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Lanzmann revive el horror en ‘El último de los injustos’

Lanzmann revive el horror en ‘El último de los injustos’

Este jueves, a partir de las 20.00 horas, se proyecta en los Multicines Monopol el documental El último de los injustos (Le dernier des injustes), nuevo acercamiento al exterminio judío a manos de los nazis del cineasta galo Claude Lanzmann, autor de la monunmental producción Shoah (1973).

V.S.A.

Jueves, 6 de marzo 2014, 09:48

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Del ingente material que recopiló Claude Lanzmann para Shoah, macrodocumental de más de diez horas de duración en torno al exterminio judío a manos de los nazis, nace El último de los injustos. En este nuevo documental, estrenado el pasado año en la Sección Oficial del Festival de Cannes, recupera las más de tres horas de entrevista que le hizo a Benjamin Murmelstein, último presidente del Consejo Judío del campo de concentración de Theresienstad, que sobrevivió a la guerra y sobre el que siempre ha recaído una enorme controversia.

Para algunos, Murmelstein fue un héroe que salvó a muchos judíos de una muerte segura. Para otros tantos, fue un colaboracionista nazi y en esta actitud se encuentra la clave de por qué sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Los espectadores que acudan esta noche al pase único de esta cinta, organizado por LPA Films en los Multicines Monopol, a buen seguro que sacarán sus propias conclusiones sobre este hombre, fallecido a comienzos de los noventa, a la vez que descubrirán cómo transcurría la vida (y la muerte) en uno de los temibles campos de concentración nazis.

En Shoah, Lanzmann recorría con su cámara en presente los escenarios del exterminio, a la vez que contaba lo sucedido con testimonios de testigos, supervivientes y verdugos. Por su parte, en El último de los injustos recupera la entrevista realizada hace 40 años a Murmelstein, viaja en presente al campo de concentración de Theresienstad actual Terezín, convertido en un museo de aquella barbarie e introduce material de archivo recopilado.

El campo de Theresienstad fue muy especial. En su interior, era una réplica del horror de otros centros similares de los nazis, pero de cara al exterior, buscaba el engaño. Hitler y su alto estado mayor lo utilizaron de forma propagandística, vendiendo una imagen idílica de su interior en el extranjero.

«No estoy ni hastiado ni cansado del mundo; cien vidas que viviera no me agotarían nunca». Así de claro se muestra en un pasaje de su autobiografía novelada, La liebre de la Patagonia (Seix Barral), Claude Lanzmann (París, 1925). A viva voz, de memoria, dictó sus recuerdos vitales, sin orden cronológico, a una secretaria para dar vida a esta publicación, una guía atractiva y desbordante para descubrir una vida que, en muchos momentos, parece el guión de una película.

Antes de dedicar media vida a la realización de Shoah, militó en la Resistencia francesa durante la ocupación nazi, luchó con los maquis en Auvergne, fundó la revista Les Temps Modernes con Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvaoir, de la que fue amante, entre otras hazañas.

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