Siete experiencias turísticas en Jordania

EUROPA PRESS

Jordania se muestra mágica para el viajero con sus espectaculares paisajes como el desierto de Wadi Rum o el Mar Muerto, la majestuosa Petra o la impresionante Jerash, grandiosos lugares del Reino Hachemita que esconden experiencias inolvidables para el viajero.

Conocida como la ciudad blanca debido al color de las fachadas, la capital de Jordania, Amman, se encuentra extendida a lo largo de 19 colinas.

Se trata de una ciudad fascinante, llena de contrastes, que invita a pasear por sus calles y descubrir su historia; comprar los viernes en el Souk Jara que alberga una amplia variedad de joyas, bordados y alimentos locales o fumar shisha de sabores en una de las muchas cafeterías al aire libre de la ciudad.

También se puede disfrutar de gastronomía local en el restaurante Al-Quds, uno de los locales más antiguos de Amman. Los visitantes que descubran Amman serán recompensados con una cálida bienvenida.

Jordania también es belleza. Los beneficios terapéuticos del Mar Muerto se conocen desde hace más de 2.000 años, tanto es así que Cleopatra ya disfrutó de estas aguas ricas en minerales. La combinación única de condiciones climáticas, agua, lodo y aire, han demostrado ofrecer beneficios a personas que padecen psoriasis, dermatitis, artritis, problemas circulatorios, entre otros.

Además, debido a la presión barométrica elevada, en el Mar Muerto el aire es alrededor de un 8% más rico en oxígeno que a nivel del mar. El aire seco, enriquecido y antialergénico hace de esta zona un paraíso para las personas con problemas respiratorios.

Jordania también cuenta con una pequeña Petra. Se trata de un pequeño barrio a las afueras de Petra, a unos 4 kilómetros al que se llega también a través de un Siq: Siq al-Barid (Cañón frío). Se cree que pequeña Petra fue una zona agrícola y comercial además de un lugar de descanso para las caravanas de camellos.

Durante todo el recorrido se podrán descubrir templos, triclinios y lo que se cree eran comedores para los comerciantes. En esta zona también se encuentran las ruinas neolíticas de Al-Beidha que datan de hace unos 9.000 años.

Jordania sorprende, además de por su historia, por las once Reservas Naturales salpicadas por todo el territorio. Una de ellas, la Reserva de la Biosfera de Dana concentra la mayor diversidad natural del país y es la reserva más grande de Jordania.

La aldea de piedra, del siglo XIV y del mismo nombre, cuelga bajo la carretera del Rey en un precipicio con excepcionales vistas al impresionante valle donde se han registrado 800 tipos de plantas y 449 especies de animales.

La reserva puede ser explorada a pie o en bicicleta de montaña por sus más de 8 rutas de diferente dificultad. Es obligado dormir en uno de los numerosos alojamientos sostenibles de la Reserva.

En Jordania también se puede localiza al órix de Arabia, un elegante antílope blanco que se extinguió en torno a los años veinte. El último órix árabe del mundo fue asesinado por unos cazadores en 1972. En 1978, 11 órix se realojaron en la Reserva de Shaumari al noreste de Amman. En la actualidad la cantidad de órix ha aumentado hasta los 200. Jordania, junto con Qatar, es el único lugar en Oriente Medio en el que se pueden encontrar.

Y para finalizar un recorrido por el desierto de Wadi Rum conocido como 'El Valle de la Luna' y se extiende alrededor de 100 kilómetros. En Wadi Rum, el agua y el viento han labrado imponentes cañones y elevados gigantes de piedra que parecen de otro mundo.

Se trata de un valle desértico compuesto por montañas de granito y arenisca. Su hermoso paisaje lunar, la tranquilidad de sus espacios vacíos y sin límites, los dibujos milenarios de sus piedras y la huella omnipresente del legendario Lawrence de Arabia, lo convierten en un paisaje único.

El turista podrá disfrutar también en Jordania de las prácticas culinarias más antiguas y tradicionales, entre las que sorprende el zarb. Se trata de cordero o pollo, a veces con especias y verduras, que se entierra en un horno con brasas bajo la arena del desierto.

Cuando llega el momento de sacar la carne a la superficie, se retira la arena, se quita la tapa y se deja emanar el magnífico aroma del asado a fuego lento. La carne de cordero sigue siendo tan tierna como hace siglos.