Crónica de la superviviencia nacionalista

En 1958 Tony Curtis y Sidney Poitier encarnaron a dos presos que lograron huir de sus guardianes encadenados. En la caótica fuga para escapar de sus guardianes, se vieron obligados a dejar atrás sus odios racionales e irracionales, trabajar en equipo y cuidarse mutuamente para que el otro no fuera un lastre que terminara condenando al uno. Era el precio de la supervivencia. Esa es la factura que ha decidido pagar Coalición Canaria y Nueva Canarias. Tras el 22 de mayo y con el adelanto de las elecciones generales, los más destacados representantes del nacionalismo canario se han encontrado en territorio hostil. Es imposible saber cuándo decidió Paulino Rivero invitar a Román Rodríguez a su despacho en el Parlamento de Canarias el 21 de junio, día en que se constituyó la Cámara regional. Probablemente desde el mismo 23 de mayo. Nueva Canarias había conseguido los mejores resultados de su breve historia pero, paradójicamente, su cuota de poder se redujo a la mínima expresión. Rodríguez perdía el Cabildo y Telde y no era determinante para la composición del Ejecutivo regional. Esto garantizaba que el líder de NC al menos escuchara atentamente duramente tres cuartos de hora una bonita historia sobre unidad, alianza, futuro y voz canaria en Madrid. Y escuchó. En la semana del Debate de Investidura se produjo un nuevo encuentro informal con la excusa de buscar el apoyo de NC a la investidura de Rivero. En esa ocasión profundizaron en su visión de Canarias a diez años vista. La agenda europea, la reforma del Régimen Económico y Fiscal, la reforma del Estatuto de Autonomía, la profundización del autogobierno. Y también el análisis de la situación económica de Canarias que, en privado, se manifestó mucho menos optimista de lo que el presidente trasladaba en sus discursos a la ciudadanía. Solos no encontrarían la salida. Rivero y Rodríguez se observaban el uno al otro viendo hasta dónde estaban dispuestos a llegar en esa quimera de la unidad nacionalista rota en el año 2005 de forma dramática. Sin embargo, un nuevo factor entro en escena que, a pesar de estar casi previsto, precipitó la decisión. El 29 de julio, José Luis Rodríguez Zapatero anuncia el adelanto de las elecciones generales para el 20 de noviembre. España se dividía en dos, dejando el espectro político sin espacio para opciones como la nacionalista. De repente todos hablan de votar a favor o en contra del PSC o del PP. Rivero vuelve a llamar a Román para mantener la que sería la última reunión sin testigos. Los nacionalistas necesitan al menos un diputado por Las Palmas para intentar hacer un grupo y al menos tener tiempo en el Congreso para hablar del Archipiélago sin mirar el reloj. Con una más que probable mayoría absoluta del PP, CC no podía permitirse el lujo de repartir diez minutos entre cinco componentes de un Grupo Mixto. y NC podía hacerlo posible. Llego el acuerdo y comenzaron los trabajos iniciales con personas de extrema confianza de Rivero y Rodríguez para ver si era posible el pacto, trabajar en las explicaciones y justificaciones y así anunciarlo a las bases para empezar a trabajar de cara al 20-N. El primer encuentro fue el 12 de agosto en el chalet que tiene Presidencia en Las Palmas de Gran Canaria. Los invitados a acompañar a Rivero y Rodríguez, por CC, fueron Claudina Morales, presidenta nacional de CC, Javier González Ortiz, mano derecha de Rivero, y José Miguel Barragán, portavoz en el Parlamento de Canarias. Por NC asistieron Pedro Justo y Carmelo Ramírez, secretario de Organización de NC. La ausencia de representantes de CC de Gran Canaria, auténtico enemigo natural de Nueva Canarias fue deliberada, una estrategia para que Román Rodríguez fuera consciente de que la idea de desvincular la alianza electoral del abordaje a instituciones como en Cabildo de la Isla redonda, Telde o Moya era una posición conjunta. La presencia de Fernando Bañolas, que se integró a las conversaciones una vez quedaron las cosas claras, habría dado la sensación de que se estaba disimulando ante la organización grancanaria y que todo era posible. Dos eran los motivos de Rivero para oponerse a ampliar el pacto. La primera es que quiere afrontar las elecciones generales sin sangre en las manos. No se puede explicar más de una alianza sorpresa por periodo. ¿En que lugar quedaría CC si rompiera la palabra dada hace apenas dos meses? La segunda es controlar a Román Rodríguez. El presidente de NC domina el espectáculo político y mediático mejor que nadie. Con una cuota de poder menos es más controlable y menos dado a la sorpresa y la usurpación de protagonismo. Fue la conversación más complicada. Román Rodríguez quería llevar al menos el trofeo de Telde a su Ejecutiva. Un estímulo para convencerles de la unidad del nacionalismo y de que, después de la frustración del 22 de mayo, los tiempos de vino y rosas eran posibles. No pudo ser. Rivero fue impasible. Sólo caminarían rumbo a Madrid de la mano. El resto según vayan las cosas y la confianza fuera recuperándose entre ambas partes. Rodríguez sólo pudo llevarse a casa la candidatura de Francisco Santiago al Senado por Gran Canaria. El 24 de agosto se produjo la segunda reunión a la que se incorporaron Fernando Bañolas por CC y Pedro Quevedo. El presidente de CC en Gran Canaria ha tenido que hacer de tripas corazón en este proceso. Él y Rodríguez son los únicos en los que sus desavenencias van más allá de los estrictamente político. Además, de tener que ser generoso ha tenido que tranquilizar las revueltas aguas de la organización insular. CC en Gran Canaria teme que NC se quede con su espacio y Bañolas se ha encontrado con una María del Mar Julios que ya que no puede frenar el acuerdo, quiere tener más protagonismo en el mismo. Sin éxito. A Bañolas le queda el consuelo de que, al menos, no tendrá que ceder el Cabildo y Telde por ahora. El último encuentro extraoficial fue el lunes 29 de agosto en la vivienda de Presidencia en Santa Cruz de Tenerife. Se cierran los últimos flecos, se puntualiza el programa y se asientan los términos de la comisión de seguimiento, así como sus componentes. En la reunión Román Rodríguez expresa su preocupación por el rechazo frontal de dos de sus barones: Antonio Morales y Silverio Matos, sobre todo del primero. Así, acuerdan que Rivero tenga una conversación con él, de manera informal, para acercar posturas y exponer sus argumentos. Rivero aprovecha un acto como presidente del Gobierno en Agüimes para hablar con Morales. No era la primera vez. El líder de CC ya sabía que el alcalde sería un escollo y antes de las conversaciones con Rodríguez ya había conversado con él. Morales, a pesar de su disgusto, intenta frenar a Roque Aguayro donde varias voces se han levantado para pedir su escisión de Nueva Canarias. Por fin se hace público el salto. El 4 de septiembre se anuncia a los medios de comunicación y el 23 de septiembre se firma. El 20-N se sabrá el auténtico resultado. En 'Fugitivos' les terminaron pillando.