El primer ministro Abdalá Hamdok. / Reuters

Los militares sudaneses devuelven el poder al ex primer ministro civil Hamdok

Pactan la liberación de todos los políticos detenidos en medio de fuertes protestas en Jartum

GERARDO ELORRIAGA

La cúpula militar sudanesa ha llegado a un acuerdo con el ex primer ministro Abdalá Hamdok para devolverle a su cargo casi un mes después del golpe de Estado. Las negociaciones se han llevado a cabo entre el general Abdelfatah Al Burhan, artífice de la asonada, y el depuesto dirigente y, además, contemplan la liberación de los ministros y demás políticos detenidos tras el 'putsch'. La medida, aún no oficial, pretende reanudar el proceso democrático emprendido tras la caída del dictador Omar al-Bashir en abril de 2019.

Las masas no han respondido favorablemente al pacto. Las manifestaciones multitudinarias prosiguieron ayer la capital Jartum, Port Sudan y otras ciudades. En cualquier caso, la presión popular ha supuesto una baza fundamental para la recuperación del órgano ejecutivo formado por militares y civiles. Durante las últimas cuatro semanas, miles de ciudadanos han salido a la calle para protestar por la iniciativa castrense y reclamar el regreso de los políticos civiles.

La oposición se ha unido para protestar contra el intento de involución y también ha rechazado las negociaciones. Oumma, el principal partido tradicional, y las Fuerzas por la Libertad y el Cambio, bloque de defensa de los derechos civiles, ya han declarado su negativa al diálogo con los golpistas. El mantenimiento de esta postura podría cuestionar el respaldo al nuevo Consejo Soberano.

El gobierno de Al Burhan había nombrado recientemente una entidad de gobierno que incluía un comandante de las fuerzas paramilitares, un actor esencial en la represión durante los treinta años de autoridad militar. Aunque pretendía asentarse y establecer una nueva dirección, el discurso del nuevo régimen resultaba ambiguo. El general afirmaba su determinación para seguir con las reformas tras implementar 'rectificaciones', mientras reprimía con dureza las concentraciones en la capital Jartum. El Comité Central de Médicos, sindicato profesional independiente, ha denunciado la muerte de 40 manifestantes y la detención de otros heridos, arrestados en los propios hospitales. La Unión Europea ha apoyado la determinación, pero demanda el esclarecimiento de estos hechos.

La restitución del «consejo constitucional, legal y político, que gobernaba el proceso de transición» ha de encaminar a Sudán a la celebración de elecciones en 2023. Pero el camino se antoja complicado para la última república implicada en la Primavera Árabe. La caída del al-Bashir vino motivada, principalmente, por los graves problemas económicos del país, que ha perdido el 75% de sus yacimientos petrolíferos.

La ayuda de Estados Unidos, anterior enemigo y ahora nuevo mejor amigo, es esencial y, posiblemente, la determinación de la Casa Blanca, absolutamente contraria a los militares, ha incidido en su retirada. El país precisa del apoyo de Occidente para conseguir créditos y renegociar su deuda colosal con las instituciones financieras. Durante el primer mandato de Hamdok, economista formado en Gran Bretaña, la Administración asumió un ambicioso programa de reformas de corte liberal.

El aparente fracaso del mando castrense para recuperar el control del país y mantener sus privilegios, supone una excepción histórica en la historia africana. El Ejército de estos países ha mantenido, habitualmente, cierta tutela sobre la política interna y sus levantamientos han sido la contundente respuesta a todo atisbo de cambio en el orden establecido, sobre todo si implicaba menoscabo de sus prerrogativas económicas. Detrás de la estructura militar sudanesa, hay notables intereses empresariales y el temor a investigaciones sobre violaciones masivas de los derechos humanos.

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