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Recientemente ha vuelto a visitarnos Domingo Hernández Peña, una mente lúcida, preclara, ingeniosa, como pocas ha habido en Canarias en las últimas décadas, pero que ha vivido mucho lejos de ella. Así y todo no la olvida, no nos olvida. Y desde la lucidez, la lejanía, la capacidad crítica y la perspectiva que aporta el tiempo, este lanzaroteño que fue el creador de la primera facultad de Turismo que hubo en el mundo, la de Morumbí, en Sao Paulo (Brasil), nos ha dado unos cuantos tirones de orejas a los que aquí vivimos, al constatar con amargura como en estos tiempos de más libertad, más conocimientos y más abundancia, hay más canarios que nunca abandonados, desempleados, desahuciados, mendicantes en las calles, plazas y playas isleñas.

Reconoce que las causas de este inmenso fracaso son muchas y complejas, pero se atreve a decir, aunque duela escucharlo, que la principal es la falta de iniciativa, esa que antaño sí definió a este pueblo, capaz de vivir de la nada y con la que muchos emigraron, progresaron e influyeron en América, pero que se fue adocenando tras la concesión de un régimen fiscal especial que durante décadas nos permitió sobrevivir, pero no progresar. Y así andamos hoy, sobre todo pendientes de los dineros que vengan de Madrid o Bruselas y reexportando o creando y abriendo mercados para los bienes ajenos.

Y para corroborar su tesis pone el turismo, principal sector económico de las Islas, como mayor y mejor ejemplo, al sustentarse, equivocadamente, sobre la idea de que con más turistas hay más progreso y sobre la estrategia de la intermediación, realmente peligrosa cuando quien intermedia es quien transporta.

El turismo, sostiene, y así lo dejó dicho en la conferencia que impartió en la Casa Museo León y Castillo, no es interesante como tal, en lo social, en lo cultural y en lo económico, sin la participación plena de todo el comercio, de toda la industria y de todos los servicios de toda la economía del Archipiélago, no solo de los tres o cuatro que están en el ajo. Por ello, no basta con regalar sol y playas, sino que es preciso diversificar la oferta y promover el contacto entre la población flotante y la residente para incrementar el consumo general, que será el que aporte riqueza y bienestar.

Así, llegamos a Mueca, ese Festival de Arte en la Calle que estos días se está celebrando en el Puerto de la Cruz. Una iniciativa, porque esta sí que lo es, que une teatro, circo, música, danza, artes plásticas y que convierte la calle en espacio compartido y escenario que acoge una propuesta cultural hermosa, en la que se unen vecinos y visitantes y llena de vida la ciudad portuense, que monta en sus variopintos rincones casi una veintena de espacios escénicos por los que pasan 400 artistas de una treintena de compañías y diferentes países, que hacen que el lugar sea un destino sugerente y atractivo, hasta el punto que en estas fechas la ocupación hotelera y el consumo se disparan.

Verdades como puños. No podemos seguir soportando nuestra oferta sobre el sol y las playas. Hay que diversificar. Beneficiarnos de la inseguridad de otros destinos es coyuntural. La bonanza del sector debe proyectarse y favorecer a toda la población. Hay que tener iniciativas.
Hagámosle caso a los expertos. Mueca es un ejemplo. ¡Qué sirva!    

@VicenteLlorca