Nuestra Semana

Marfil púrpura

05/02/2008

Al final va a resultar que su reino síque es de este mundo. La cúpula de la Iglesia católica española ¿ha destapado? esta semana su posición de cara a las elecciones de marzo con una serie de consideraciones que evidencian a las claras que los cuatro años de crispación, manifestaciones y desencuentros con el Gobierno socialista respondían a una estrategia cuyo corolario ha sido la solicitud del voto de los católicospara el Partido Popular. La Conferencia Espiscopal ha cerrado el círculo de su intromisión en la vida civil y politica manifestando su preocupación en cuestiones como los matrimonios homosexuales, la negociación con ETA, la educación para la ciudadanía, la Memoria Histórica y los nacionalismos y el peligro para la unidad de España. Pero fundamentalmente lo que le preocupa a la jerarquía eclesial es la deriva laica de una gran parte de la ciudadanía, que reclama de manera cada vez más clara una absoluta separación de la Iglesia y el Estado a título real, más allá de la aconfesionalidad teórica recogida en la Constitución de 1978, una demanda a la que éste y cualquier gobierno futuro deberán hacer frente.

La ceguera de la cúpula de la Iglesia española es una de las razones que ha alejado a los católicos de las iglesias y a los jóvenes de los seminarios. Y no parece que haya indicios de recuperación de esa parroquia que echa de menos un compromiso más rotundo de los prelados a pie de calle, pero, esta vez aportando su visión sobre las injusticias sociales, el reparto desigual de la riqueza con su corolario de masivas inmigraciones, el papel de la familia y la educación en el siglo XXI, la violencia doméstica, los problemas derivados de las drogas, la formación de los jóvenes para afrontar los retos del mundo real, el papel de las nuevas tecnologías e incluso, las consecuencias del cambio climático.

En lugar de amedrentar a órdenes religiosas y corrientes que se han significado por estar a la vanguardia de la lucha contra la injusticia, la jerarquía católica - lejos de lanzarse al ruedo político de la mano del PP al que, por otra parte, coloca en la incómoda posición de plantearse derogar leyes que cuentan con respaldo de amplias capas de la población, incluidos votantes de su partido- tiene un campo de compromisos con sus fieles que se extiende por un mundo globalizado y extremadamente complejo donde sí se hace imprescindible un análisis en clave ética y cristiana para interpretar nuestro entorno y poner en marcha acciones de cambio. En esa tarea, lejos de la torre de marfil de la púrpura, es posible encontrar a esa legión de católicos responsables que esperan que sus guías espirituales sintonicen de una vez con la realidad.