Ya lo dijo Álvaro de la Iglesia, la risa se cuela, a pesar de su gordura, por la rendija más insignificante del pavimento o la pared. Es, además, sencillota, frescachona y campechana. También honrada y generosa y, la muy ilusa, como volvió a demostrarse en la redacción de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, cree que toda la humanidad es tan buena como ella. Pero no, a la vista está que los hay empeñados en hacernos vivir en un clima hostil al buen humor.

Sin embargo,  aunque les pese a esos maldados, a la risa, no a ellos, se la recibe bien en todas las casas y aquellos que la traen son enviados de los dioses, por más que sus verdugos imploren a uno para secuestrarla. Un día sin una sonrisa es un día perdido y por lo que se ve los hay que quieren robarnos todos los días. Aviados están si ese es el paraíso que anhelan. Ímprobo empeño, porque no lo hay. Y es que salvo la muerte, esa que riegan, y la guerra que pretenden, todo, todo, es risible en la vida; que, por cierto, tiene como una de sus armas más poderosas la sátira. Y no hay dios que la remedie, que la desarme, porque, como dice Iu Forn, nada fastidia más a un imbécil que un buen chiste que lo retrate. ¿Por qué? Porque lo desarma.  

No hay periódico, no hay vida sin sonrisas. Máximo, un grande del humor gráfico español, lo decía: «Tengo ya ganas de encontrarme con un lector de carácter que lo último que mire en el periódico sea el chiste». Porque, así se empeñen los estreñidos de uno y otro bando, el común de los mortales bien sabe que no siempre hay que tomarse en serio lo que dicen los políticos, los gobiernos y los santones de cualquier religión. 

El asesinato de doce personas en el asalto a una revista que predica el humor nos ha conmocionado esta semana; pero, no olvidemos que los ataques a la libertad de expresión, de opinión, a la risa no son excepcionales y no vienen de un solo lado. En 2014, 135 profesionales de los medios de comunicación murieron haciendo su trabajo. Hay demasiados indeseables incapaces de admitir la crítica escéptica, la óptica irónica, la discrepancia tolerante, el aguijón del ingenio y la imaginación.

En el recuerdo están aquella bomba asesina de la ultraderecha a El Papus, que fuera un referente del periodismo satírico en la transición española; el reciente secuestro de El Jueves por una mordaz portada sobre la monarquía; o la pretendida anatemización de Mongolia por una irreverente imagen sobre La Macarena y el yihadismo.

Hoy más que nunca, parafraseando a Gabriel Celaya, la sonrisa, además de democrática, es un arma cargada de futuro. Sirva como aviso para los que la atacan y para quienes, parapetándose en la barbarie, quieren activar campañas de miedo contra los distintos. ¡Cuidado, porque las escaladas de fanatismo refuerzan los extremos!

¿Saben que horas antes del atentado Charlie Hebdo dedicaba en las redes sociales una viñeta a unos de los líderes del terrorismo islamista, en la que respondía por enésima vez de manera irónica a las amenazas, en la que se leía: «Con los mejores deseos. También para Al-Baghdadi. Y sobre todo salud».

Genios y figuras.

@Vicente Llorca