La Galería Manuel Ojeda reanuda su actividad con la ironía de Matías Sánchez

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

Irreverente y apasionado por la pintura. Así es Matías Sánchez (1972), un sevillano empeñado en desaprender lo aprendido siguiendo la huella de Picasso o Miró. El resultado de este proceso de deconstrucción se puede apreciar en la Galería Manuel Ojeda de la capital grancanaria hasta final de año. El pintor andaluz, alemán de nacimiento, busca en el lienzo la esencia de la pintura. Los resultados de sus indagaciones se pueden contemplar bajo el título Trahit sua quemque voluptas hasta final de año en la Galería Manuel Ojeda de la capital grancanaria.

En sus obras, el concepto es una excusa. Lo que realmente le interesa es «la pintura como lenguaje», afirma el autor. Así, el pintor ofrece una visión divertida e irónica de la disciplina artística a través de estudiadas composiciones, llenas de texturas y colores, en las que representa figuras con la sencillez conceptual de un niño. «Se requiere de mucho conocimiento pleno de pintura, de lo que es la pintura, qué sentido tiene su existencia (esas preguntas que últimamente me hago cada vez más o menos como si hablara en un monólogo infinito), y cuál es su espacio de coexistencia con el resto de ramas y géneros de la producción visual contemporánea; para poder romperla, atacarla, destrozarla, hacerla añicos; para luego rearmarla e impregnarla de algún aliento vital», relata en un texto sobre Sánchez el crítico y director del CAAM, Omar Pascual-Castillo.

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