Casi un 20 % de los pacientes con síndrome químico múltiple están desnutridos

31/03/2017
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El 17 % de los afectados con síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM), una enfermedad rara que se caracteriza por una intolerancia a agentes medioambientales aun en muy baja exposición, presentan desnutrición y su calidad de vida es inferior, incluso, a la de los pacientes con cáncer.

Estos son algunos de los datos del estudio de caracterización fenotípica y genotípica en pacientes con SQM llevado a cabo por el Instituto de investigación IMDEA Alimentación, que ha sido presentado este viernes en rueda de prensa.

Ambientadores, limpiadores de hogar, insecticidas, humo, asfalto, medicamentos, tinta, pintura, desodorantes, perfumes, exposición solar, ondas eléctricas o magnéticas son algunos de los tóxicos que desencadenan los síntomas en estas personas, que "tienen miedo a salir" y exponerse a ellos.

Así lo ha asegurado la presidenta de la Asociación de afectados por el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y por el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple (SQM) de la Comunidad de Madrid, María López Matallana.

Esta enfermedad está recogida en el CIE-10 (clasificación internacional de enfermedades) español desde enero de 2014, pero aún no existe registro por lo que se desconoce su prevalencia.

El estudio, en el que han participado 52 personas (48 mujeres y 4 hombres), diagnosticados de SQM o de SQM asociado a síndrome de fatiga crónica (SFC), constata que más de las tres cuartas partes han tenido que abandonar su actividad laboral de forma permanente o transitoria a consecuencia de la enfermedad, a pesar de las dificultades que tienen para que se les reconozca la incapacidad.

Un alto porcentaje (48 %) presenta malnutrición, tanto por exceso (31 %) como por defecto (17 %), y un 84 % tienen una fuerza muscular inferior al percentil 10 (el más bajo).

Ello "desfavorece" al rendimiento físico e intelectual, al estado psíquico y emocional, ya mermados por la enfermedad, y aumenta la dependencia, ha precisado la responsable del estudio, Vivina Loria, quien ha explicado que un alto porcentaje de afectados tiene un desequilibrio energético (por exceso o por defecto) contribuyendo a la malnutrición.

Los pacientes muestran una "marcada" reducción de su calidad de vida, inferior en comparación con población de edad avanzada, pacientes trasplantados, con trastornos alimentarios e, incluso, con cáncer.

Más del 70 % muestra algún grado de depresión, desde leve hasta formas más severas, lo que "no es una causa sino una consecuencia" de la enfermedad, ha señalado la doctora Loria.

Llama la atención el "exagerado" consumo de suplementos y complementos alimenticios (6 diferentes de media y, en algunos casos, hasta 10), lo que representa "un coste importante y sin justificación respecto a la evidencia científica".

El estudio constata que existe "mucha diversidad" en la dieta de los afectados, sobre todo, en cuanto a la exclusión de alimentos (hasta 30 en algunos casos) en función de las pruebas de intolerancia alimentaria que no tienen valor científico y que supone un gasto medio de 350 euros.