El Gran Canaria no se toca

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO

Mantiene la UD el paso firme y una cadencia deliciosa de puntos, hasta situarse ya en nueve a falta de rematar el primer mes de competición. Música celestial en los tiempos que corren, no siempre propicios para el arte. Anoche el equipo despachó al Málaga en una función trabajada y generosa en sudor.

Imposible los reproches a esta UD, instalada en zona aristocrática, desnuda de complejos y que cumple cuatro fechas ya a un nivel estimable. Valencia, Granada y Málaga pasaron por taquilla y en Sevilla no pudo ser más por factores ajenos a la competencia, que no es plan de dar publicidad a quien no la merece. Volviendo al presente, hay síntomas magníficos que justifican el estado de felicidad permanente que se ha instalado en todo el universo del club. El escudo brilla reluciente por el papel relevante de sus defensores, futbolistas entregados a la causa y que mezclan sus atributos con un orgullo gremial de excelencia. Ayer, sin ir más lejos, tocó domesticar a un Málaga que se mantuvo en el asunto hasta el final. Pero hasta en las apreturas, cuando nada está asegurado, sale a flote el intangible que les diferencia. Ganó Las Palmas, algo ya convertido en normalidad, sin dejar que el adversario se apunte nada en la hoja de reclamaciones. Encuentro parejo, vértigo compartido y alternancias intrascendentes. Pero el gol de Momo blindado a las circunstancias y con efectos tremendos.

No fue una primera parte de museo, aunque esta UD tampoco necesita que suenen los violines para exprimir sus poderes. Anoche le bastó, concretamente, una puesta en escena enérgica, con Tana a los mandos, para sacudir al Málaga y colocarse por delante con el personal aún sin acomodar. Tras algunos avisos, y antes de alcanzarse el minuto 10, Momo transformaba un penalti grosero de Recio sobre él. Recio atropelló a Momo como si fuera un cadete y le soltó un patadón de los que no admiten debate. La consecuencia fue un 1-0 que, paradójico, alteró más que benefició a los muchachos de Setién. Porque, con todo a favor para agujerear a un rival vulnerable, no hubo noticias de esa simetría para hilar con la pelota en el piso. Y el Málaga se hizo con los espacios para frecuentar el rectángulo de Varas. Sin veneno, aunque con ruido. Ahí surgieron Bigas y Lemos para apuntarse cortes providenciales. Raya el abuso lo de Bigas, esta semana en boca de Lopetegui, ni más ni menos, y que se permitió lujos como iniciar una contra con clase y finalizarla con remate de cabeza. A la UD le sostuvo en momentos raros su hormigón defensivo, aislado Livaja y con nostalgia de los chispazos de Viera o Boateng, capaces de alborotar lo que se ponga delante. Más ortodoxo, más previsible, el equipo entendió que tan importante era hacer daño como no tolerarlos en carne propia. Y evitó riesgos aunque se apagara su vena renacentista. A veces conviene más sobrevivir que mostrarse. También da puntos, que es de lo que se trata. Que Lemos apareciera más que Roque a la hora de jugarla evidenció que faltaban los diamantes en la correa de transmisión. Creció el Málaga sin que le alcanzara para igualar el golpe y esa fue la mejor señal al descanso.

Setién quería otra historia y prueba de su pretensión es que ordenó calentar desde el primer minuto de la reanudación a Boateng y Araujo. Le duraba la torta demasiado a Las Palmas, agarrada a galopadas por si caía el segundo. Con un achique exagerado, la acumulación de hombres atrás entregó, definitivamente, la cuchara al adversario, que terminó por creérselo. También Juande Ramos, que se decidió por meter a Sandro y En Nesiry, tipos de perfil rematador para acortar los trámites. El encuentro se perdía entre las divagaciones de la UD, incapaz de superar hasta la línea divisoria. Sintomático. Y cuando ganaba metros, galope muy bruto. Llegada a Kameni sin remate, en suma.

El peligro de encarar el tramo final con ventaja mínima era exponerse demasiado. Surgió el suspense porque no había dueño. Ni la entrada de Boateng, que excitó al auditorio, que veía peligrar el botín. No es que el Málaga exhibiera dientes. En realidad no probó a Varas. Pero se apuntó algú indicio que olía a sangre, como cuando, a nueve minutos para el final, Charles cazó un balón de golosina a dos metros de la portería y empalmó altísimo cuando lo fácil estaba en meterla por dentro. Susto mayúsculo.

Ya en los minutos sin red, cuando cualquier error o acierto penalizaba al máximo, Las Palmas se sacudió los agobios y cabalgó a lomos de Araujo, quien tuvo buenos minutos pidiendo el balón y custodiándolo en los costados, siempre inteligente y con colmillo para probar suerte sobre la bocina. El palo le privó de una faena torera al argentino. Pero la fiesta se mantuvo con el pitido final. La fiesta de un estadio que, en puertas de recibir al Real Madrid, parece indestructible.

- Ficha técnica:1. UD Las Palmas: Javi Varas; Míchel Macedo, Lemos, Bigas, Dani Castellano; Roque Mesa; El Zhar (Prince Boateng, min. 69), Tana, Vicente Gómez, Momo (Mateo García, min. 81); y Livaja (Araujo, min. 59). 0. Málaga CF: Kameni; Rosales, Koné, Llorente, Ricca; Camacho, Recio (En-Nesiry, min. 55); Jony (Keko Gontán, min. 62), Juanpi, Chory Castro (Sandro, min. 55); y Charles. Gol: 1-0, min. 10: Momo, de penalti. Árbitro: José María Sánchez Martínez (Comité Murciano). Mostró tarjeta amarilla a los jugadores locales Vicente Gómez (min. 49), Míchel Macedo (min. 59) y Lemos (min. 71), y al visitante Recio (min. 9). Incidencias: Encuentro disputado en el Estadio de Gran Canaria ante 18.980 espectadores, según informó el club local.