Serrat y Sabina suben al cielo en la "capital de la gloria"

20/09/2012
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La ciudad de la verbena y la maja vestida que no se deja besar, "la capital de la gloria", como la ha definido la noche de este miércoles  Joaquín Sabina, ha elevado a los altares a éste y a un "colibrí" llamado Joan Manuel Serrat en una noche memorable en la que sonó como regalo "Yo me bajo en Atocha".

"Tocar en Madrid no es para nosotros tocar un día más o tocar en cualquier sitio", han dicho los artistas enfundados en un impoluto traje negro al inicio de su show, en el que han agradecido la presencia del público "en estos tiempos tan convulsos con la puta crisis".

¿Puede haber algo mejor que pasar una velada escuchando "19 días y 500 noches"? Sí, disfrutar también de "Mediterráneo" en un fuego cruzado y musical en el que sus autores se unen y se separan, se intercambian y juegan sin perder el toque. Como ver a los Beatles y a los Rolling juntos, en versión hispánica.

Más de 10.000 personas debieron pensar que la ocasión era especial porque, cinco años después de su primera gira conjunta -"Dos pájaros de un tiro"- han llenado el Palacio de los Deportes de Madrid en la primera de las dos noches en que tocarán en la ciudad.

La primera gira les supo tan bien que no hubo más remedio que repetir, doblando la apuesta con un disco de temas inéditos llamado "La orquesta del Titánic" -una metáfora del barco que se hunde- y un espectáculo que, prometieron, sería aún más rico y completo.

En efecto, estos "Dos pájaros contraatacan" -título del nuevo tour, que ya suma más de 120.000 espectadores- constituye un espectáculo de proporciones mayúsculas en todos los apartados.

El show cuenta, para empezar, con un imponente parapeto instrumental -a cargo de la "Orquesta del Titanic", compuesta por diez músicos- y también escenográfico, con tres pantallones y un montaje que simula un imponente teatro de Broadway con sus neones.

Pero, sobre todo, cuenta con dos artistas que, superados con creces los 60 años y algún que otro achaque, se muestran en plena forma (Sabina hasta hace claqué) y regalan a la audiencia momentos que debieran ser declarados Bien de Interés Cultural.

Uno de los ejemplos más claros ha llegado después del bullicio inicial con el "mash up" (dos temas fundidos) de "Hoy puede ser un gran día" y "Ocupen su localidad", título oportuno en una ciudad en la que la puntualidad es una entelequia para un tema que ha pillado a buena parte del público fuera de sus asientos.

Entonces, las luces se apagan y un único foco apunta a Serrat y a su guitarra. El catalán juega con las cuerdas y abre la boca: "De sobra sabes que eres la primera...". En el pabellón se escucha un suspiro que se convierte en un aplastante aplauso, sobre todo cuando Sabina reaparece y convierten "Y sin embargo" en un clímax creciente.

Uno de los grandes atractivos es comprobar cómo "la voz de lija" de Sabina exprime los clásicos de Serrat, mientras éste hace lo propio con su "voz de terciopelo" en temas como "Una canción para Magdalena". "Cuando la cantas, haces que no parezca ni puta", le ha señalado Sabina en este sentido.

El humor ha sido una de las tónicas de este vodevil con entremeses cómicos a cargo de dos figuras de gran ingenio y verbo volador.

"No todo es como parece. No somos tan amigos. No hay sexo, él no quiere. Le pasa lo mismo a Ana Belén. Víctor no quiere", ha soltado Sabina, que también ha liberado su retranca sobre el ámbito político.

"Los catalanes no son como piensa Rajoy", ha dicho Sabina. "Ahí me has jodido, porque no sé lo que piensa Rajoy. Ni creo que los que están aquí sepan lo que piensa Rajoy", ha respondido Serrat, entre las risas y aplausos del público.

Y entre medias iban cayendo las canciones hasta llegar a otro de los bloques dorados, cuando Sabina ha recuperado "19 días y 500 noches" y "Yo me bajo en Atocha" para regocijo de los paisanos y Serrat ha interpretado "Mediterráneo" con gran éxito.

Poco amigos de los obituarios, ha habido tiempo pese a todo para que Sabina entonara un canto de despedida con "El boulevar de los sueños rotos", esa canción que "no fue hecha para celebrar cenizas, sino para calentarle el corazón a Chavela Vargas".

El jienense, tocado con su icónico look de bombín, vaquero entallado y suéter marinero de rayas, ha convertido después el show en una fiesta roquera con aquello de "ahora es demasiado tarde, princesa", poniendo al público en pie cuando sólo había transcurrido la mitad del show.

A partir de entonces, toda excusa ha sido buena para celebrar esta reunión, a destacar "Tu nombre me sabe a hierba", "Más de cien mentiras", "Para la libertad" y, ya en los bises, "Cantares", "Y nos dieron las diez" (y las once y las doce y más en el reloj) y el remate de "Fiesta", una auténtica fiesta.