La penitencia de Leonor Pérez

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

Se aferra a la barandilla y se apoya en la pared. Sin resuello. Con su hijo de cuarenta años a la espalda. Aquejado de parálisis cerebral y distrofia muscular, Manolo necesita que su madre lo cargue por los tres pisos que separan su casa de la calle. Leonor es una víctima del azar: El sorteo por el que se adjudicaron 113 viviendas no tuvo en cuenta sus necesidades.

El azar es inmisericorde. El sorteo por el que el Gobierno de Canarias adjudicó 113 viviendas en Las Palmas de Gran Canaria despreció sus necesidades, las que impone tener un hijo de cuarenta años, que no puede moverse, en una vivienda que está situada en un tercer piso sin ascensor.

Para bajarlo, se lo echa a la espalda. Con un brazo en la pared y el otro aferrado al pasamanos de la escaleras, sube y baja los cuarenta escalones sobre los que se eleva su casa, mientras su hijo Manolo se aferra a su cuello.

Llega sin resuello y en cada paso critica el procedimiento empleado por el Gobierno de Canarias para adjudicar viviendas sociales.

«Llevo más de diez años pidiendo una casa, que me den el cambio de ésta por otra», explicaba el miércoles. Había puesto toda su confianza en que el día del sorteo resultaría adjudicataria de un piso adaptado, a ras de calle, para no dejarse las fuerzas en cada paso.

Sin embargo, se sorprendió de que el procedimiento fuera un sorteo. «La lotería de las casas es más injusto que estudiar cada caso», resopla tras subir a su hijo, que pesa unos setenta kilos, «así, al final le pueden dar una vivienda a una persona que no tiene tanta necesidad y que puede caminar».

Por eso reaccionó desolada, como informó Antena 3 Televisión, el día en que fue excluida de la adjudicación, en el centro insular de deportes.

«Lo primero que pensé es qué le vamos a hacer, me marcho sin pelear», explicaba a este periódico el miércoles, «y cuando salí, me fui como si no supiera donde estaba».

Entiende que hay muchos casos de personas que necesitan una vivienda. «Hay gente a la que las desahucian y tiene hijos, o mujeres maltratadas que también es justo que les den una casa», explica, «pero también a los minusválidos hay que darles prioridad».

Su queja por el procedimiento del sorteo, que el Gobierno de Canarias emplea desde 2013 cuando el número de peticionarios supera al de viviendas ofertadas, también ha sido elevada por la coordinadora popular de la vivienda y por Izquierda Unida, cuyo portavoz, Ramón Trujillo, calificó de «indecente» el «bingo preelectoral» de la asignación de las 113 viviendas.

Los pasos. Como norma general, Manolo vive de lunes a viernes en un centro de atención especial en San José de las Longueras (Telde), pero los fines de semana, los festivos y todo el mes de agosto se queda en casa. Es entonces cuando la penitencia de Leonor Pérez toma forma de escalón. Para bajarlo y para subirlo.

Su vivienda también es de protección oficial. Se la entregó Visocan. Por entonces, su hijo aún tenía la capacidad de caminar. Por eso, aquella vivienda era todo un regalo, un beso de la vida a una mujer que fue expulsada por problemas familiares de la vivienda de sus padres, en Los Tarahales.

No importaba entonces que su casa, situada en Lomo del Chinche (Barrio Atlántico), no tuviera ascensor. Los médicos le habían dado esperanzas de que el niño no empeoraría, pero se equivocaron. Y la distrofia muscular convirtió aquel piso en una prisión.

En los últimos años ha intentado que el Gobierno de Canarias le cambie su casa pero todo ha sido en vano. «Estoy cansada de caminar y de pedir, de tocar en todas las puertas y de escuchar la repuesta de que no se puede», explica. Lleva diez años solicitando una nueva vivienda. Pero todo su destino, y el de su hijo Manolo, han sido depositados en manos de la esquiva suerte, de una lotería.