Emilio Machado, extranjero en su tierra

El pintor exhibe su obra reciente en la sede de la Fundación Mapfre Guanarteme de la capital grancanaria hasta el 16 de noviembre. Su obra es más reconocida fuera de España que en Canarias.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

El pintor Emilio Machado (La Palma, 1936) se siente, por derecho propio, catalán, neoyorquino y mexicano. Hace 14 años que volvió a las Islas. «Soy un extranjero en Canarias», afirma el artista, aunque dice que aquí tiene muchos amigos. Estos días expone su obra reciente en Mapfre Guanarteme, en la capital grancanaria.

Entiende perfectamente que no sea tan reconocido en las Islas como en México o en Cataluña. «No se le puede echar la culpa a los canarios. Después de estar toda la vida fuera, nadie sabe que estoy aquí», comenta resignado y con la seguridad de que tiene paisanos que lo aprecian.

Machado estudió Arquitectura y Bellas Artes en Barcelona. Allí se integró por completo en el ambiente artístico e intelectual catalán. Entre sus mejores amigos estaban Joan Brossa, los miembros del Dau al set, Zush, Joan Ponç, Modest Cuixart o José Antonio Coderch y de Sentmenat. «Tuve trato con todos. Recientemente se celebró una exposición de homenaje a Dalí en París, titulada Visiones del deseo, y la Generalitat me seleccionó como un pintor catalán», dice.

En México lo dan por nativo. «Recibí una carta de la ministra de Cultura, Teresa del Conde, en la que me decía: usted, como mexicano, debe participar en esta exposición. Mi obra recorrió Estados Unidos y Canadá junto a la de Orozco, Siqueiros, Rivera y Khalo...», recuerda este hombre que pasó ocho años en ese país. «Después de vivir en México no le tengo miedo a nada, ni a la muerte. Lo que temo es el dolor», relata sobre el lugar donde ha sido más feliz. Allí trabó amistad con Juan Rulfo y colaboró en la restauración del Instituto Cultural Cabañas, donde le cedieron un estudio.

También echó raíces en la Gran Manzana, donde vivió durante 13 años. Allí, en una crítica de The New York Times, destacaron que su obra integraba el sentido universal de la pintura con su fascinación por lo local.

Aunque ha hecho dos casas y colaboró con los hermanos Gómez Vázquez Aldana para crear una isla en Puerto Vallarta, nunca ha vivido de la arquitectura. Eligió la opción más dura. «Vivir del arte es dificilísimo. Una locura. Nadie compra hoy en día un cuadro», afirma el artista que sigue recibiendo encargos de coleccionistas extranjeros.

Su obra tiene un largo recorrido internacional y ha sido apreciada en París, México, Moscú, Suiza, Nueva York, Miami, Texas o Estocolmo.

Además, Machado ha recorrido muchos caminos pictóricos. Su obra ha transitado múltiples lenguajes; el simbolismo, el cubismo, el hiperrealismo, el expresionismo... Ahora, en plena madurez pictórica, el creador se despoja de la figuración y vuelve al blanco sobre blanco que empleó en su primera exposición, celebrada en 1964. Una atrevida muestra de lo que, años después, se consideraría pop-art.

Mapfre Guanarteme exhibe, bajo el título Persefonías, 47 pinturas donde los volúmenes de material blanco se convierten en crestas y surcos, cuyas sombras ofrecen una gama de grises. «Mi ilusión es pintar sin pintar», dice el artista, últimamente empeñado en crear un cuadro que se parezca al espejo de Alicia en el país de las maravillas.