CRÍTICA DE CINE/ 'MI GRAN NOCHE'

Una gran noche desperdiciada

ETIQUETAS:

Hace unos días, la directora  Isabel Coixet decía  a  un grupo de jóvenes realizadores que es posible empezar de cero en el cine y que lo importante es tener una historia que merezca la pena contar. 

Este buen consejo no le vendría mal a su colega Álex de la Iglesia. El cineasta no parte de cero. De hecho, en cada trabajo demuestra un mayor dominio del ritmo y la imagen. Pero de nada sirve un gran despliegue visual si no hay historia que contar.  Ese es el mayor pecado de Mi gran noche, la última cinta del realizador  bilbaíno.

La acción se desarrolla en un plató de televisión donde se graba la gala de fin de año. Figurantes y artistas, como en El ángel exterminador de Buñuel, quedan  atrapados en el estudio porque en el exterior se libra una batalla campal protagonizada por los 500 despedidos por la productora  televisiva. En este marco se desarrolla una inconsistente trama que gira en torno a una chica con mala suerte, interpretada por Blanca Suárez, y un fanático empeñado en entrar en la vida de un gran divo de la canción melódica española; Alphonso, el alter ego de Raphael, que es, sin duda, la mejor baza de la película.

El septuagenario, capaz de dar conciertos de casi tres horas, no tiene remilgos en parodiarse a sí mismo y transmutarse en un Darth Vader ibérico que se mide  sobre el escenario contra un sex simbol del pop-latino, al que da vida Mario Casas. Es tanto el arrojo del artista que no duda en ceder sus canciones para poner banda sonora a esta chanza en la que interpreta a la bruja mala del cuento.

Con un elenco de lujo, que incluye rostros tan populares como Carmen Machi, Terele Pávez,  Santiago Segura o Pepón Nieto, la película naufraga a pesar de su capacidad para envolvernos en el delirante ambiente de un plató televisivo poblado de cientos de personas.

La cinta tiene momentos graciosos, pero de ahí a provocar la carcajada continua va un largo trecho en una senda en la que la película apenas se internó.

Aduladores convertidos en agentes de márketing nos prometían risotadas sin tino. Quizá se deba a lo alargado de las sombras del exvicepresidente de la Academia de Cine, de Enrique Cerezo, Telefónica Studios, TVE y de Canal Plus para que los más afines a la industria les rían todas las gracias, pero lo cierto es que en la sala se escucharon pocas carcajadas.

Una pena porque Mi gran noche tenía muchos mimbres, solo le faltó un buen guión y una historia que contar.