Un soldado argelino vigila la frontera desde un asentamiento militar cercano a la ciudad marroquí de Oujda. / AFP

Rabat defiende su «apego a la buena vecindad» ante la acusación de «asesinato» de Argel

La ONU investiga el bombardeo que mató a tres camioneros argelinos mientras crece la tensión entre los dos países

GERARDO ELORRIAGA

El ataque con misiles a dos camiones que realizaban la ruta entre la capital mauritana, Nuakchot, y la ciudad argelina de Ouargla ha impulsado un fuerte clima de tensión entre los gobiernos de Rabat y Argel. Este último ha prometido vengar la muerte de los tres compatriotas que ocupaban los vehículos. Las informaciones difundidas por la prensa del país aseguran que el bombardeo se produjo con drones armados que partieron de la base área de Smara, en los territorios saharauis bajo soberanía marroquí. La televisión, por su parte, emitió la imagen de los restos carbonizados de los camiones, proporcionó el nombre de las víctimas y recogió declaraciones de sus familiares, que reclamaron justicia.

Rabat, mientras tanto, guarda un hermético silencio. Solo su portavoz, Mustafá Baitas, se refirió indirectamente a la nueva crisis al asegurar que el Ejecutivo «sigue apegado al respeto de la buena vecindad con todos», La ONU inició este jueves una investigación sobre el terreno con el fin de esclarecer la agresión y la esperanza de cortar un agravamiento en este enfrentamiento. El ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, José Manuel Albares, señaló también que España trabajaba para evitar una «escalada» y añadió que en el Gobierno se seguía «con preocupación cualquier cosa que pueda afectar a dos socios estratégicos, que además son fundamentales para la estabilidad y la prosperidad en el Mediterráneo».

El ataque se produjo el pasado día 1 en una pista a unos siete kilómetros de la localidad de Bir Lahlu, en una zona bajo control del Frente Polisario. La agencia oficial de noticias de Argelia difundió este jueves un comunicado de la Presidencia en el que apunta la responsabilidad de las «fuerzas de ocupación marroquí en el Sahara Occidental» y de «haber cometido este asesinato con armamento sofisticado». La declaración se cerró con la afirmación de que el crimen «no quedará impune».

LA CLAVE:

  • Gobierno español. «Seguimos con preocupación cualquier cosa que pueda afectar a dos socios estratégicos»

  • Argelia. Culpa a las fuerzas marroquíes de cometer «un cobarde crimen» que «no quedará impune»

El reino alauí no se pronunció sobre los hechos. El diario digital 'Le Matin d'Algerie' mencionó fuentes marroquíes no identificadas que negaban las «acusaciones gratuitas» y afirmaban que sus tropas «nunca han atacado y nunca atacarán a los ciudadanos argelinos, sean cuales sean las circunstancias y provocaciones». Pero los mismos portavoces reconocieron que en esa carretera es habitual el paso de vehículos militares de grupos armados, en evidente referencia al Polisario. Esta alusión sugeriría la posible comisión de un error en la identificación de los camiones, que regresaban de realizar una descarga de cemento.

El suceso proporciona, en cualquier caso, más argumentos a la escalada verbal entre los dos grandes Estados del Magreb. El Gobierno de Argelia rompió las relaciones diplomáticas con su vecino occidental el pasado agosto aduciendo un cúmulo de circunstancias entre las que sobresalía la reanudación de los combates entre Marruecos y la milicia saharaui.

Tras la prohibición de utilizar el espacio aéreo en septiembre, el cierre del gasoducto Magreb-Europa constituye la consecuencia más grave de esta decisión. La medida, adoptada el domingo, afecta al suministro de gas a España, que deberá realizarse a partir de ahora mediante barcos con importantes sobrecostes. La decisión también supone un importante revés para Rabat, que obtenía hasta 200 millones de euros por derechos de paso y el 10% de su electricidad.

Un contencioso histórico

El contencioso es un problema que remite tanto a la independencia de ambos territorios -y el modelo de Estado implantado en ellos- como a teorías nacionalistas. Mientras Argelia consiguió su liberación mediante un proceso bélico protagonizado por una organización guerrillera, Marruecos se desgajó de la metrópoli francesa mediante la negociación y su constitución como una monarquía.

Desde los años sesenta, el reino alauí teme la influencia revolucionaria de Argelia, que, a su vez, no esconde su aversión a las tesis del Gran Marruecos, que reclama, apelando a la historia, la anexión del antiguo Sáhara español, Mauritania y el oeste de Argelia. Las diferencias desembocaron en la denominada 'Guerra de las Arenas' en 1963, culminada sin cambios en los mapas políticos.

El cierre de fronteras de 1994 antecede a la actual crisis. Entonces, el atentado contra el hotel Atlas de Marrakech, realizado por franceses de origen argelino, hizo sospechar a los cuerpos de seguridad que los servicios de inteligencia de sus rivales eran los instigadores. Marruecos expulsó a aquellos indocumentados procedentes de Argelia e instauró la necesidad de visa. Argel respondió con el cierre permanente de la frontera terrestre, decisión que impulsó un intenso contrabando.

La coyuntura actual resulta más complicada porque la situación ha cambiado sustancialmente. El régimen marroquí ha recibido el reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara Occidental por la Administración Trump, la realización de maniobras militares conjuntas con tropas estadounidenses y la sintonía del rey Mohamed VI con el Gobierno de Aziz Ajanuch. El caso argelino es mucho más complicado. La presidencia de Abdelmajid Tebboune se enfrenta al rechazo popular, dirigido por el movimiento ciudadano Hirak, y a circunstancias económicas desfavorables.

La Casa Blanca no se puede permitir un choque de trenes en el Magreb. Marruecos es un socio preferente y Argelia, uno de los grandes proveedores de recursos energéticos de Europa. Además, sus respectivos ejércitos son determinantes para la lucha contra el yihadismo. Cualquier conflicto, por otra parte, podría adquirir dimensiones extraordinarias. Marruecos se encuentra inmerso en un proceso de modernización de sus equipamientos bélicos mediante acuerdos con EE UU y Francia, con gastos en torno a los 350 millones de dólares anuales. La maquinaria de guerra argelina no se queda atrás. El país es uno de los principales compradores de armamento, con adquisiciones anuales que superan los 900 millones.