El Almacén, arte y vanguardia en la memoria

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

En febrero de 1974, con Franco aún vivo, César Manrique y Pepe Dámaso crearon El Almacén, uno de los espacios culturales más dinámicos y vanguardistas de Canarias. Allí estuvieron Alberti, Aranguren, Espert o el dramaturgo Francisco Nieva. Poco o nada queda de aquel espíritu en el inmueble de Arrecife cerrado desde 2010.

El centro cultural El Almacén, en Arrecife de Lanzarote, reabrirá sus puertas en abril, pero será muy difícil que 41 años después recobre una mínima parte del espíritu arrollador de aquellos dos jóvenes artistas que pusieron en pie un proyecto cultural sin parangón en Canarias.

«Estoy muy contento de haber formado parte de cosas que han trascendido. Yo coloco El Almacén a la misma altura de Gaceta de Arte. Me perdonarán el atrevimiento, pero creo que significó algo parecido, porque atrajo a gente de todas partes del mundo», explica emocionado Pepe Dámaso, cómplice de César Manrique en la descomunal tarea de convertir las ruinosas instalaciones de la Escuela de Artes y Oficios en un foco de vanguardia donde toda una generación de lanzaroteños descubrió otra cara del arte y la cultura a través de numerosas actividades y grandes exposiciones.

«Se fundó en febrero de 1974. César compró El Almacén e invirtió dinero. Era un pequeño centro donde se concentraba la actividad cultural, por un lado, y las tiendas, por otro. Se pensó de esa manera para que fuera sostenible. Aplicó un modelo totalmente revolucionario, nunca se ha hecho nada similar», explica Carmenza de la Hoz, quien trabajó en el centro entre 1979 y 1987 desarrollando distintas tareas. «Lo único que me faltaba era dormir en El Almacén. En aquella época vivía con Manrique. Era mañana, tarde y noche», recuerda con nostalgia la comisaria y experta en arte, a la que de niña su madre le prohibió acercarse al centro recién abierto.

Sin embargo, a aquella adolescente, al igual que a buena parte de los jóvenes lanzaroteños, no le asustaban los prejuicios predominantes durante los estertores del franquismo. «Nuestra idea era usar la cultura para hacer el bien a la gente. Unir lo popular con la vanguardia», explica Pepe Dámaso.

Por allí pasaban las personalidades de la cultura que arribaban a la Isla: Francisco Nieva, Severo Sarduy, Luis Escobar, Núria Espert, los arquitectos Fernando Higueras y Frei Otto, el director teatral Víctor García, o el crítico y poeta Santiago Amón, entre otros.

«En Lanzarote vivían los Ferrari. Y por allí estuvo la hija de Churchill, que vino con Rafael Neville, hijo de Edgar Neville», rememora Carmenza sobre las sorprendentes visitas que le deparaba el primer centro de cultura contemporánea de Canarias.

El Almacén, entre los años 74 y 76, bajo la dirección de Pablo Bucarelli, contaba con un laboratorio teatral, una galería de arte, una librería, un restaurante, una floristería, una tienda de discos, otra de artesanía, una boutique y un bar. «Tuvimos conciencia de que el bar sería clave. Era un club donde la gente se reunía para tomarse una copa, fue la parte más vital y humana de El Almacén. Se llamaba Bar Picasso», relata el agaetense.

Manrique y Dámaso protagonizaron la exposición inaugural. Luego siguieron propuestas tan extraordinarias como las de Óscar Domínguez o Alechinsky.

Otro hito de El Almacén fue acoger la primera videocreación hecha en Canarias. «Rodé a Manrique en acción. Estábamos en la vanguardia. Pero no solo en la vanguardia como hecho creativo, sino en la forma de usar la cultura por el bien de la gente», sostiene Dámaso.

«El Almacén tuvo mucha gente en contra, gente que no lo comprendió; enemigos de Canarias y envidiosos que no entendieron el sentido popular del rollo. Tuvimos debates interesantísimos, sobre África, el comunismo, las vanguardia, lo social, sobre el papel del arte... Más adelante, en los 80, se hicieron fiestas de carnaval. Eso no lo viví», comenta el artista sobre aquellos sonados saraos a los que llegó a acudir Pedro Almodóvar.

El Almacén se cerró en 1976. Reabrió tres años después bajo la dirección de Cipriano Fierro. Fue entonces cuando se dotó de un estudio de arquitectura.

Las exposiciones internacionales cobraron un gran peso en este periodo con el apoyo de la galerista Elvira González y los contactos de Manrique. El Almacén expuso obras de figuras tan incuestionables como Jim Dine, Frank Stella, Kenneth Noland, Clyfford Still o Jasper Johns.

Volvió a cerrar en 1982, pero, en 1984, Manrique invirtió el dinero que obtuvo con su proyecto de La Vaguada de Madrid para remozar el edificio y, sobre todo, potenciar el Cine Buñuel, para el que compró un proyector con 16 millones de las antiguas pesetas.

En 1989, Manrique vendió el edificio al Cabildo. Desde entonces, la actividad cultural fue decayendo, las tiendas desaparecieron y se convirtieron en oficinas. El centro se cerró en mayo de 2010. «Le faltaba aquel espíritu. No tuvo la continuidad que se merecía con estos antecedentes, aunque creo que no hubo malas intenciones. Además, desaparecimos todos», lamenta Carmenza.