El timple pierde a un gigante, José Antonio Ramos

05/06/2008

La noticia del fallecimiento del timplista José Antonio Ramos cayó ayer como una losa, heló el corazón de aquellos que le conocieron, de aquellos que compartieron su vida, una vida dedicada a la música y a su inseparable timple, que ayer perdió una cuerda para siempre.

Su muerte, por inesperada, duele más. José Antonio Ramos estaba inmerso en la fase de promoción de su nuevo disco, Very JAR, ya a la venta a través de su página web. Una nueva producción de este músico inquieto, que en los últimos años, a pesar de algún problema de salud, seguía colaborando y grabando discos compartidos, en grupo o simplemente colaborando de manera puntual. Pero esta semana, era suya.

Desde su discográfica, Irina Records, y desde su productora, Mirmidón, habían comenzado los trabajos de promoción de este nuevo disco, que además iba a presentar en directo el próximo 14 de junio, en un concierto que cerraría los actos de lectura del pregón de las Fiestas Fundacionales de su ciudad, Las Palmas de Gran Canaria.

Estaba concentrado en ese concierto, en la Plaza de Santa Ana, en el que iban a participar además artistas que tomaron parte en la grabación del disco, músicos, artistas, amigos de José Antonio. La cantante cubana Mayelín, el grancanario Manuel Estupiñán, el tinerfeño Héctor González, los instrumentistas Andreas Prittwitz (vientos) y Nantha Kumar (percusión india) -asiduos colaboradores de Ramos-, habían confirmado su presencia. Kepa Junkera, con quien también tenía una estrecha relación que confundía trabajo y amistad, también colaboró en el disco, pero no podía viajar a Gran Canaria porque tenía un compromiso ineludible en Polonia.

Nada será como estaba previsto porque José Antonio Ramos moría ayer con tan solo 38 años de edad, muy intensos, pero escasos. Murió en su estudio, en el que pasaba tantas horas que se había convertido también en improvisado gimnasio en el que se ejercitaba a ratos.

Allí pedaleaba por prescripción de los médicos. Le había recomendado ejercicio para recuperar la capacidad pulmonar mermada tras una inoportuna neumonía. Allí se quedó, entre sus discos, sus timples, su música.

Atrás quedan muchísimas anécdotas, canciones compartidas, conciertos, reuniones de amigos, siempre con el timple como testigo. Un instrumento que aprendió a respetar de la mano de Totoyo Millares y que dignificó, abriendo sus fronteras, innovando en su sonido y su estructura, electrificándolo, haciendo que sonara con orgullo, ya fuera jazz, bossa nova o compartiendo experiencia con el folklore de Euskadi o Galicia.

Estas dos páginas podrían llenarse con tópicos, alabanzas, frases hechas. Todo lo que se pueda decir de José Antonio Ramos lo han hecho quienes le respetaban y le querían. Pocas veces se ha visto una reacción igual en la versión digital de CANARIAS7 (www.canarias7.es). Más de 15.000 visitas en ocho horas, más de 200 comentarios de pesar y de dolor. Se nos fue como del rayo, que dijo Miguel Hernández.