Una mujer y su hijo en un punto de vacunación contra el ébola en Bwera, Uganda, en 2019. / James Akena / REUTERS

La epidemia de ébola alcanza la capital de Uganda

El brote es grave porque deriva de una variedad sudanesa que resulta letal para entre el 25 y el 90% de los afectados al carecer de medicamentos aprobados y de vacunas

Gerardo Elorriaga
GERARDO ELORRIAGA

Una persona infectada por el virus del ébola falleció a principios de este mes en el Kiruddu National Referral Hospital de Kampala, la capital de Uganda. El brote, que se inició el pasado 20 de setiembre en Mubende, a 80 kilómetros al oeste de la urbe, ha llegado a la ciudad más importante del país, con un área metropolitana de más de 3,6 millones de habitantes.

Los servicios de detección han identificado 42 contactos del finado, un individuo procedente de una zona afectada que se desplazó por el país, ocultando su identidad, para ser atendido por un curandero. El empeoramiento de su estado provocó su ingreso en el centro médico en el que se produjo el deceso.

Las dimensiones del problema no están completamente desveladas. «Hay más de 70 casos dispersos en tres o cuatro distritos y esto significa que ya hay trasmisión comunitaria», señala Aitor Zabalgogeazkoa, director de la unidad de Emergencias de Médicos sin Fronteras, que ha visitado recientemente la antigua colonia inglesa. «Se está llevando a cabo una búsqueda activa, pero existe un centenar por comprobar», alega y explica que la ONG ha montado dos centros de tratamiento de unas 40 camas cada uno. «Estamos en un momento difícil», confiesa. «La única ventaja es que Uganda tiene un sistema de salud relativamente sólido».

El peligro se deriva tanto de su llegada a zonas densamente pobladas como su inclusión en los flujos humanos que atraviesan Uganda, un país que sirve de paso entre el centro del continente y los puertos de África Oriental. Además, acoge a 1,5 millones de refugiados, la mayoría procedentes de Sudán del Sur. «Esperamos que no pase a ese país, donde se han encontrado casos sospechosos», indica.

Un joven de 24 años fue la primera víctima mortal de la epidemia, localizada en Mubende, y que, posteriormente, se cobró la vida de seis miembros de su familia. Al principio de la emergencia, las autoridades sanitarias solicitaron el aislamiento del territorio afectado, pero el presidente ugandés Yoweri Museveni se opuso alegando que no se trataba de una enfermedad de repercusión similar al Covid-19. El dirigente rechazó cualquier confinamiento o el cierre de escuelas o iglesias alegando que el combate contra el ébola era «muy fácil» y alentaba a los ciudadanos a que se lavaran las manos como principal medida de prevención.

El fallecido en Kampala es el decimonoveno y las estadísticas oficiales hablan de 54 casos, de los que se han recuperado una veintena, incluidos cinco médicos. La gravedad del brote se deriva de que no se trata de la cepa Zaire, la que afectó a Congo y el Golfo de Guinea, sino que responde a la variedad sudanesa, que resulta letal para entre el 25 y el 90% de los afectados porque carece de medicamentos aprobados y de vacunas, aunque existen varios estudios en marcha. El contagio se produce a partir de fluidos corporales procedentes de los enfermos y entornos contaminados.