Bienvenidos a la primavera

VICENTE ESCOBIO / RUBÉN NARANJO

Estación de románticos, de poetas y de alérgicos, la primavera tiene motivos para alterarnos. Más que en ningún otro momento del año, la naturaleza se nos brinda en múltiples dimensiones. Basta detenernos y observar las variadas formas de vida que nos rodean.

Lo que tiene que florecer florece». Así titulaba uno de los sustanciosos artículos publicados por Günther Kunkel en El Eco de Canarias, haciendo referencia a las escasas precipitaciones del invierno de los años 1973-1974. Como buen observador de la realidad que le rodeaba, el botánico canario-alemán expresaba su asombro por la sequía, señalando que «en mis diez años en esta isla he visto enero como este». A la irregularidad en las lluvias que caracteriza el clima canario, se suman los cada vez más que evidentes cambios atmosféricos a escala planetaria. Lo que viene a determinar que no acaben de marcharse unas estaciones y otras no terminen de llegar. En este caso, el riguroso Kunkel echaba mano de Perogrullo para avalar un hecho incuestionable: los seres vivos deben cumplir sus ciclos vitales, saltándose incluso lo que nos pueda marcar el calendario astronómico con referencia a los equinoccios.

En las islas de la eterna primavera, desde comienzos del invierno, la primavera adelantada se despliega en la floración de numerosas especies vegetales y en la febril actividad de la fauna que depende de ellas. La rica biodiversidad de invertebrados, fundamentalmente artrópodos (arácnidos, insectos, miriápodos, crustáceos) y moluscos (caracoles, babosas), se muestra en todo su esplendor en los primeros meses del año, recordándonos que la vida está presente en cualquier rincón. Como recoge Michael Pollan en La botánica del deseo, «si hay algo que las plantas no pueden hacer es moverse, o de modo más preciso, trasladarse». Hace unos cien millones de años, dieron con miles de modos diferentes de conseguir que los animales las llevasen, a ellas o a sus genes, de un lado a otro. Este hecho fue clave, junto con la aparición de las angiospermas, «una extraordinaria nueva clase de plantas capaz de fabricar flores deslumbrantes y de producir gran cantidad de semillas que otras especies eran persuadidas para diseminar».

Así, las flores son el lugar a donde acuden los insectos a alimentarse de néctar o de polen; pero también pueden ser el escondite perfecto para algunos pequeños depredadores. Cualquier rincón con vegetación, con flores, es un espacio lleno de vida. Desde un cuidado jardín, un espacio natural, unas parcelas cultivadas o un solar abandonado.