se avecina de hambre para decenas de millones de personas. La región central de Somalia, el noreste de Nigeria, el norte de Mozambique, Níger, Burkina Faso y Mali sufren la guerra y desplazamientos masivos.

- ¿Cómo afecta al Sur el aumento de los precios de la energía y los productos básicos?

- Han confluido un montón de cosas con un balance nefasto. Progresamos en la seguridad alimentaria hasta 2017, pero volvió a empeorar al año siguiente. Entonces se produjo la subida de precios y el covid que paralizó muchos países. En África se aplicó tan a rajatabla que llegó a paralizar incluso los mercados más pequeños. Además, la epidemia provocó el colapso de la logística internacional ya que China dejó de vender. Imagina que falta un tornillo, aquí puede ser un incordio, mientras que allí resulta imposible encontrar cualquier repuesto.

- En este contexto, ¿cómo ha impactado la crisis de Ucrania?

- El continente lleva tres años sufriendo sequías consecutivas, especialmente en el Sahel y el Cuerno de África, que han impulsado los costes. Ucrania ha sido el remate. Han subido mucho los precios en los futuros de la alimentación, un sector controlado por pocas compañías. Esta circunstancia viene a rematar una situación mala, no es que la provoque, sólo supone un clavo más en el ataúd.

- ¿Asistimos a una de los peores escenarios de los últimos tiempos?

- Es uno de los peores escenarios de, al menos, los últimos quince años. Hacía mucho que no se veía una situación así en Somalia o Nigeria. Los insumos se han encarecido, pero es que las familias campesinas tienen pocos recursos, se gastan todo lo obtenido por la cosecha en el día a día y y es justo ahora, cuando no hay nada en el campo, el momento en el que los precios se elevan un 50 o 70% y no lo pueden pagar. Los alimentos están ahí, pero resultan inasequibles.

- La situación es especialmente preocupante en el Sahel.

- Las oscilaciones del Niño y la Niña han provocado hasta cinco años sin llover y el desplazamiento de población por hambre porque los nativos han acabado con el ganado y no tienen más recursos. Hay, al menos, unas 20 regiones en 12 países en situación de crisis según el Programa Mundial de Alimentos. MSF atiende, tan sólo en Nigeria, a 100.000 niños en situación terapéutica ambulatoria y a otros 20.000 en terapéutica intensiva, con ingresos de al menos tres semanas. En esta época de lluvias, se suma el impacto de las enfermedades de la época, caso del cólera, la malaria y las infecciones respiratorias agudas. Los niños desnutridos pueden salir adelante con ayuda nutricional, uno desnutrido y enfermo corre un riesgo altísimo y la mayoría que recibimos está así.

- ¿Una organización como la suya puede hacer frente a una situación tan grave?

- No hay manera de que las organizaciones humanitarias asuman esta demanda. Es un reto mucho mayor e implica no sólo ayuda bilateral, sino inyección de comida subvencionada en muchos mercados.

- La situación política también incide.

- Hay cuatro o cinco países bajo la inestabilidad de golpes de Estado y ataques radicales que incluso impiden, caso de Níger, que los agricultores acudan a sus campos a cultivar.

- ¿Y es posible trabajar en países tan inestables como Mali o Burkina Faso, donde sólo resulta seguro viajar en avión por el riesgo que comporta desplazarse por carretera?

- Negociamos con los interlocutores, pero en algunos es imposible, como en los que hay enfrentamientos entre los propios grupos yihadistas. No sabes ni con quién hablar.

- Afganistán ya no está en primer plano, pero también sufre la depauperación.

- Afganistán arrastra un problema mayúsculo, pero no tan agudo como el que afrontan el Sahel y el Cuerno de África. Su situación tiene mucho que ver con la irregularidad climática que no permite a los campesinos cultivar lo que toca cuanto toca. Las circunstancias de inseguridad que provocan que la población siga dedicándose a la heroína, el cultivo que da más dinero y te permite sobrevivir el resto del año.

- ¿No cabe la esperanza a corto plazo?

- El cultivo de la amapola puede ser legal y de uso médico. España es uno de los mayores productores regulados. ¿Por qué no se negocia y se concede para que vendan regularmente y se reduzca la especulación y el mercado ilegal? Pero, ahora mismo, con el Estado afgano en bancarrota y bloqueados los pocos fondos por Washington, hay muy poco que hacer.

- Los ataques contra centros médicos y trabajadores de ONG también se han convertido en habituales en los últimos años. ¿Se han degradado las condiciones de seguridad?

- La situación es parecida, lo que ocurre es que ahora se informa más. Hay muchísimos trabajadores humanitarios, no sólo de MSF, y mucha más actividad. El nivel de incidencia aumenta, pero es que también ha crecido la presencia. También es que las ONG manejan más recursos y se ven como un objetivo fácil.

- Las perspectivas no parecen halagüeñas.

- Seguimos haciendo lo de siempre, lo que podemos donde podemos y donde nos dejan.

- Después de tantos reveses, ¿la opinión pública se ha desmotivado y ha dejado de apoyar económicamente estas iniciativas?

- No, ha habido una ola de solidaridad muy fuerte con Ucrania. El donante no se ha desmovilizado pero hay tantos conflictos que precisan ayuda humanitaria que se cansa. Las dinámicas informativas también influyen. Se pone el foco en un sitio durante quince días y luego cambia, y algunos lugares, como Yemen, nunca consiguen la atención. Hay una reducción de fondos y ayudas y estos flujos son críticos para su estabilidad. Muchos llamamientos de ONU quedan incompletos. Ucrania sí lo consigue, pero no ocurre lo mismo con Mozambique.

- ¿Ucrania monopoliza hoy la atención humanitaria?

- Es normal porque queda cerca de casa. En MSF hemos puesto un límite de captación de donaciones y gastos en ese país para no desequilibrar nuestra atención operacional.