¿Es Valerón un lujo prescindible?

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO

En la UD se dan varios problemas que explican su retroceso. Todos convergen en lo futbolístico y redundan en aspectos tales como el manejo de la pelota, la gestión de los tiempos y la interpretación de cada partido. Hay tiempo para adoptar soluciones. Y, especialmente, se señala a un futbolista hasta ahora infravalorado.

La utilización, casi testimonial, que está haciendo Paco Herrera de Juan Carlos Valerón suscita debates en el club, donde la sorpresa es generalizada, para algún dirigente, incluso, inexplicable, y también en el universo de los rivales.

«¿Cómo puede ser que este hombre suplente en Segunda División?», se repite, puntualmente, en cada desplazamiento por parte de adversarios, críticos especializados y simpatizantes de todo color. Valerón no ha perdido su aura. Aplaudido en los campos, reclamo en aeropuertos, contemplado con devoción hasta cuando calienta. Más allá de las simpatías que se ha ganado, su calidad tiene el aroma de gran reserva. No son pocos los compañeros de vestuario que añoran al Flaco en el campo («ya ha sido fundamental en decidir algunos partidos como el del Racing en Santander o frente al Mallorca en casa; con él sabemos que tres o cuatro contrarios van a estar dedicados a vigilarle») y que obvian comentar situaciones un tanto surrealistas que le han tenido como protagonista involuntario. A saber: en diciembre, con motivo de la visita al Recreativo de Huelva, con 0-4 a favor, Valerón se pasó toda la segunda parte realizando estiramientos bajo una insistente lluvia para no jugar un segundo. Qué decir, tres jornadas atrás, con el duelo ante el Betis en el Gran Canaria. También con el asunto ya sentenciado, en este caso en contra (0-3), fue reclamado para salir en el minuto 80. Una afrenta que otros encajarían de mala manera y que él adoptó con su habitual deportividad.

Hablan todos bien de él con el criterio que da verle entrenarse cada día con una ejemplaridad rotunda a menos de dos meses de cumplir 40 años. «Me encuentro muy bien físicamente y lo que hago es respetar la decisión del entrenador y ayudar en lo posible a los compañeros», comentó recientemente en una entrevista concedida a este periódico.

Un repaso a las frías estadísticas individuales en el campeonato regular deja evidencias dolorosas: nunca ha sido titular, que ya es decir, ha participado en menos de la mitad de las jornadas celebradas y el máximo de tiempo que ha dispuesto en un partido ha sido de 37 minutos. Además, en el último tramo de competición, el que ha acentuado las carencias del equipo, su presencia es casi transparente: 11 minutos en los cuatro encuentros más recientes.

Exceptuando un pequeño parón obligado en enero por imperativo físico, siempre ha estado Valerón a la orden de lo que quisieran de él y, como es norma de la casa, nunca ha puesto una mala cara pese a la sistemática política de rotaciones que le ha impedido desplegar su talento y ser más influyente. Paco Herrera siempre se ha pronunciado en términos elogiosos al requerirse su opinión sobre el genial futbolista de Arguineguín. Es más, le ha aventurado «un papel decisivo», declaración que choca con la realidad numérica.

Ahora que en muchos puede el vértigo, Valerón puede ser la llave maestra que active la reacción. Si le dejan, claro está.