Arte sacro

Las piedades que trajo el azúcar

03/04/2017
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El puerto de Santa Cruz de La Palma fue durante el Imperio de Carlos I de España y V de Alemania el tercero en importancia de Europa. De él salía el azúcar hacia Génova y Flandes y en el intercambio comercial llegaban a la Isla ricos tejidos, objetos suntuarios y valiosas piezas flamencas. En ese trasiego arribaron tres tallas de la Piedad que aún hoy se dedican al culto.

Hablar de arte sacro en La Palma es hacerlo de los valiosos retablos y esculturas, trípticos y tablas pintadas flamencas y renacentistas que arribaron a la Isla en el siglo XVI cuando el puerto capitalino tuvo tal movimiento que llegó a considerarse el tercero más importante del Viejo Mundo, tras el de Sevilla y Amberes. En ese trasiego comercial y de imágenes, a La Palma arribó el mayor número de piezas flamencas que recalaron en Canarias. Entre ellas tres tallas flamencas de Nuestra Señora de La Piedad.

Se trata de tres imágenes de idéntica iconografía y origen que llegaron tras el Cisma de Inglaterra pero que, «a ciencia cierta, no se sabe como recalaron en tres puntos diferentes de la Isla», explica el experto en arte sacro José Guillermo Rodríguez Escudero. En esa época, los albores del descubrimiento de América, «el trasiego de imágenes era tremendo»: por un lado estaban las tallas que llevaban los que iba a evangelizar al Nuevo Mundo y, por otro, las que pedían  para la ermita de sus haciendas los grandes señores que se habían establecido en la Palma.

En ese contexto llegaron las tres imágenes de la Piedad, una a Santa Cruz de La Palma, a la iglesia del convento franciscano femenino de Santa Clara de Asís y hospital de dolores, que estaba donde ahora se levanta el Teatro Chico; la otra entró por el muelle del Guindaste, por donde se embarcaba el azúcar del ingenio de San Andrés y su destino fue el convento franciscano de La Piedad; y la tercera arribó al puerto de Tazacorte y su destino fue la iglesia de las Angustias, en el barranco del mismo nombre. Solo sigue en su morada original esta última. La primera está en la capilla del Hospital de Dolores de la capital palmera y la otra en la iglesia de Montserrat de San Andrés y Sauces, a donde se llevó en 1855 tras rescatarla de las ruinas del convento de San Andrés.

«Se trata de tres imágenes diferentes, cada una con sus características pero unidas por un nexo común: el comercios del azúcar», dice Rodríguez Escudero. Además destaca que las tres han sido y son  merecedoras de grandes devociones.