Serrat: «Reconducir la historia está en manos de la gente»

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Socarrón, risueño y accesible, este  clásico popular vuelve a Canarias para dar varios conciertos y para a saborear papas con mojo. El cantautor actuará el viernes en el Auditorio Alfredo Kaus; el domingo, en Tenerife y el  martes 30 de  junio, en  Lanzarote.

— ¿Le encuentro en buen momento para hablar?
— Estoy estupendamente. Tranquilo y mirándome las uñas de los pies. ¿Son felices?
— Mucho. Hubo fiesta toda la noche. Los jugadores son jóvenes y alocados. Hoy (por ayer) han estado viendo vírgenes y acaban de estar en el periódico.
— ¿Jóvenes y alocados visitando vírgenes? ¿Cuáles han visto?
— Es la tradición. Vieron a la Virgen de la Luz, a la patrona de la Isla y estuvieron en la Catedral.
— ¿Y en el periódico? ¿Alguna habrá?
— No sé. Aún no han llegado las becarias. Hablando de fútbol, usted es culé, ¿cómo vivió el triplete?
— Feliz, muy feliz, con mucha alegría, satisfacción y orgullo. Sinceramente, con todos los líos que tiene el club; el fichaje de Neymar, lo de Hacienda de Messi, un presidente que nos dimite a media temporada, otro que plantea elecciones... Es como si no se hubiera enterado nadie. No hay nada mejor que ganar para que parezca que estos problemas no existen.
— Sí, aquí vamos a la cabeza en paro, fracaso escolar y pobreza. Ascendemos y somos felices.
— Después de lo que le ocurrió el año pasado a la Unión Deportiva hubiera sido muy doloroso no lograrlo.
— Dejemos el fútbol. Después de 50 años sobre los escenarios, ¿con qué se queda?
— Me quedo con todos ellos. Es fantástico haber podido discurrir en la vida haciendo un oficio que me gusta hacer. Habiendo podido viajar por el mundo, conocer a  gente maravillosa, conocer países y distintas maneras de vivir, comidas distintas, paisajes distintos... Todo se lo debo a la música y a haber podido ejercer mi oficio de una forma sumamente libre.
— Pero la libertad se la procuró usted. Podría haber cantado el La, la, la y no lo hizo.
— Uno puede elegir en la vida siempre. En la elección ayudan muchas cosas.  Ayuda mucho el mundo que te rodea, el mundo íntimo y afectivo, los amigos... En el fondo depende de la información cercana que uno tiene y la prioridad que les da a las cosas, y la fortuna, que junto a la casualidad y la  suerte. También influye el infortunio y la desgracia.
— A sus 71 años está inmerso en una gira muy intensa.
— Decía José Luis Coll que no pesan los años, pesan los daños. Sí, los daños pesan mucho más. Me llevo bien con el organismo y funcionamos bastante de acuerdo. Me gustaría que, de alguna manera, el cuerpo funcionara con una edad más juvenil, pero estoy contento de cómo me funciona.
— ¿Le queda algún poeta al que le gustaría homenajear?
— Ninguno. Las cuentas pendientes trato resolverlas. No soy,  de ningún modo, de las personas que fijan una resolución urgente. No tengo nada previsto en este sentido. Uno siempre tiene un próximo trabajo en mente y el  nuevo será un trabajo con canciones mías. Si ahora le abriera mi pensamiento y mi corazón y le contara cómo son diez de estas canciones, es probable que cuando saliera el disco me pudiera llamar embustero. Pero serán historias que tienen que ver con el mundo que me rodea. No sé hacer otra cosa.
— ¿Qué le preocupa?
— Ahora estoy pensando lo que voy a cantar mañana (por hoy) en Murcia. Ver el repertorio y ver cómo lo voy a hacer. Pero me preocupa todo lo que veo escucho y siento, sobre todo cuando ocurre algo y veo que los humanos no reaccionan con la contundencia que deberían o cuando reaccionan con excesiva urgencia, sin tiempo para la reflexión, en juicios sumarios.
— Participó de forma muy activa en la Transición. ¿Cree que mereció la pena? ¿Imaginó alguna vez que la calidad de nuestra democracia iba a ser tan endeble?
— Sin duda alguna mereció la pena. No soy muy partidario de las melancolías. Veo que algunos sueños se quedaron en el camino, pero el paso que dio nuestra sociedad fue muy grande. Tenemos una sanidad que está pasando por una crisis.  Veo, al menos en mi familia, un grupo sanitario que trabajan con una gran entrega. La enseñanza también ha tenido grandes pérdidas recientes. Pero no hay que olvidar el camino que se ha hecho. Estamos pasando una época difícil y, en general, está pagando el pato lo más débil, lo más manipulable. Pero, de alguna manera, son espacios que se están incorporando. La sanidad, la cultura, el trato a los niños o a los ancianos son espacios a recuperar.  Probablemente, estas izquierdas alternativas que han aparecido son fruto, no solo del desencanto, sino de las aspiraciones a recuperar lo que es suyo.
— ¿Y cree que en este país va a cambiar algo?
— Eso está en manos de la gente. La gente tiene mucho que decir en este sentido, aunque no todo está en manos de la gente. Pero, en gran parte, reconducir la historia está en manos de la gente.

CERCANO. Serrat intentará «hacer un concierto que no deje fuera nada sin pretender tocarlo todo, con una serie de canciones muy cercanas a la gente». Y es que al cantautor le preocupa seguir apegado al mundo. «No me interesa para nada vivir aislado», dice acerca del modo en que ha vivido la crisis. Estos días, el centro Santa Mònica le dedica una exposición. «Me divierte mucho el karaoke que han montado para que la gente cante mis canciones», dice agradecido sobre la muestra que exhibe objetos suyos como el taburete que robó hace 50 años del bar Bocaccio, del que hizo dos réplicas, o su título de sexador de polluelos. «Esa es una larga historia».