Entrevista

Israel Galván: "Está muy difícil sobrevivir"

El premio Nacional de Danza Israel Galván (Sevilla, 1973) regresa este viernes y el sábado al teatro Cuyás de la capital grancanaria juanto a Akram Khan, otra estrella mundial. Presentan el montaje Torobaka, donde aúnan sus respectivas concepciones de un arte que malvive en España.

— ¿Cuál es el origen del espectáculo Torobaka?
— Desde varios años antes de comenzar a conectar las dos productoras ha habido muchas coincidencias en los programas de diversos teatros y festivales que nos programaban a Akram y a mí. Hubo amigos que me enseñaron los vídeos de trabajos de Akram porque sentían que me interesarían. Y fue finalmente Cesc Casadesus, director y programador del Mercat de les Flors de Barcelona, quien habló con las dos partes de lo buena que sería está colaboración mutua.
— ¿De quién fue la iniciativa, suya o de Akram Khan?
— Primero fue Akram quien vino a verme hacer La Curva, al Sadler’s Wells de Londres, impulsado por su director Alistair Spalding y también fue el que algún tiempo después me invitó a ir a Gante, para ver en directo un espectáculo suyo y charlar.
— ¿Resultó sencillo combinar dos estilos, en apariencia tan dispares como el suyo y el de Khan, para este montaje conjunto?
— Desde un comienzo tuvimos claro que tanto en el kathak como en el flamenco tiene una gran importancia el ritmo y que eso sería lo que facilitaría nuestro entendimiento. El reto era encontrar puntos en común y hemos trabajado para hacerlo.
— ¿Quién es el toro y quién la vaca sobre el escenario?
— En principio parece claro que el español que viene del flamenco es el toro y el inglés con raíces familiares en Bangla Desh e India y que viene del kathak es la vaca. Pero durante el proceso de creación nos hemos acercado el uno al otro y hemos intercambiado nuestras maneras de ver las cosas. Realmente ninguno es toro o vaca.
— La coreografía se desarrolla en torno a estos animales sagrados y a un poema fonético de Tristan Tzara de inspiración maorí. ¿Cómo se desarrolla?
— Se trata de un poema dadaísta que no tiene más significado que las sensaciones que produce el sonido de esos versos y que se titula Totobaka, lo que, casi en broma, nos llevó al evidente juego de palabras con los dos símbolos animales de nuestras culturas. Así de simple. Y el desarrollo de la obra únicamente responde a nuestra decisión de dedicarnos en este espectáculo simplemente a bailar, sin condicionarnos con la intención de contar algo. Nosotros solo bailamos y cada espectador encontrará la historia que quiera.
— ¿Una vez definida la coreografía, resulta fácil o  difícil bailar con Akram Khan? ¿O no se puede definir la experiencia desde un punto de vista tan básico como el de lo fácil y lo difícil?
— Nuestra intención es hacer algo sencillo que nos lleve a cada uno a encontrar nuevas formas de bailar. Este es nuestro reto. No sé si conseguimos superarlo. Queremos bailar juntos sin que uno domine ni tape al otro. Los dos tenemos ya nuestros años y hemos trabajado mucho, y ahora tratamos de hacer feliz al público como si les administrásemos una medicina o un bálsamo. A mí, el bailar con Akram me ha cambiado un poco los gestos. Ha sido como aprender un idioma, el ruso o el chino; el vocabulario del kathak es como una matemática, una lengua que tiene su propio ritmo.
Torobaka cuenta con música en directo. ¿Qué tipo de composiciones musicales son las elegidas y quiénes sus autores? ¿Aparecen influencias asiáticas y algún toque flamenco?
— Partimos del concepto de ir a lo más básico en lo musical, de utilizar solo la voz y el ritmo. No usamos cuerdas ni vientos. David Azurza y Christine Leboutte son dos cantantes de formación clásica, amantes de lo tradicional y abiertos a la experimentación. Bobote es un flamenco que toca las palmas, acompaña con sus voces y jaleos y hace sus pinceladas de cante y baile flamencos. Y Manjunath es un percusionista indio que domina diversos instrumentos y estilos tradicionales que usan también la voz como percusión. Hemos usado músicas muy variadas desde el Vitti Passari siciliano, a El Vito cordobés, la canción sefardí Porque llorax blanca flor, cantos sánscritos, algunas canciones populares recogidas y arregladas por Federico García Lorca, la alborea flamenca o el tradicional Goizian Goizik vasco. Y con todo eso y con los ritmos y texturas del kathak y el flamenco hemos creado una banda sonora.
— ¿Cómo se ha sentido otras veces en el teatro Cuyás? ¿Percibe si su público es un entendido en danza y baile flamenco?
— Me siento cómodo. No hay muchos lugares en España en los que haya una programación estable de danza de calidad y sin duda el teatro Cuyás es uno de estos sitios. Debemos estar agradecidos a la labor de su director, Gonzalo Ubani. Sí, se percibe cuando un público tiene una cierta costumbre de ir a ver espectáculos de baile. Tener esa posibilidad de acceder a algo es la única manera de entender de eso.
—¿Si se le cataloga como bailaor flamenco se falta a la verdad? ¿Se lo pregunto porque usted ha roto fronteras y tiene una concepción contemporánea muy especial?
— Yo me considero flamenco, llevo mi cultura dentro y es lo que soy, pero no me gusta ponerme límites. También soy más cosas. Me gustan muchas cosas más. Me aburriría si hiciera siempre lo mismo.
—¿Cómo se está desarrollando la gira de este espectáculo? ¿Cuenta con mayor espacio en las programaciones foráneas que en las españolas?
— Estamos dando la vuelta al mundo haciendo este trabajo para públicos muy diferentes que reaccionan de manera diferente durante el espectáculo, pero que siempre terminan exteriorizando su alegría y su aprobación de lo que han visto. Así que todo va muy bien. Y a nivel interno somos una familia estable y bien avenida. En España haremos en total 12 representaciones en 5 ciudades de 5 comunidades autónomas diferentes. Teniendo en cuenta que haremos un total de 111 en todo el mundo, no podemos quejarnos. Haremos en España tantas como en el Reino Unido, donde únicamente hemos estado en Londres.
— ¿Comparte la idea de que la danza, con la crisis, ya ni siquiera es la hermana pobre de las artes escénicas en España?
— Veo lo difícil que es sobrevivir para la mayoría de los que se dedican a la danza. Veo cómo desaparecen compañías, festivales e instituciones dedicadas a la danza. Esto no debería ocurrir.
—¿Cree que alguna vez en este país se valorará este arte como es debido? No tanto a nivel de público, sino a nivel de respaldo institucional y político...
— Creo que en España se puede y se debe valorar más la danza desde las instituciones. En todos los países desarrollados se respaldan las artes sin olvidar a la danza. En todas las culturas de todos los tiempos están presentes las artes, esto es una realidad y por algo será. Es algo necesario.
—¿Nos puede avanzar algunos detalles de sus próximos proyectos?
— Ahora quiero ser uno más entre otros que bailan y para ello voy a formar parte de un grupo de siete bailaores o bailarines en el escenario. El siete es un número que me gusta porque no somos ni muchos ni pocos. A mí no me gustaba tocar a los otros, no lo hacía ni en las sevillanas. Pero el trabajo y la relación con bailarines como Akram Khan y Sol Picó me ha ayudado a perder ese miedo. Quiero compartir de verdad mi baile con otros.