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Restorán RC. Patrimonio Histórico por la Unesco. Mario Hernández Bueno
En la capital del 'tripeiro'
Coma y... punto

En la capital del 'tripeiro'

Crónicas gastronómicas y viajeras de Mario Hernández Bueno, Premio Nacional de Gastronomía

Mario Hernández Bueno

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 4 de febrero 2024, 01:02

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Dos horas y media al volante desde Vigo a las que hay que añadir el alquiler del auto, el combustible y los peajes. Después hay que dejarlo en un parking, a 58€ el día, pues conducir en Oporto es un calvario. ¿Qué cómo se resuelve? Tomando un tren, que tarda lo mismo y cuesta la ida y vuelta 16€. Y en la ciudad pedir Bolt, en lugar de Uber, que cuesta la mitad.

Así que estamos en la bella Oporto, cuyo gentilicio trata de la manduca: «tripeiro». Porque sus naturales cedieron a la marinería y tropas de Don Enrique El Navegante todas sus provisiones para que pudieran acometer una de aquellas históricas conquistas por África, Asia y América y se quedaron con las tripas y el estómago de los animales, los callos.

Tras alojarnos en un hotel estupendo, Carris Porto Ribeira, que fue, en el s. XVIII, mercado de abasto, a 30 metros de la Riera del Duero y en misma calle dedicada a ese venerado monarca, decidí cenar. Más que comer deseaba visitar el barrio de Afurada, situado en la Villa de Gaia, hoy como un barrio al otro lado del río, y seguir los pasos de Jamie Oliver, quien hizo allí parada y se regocijó con un auténtico «street food».

El parrillero del San Pedro.
El parrillero del San Pedro. Mario Hernández Bueno

Como casi toda la Portugal urbana, al barrio, otrora de pescadores, lo están remodelando; es decir, pierde el tipismo. Se derriban viejas casas y, en su lugar, se levantan bloques de pisos, hoteles o se convierten aquellos hogares en retocadas viviendas vacacionales. Mas queda algún pequeño chiringuito, y fui al que hizo feliz a Jamie con una parrilla en plena calle, la Taberna San Pedro. Y el mismo paisano que lo atendió me asó cuatro sardinas, la media ración. Y dentro, en el humilde y abarrotado comedor -hacía fresquito- vino una ensalada de lechuga, tomate y cebolla y una cesta con pan de millo ¿De dónde vendrá nuestro pan de millo?, me pegunté. Y me contesté.

Pan tostado, sardina asada y aceite de oliva.
Pan tostado, sardina asada y aceite de oliva. Mario Hernández Bueno

El parrillero, el típico portugués amable y servicial, me asó ocho calamarcitos y me tostó (como a Olivier) una ancha rebanada de pan de trigo, miga prieta, y sobre aquella deposité una de las sardinas grandotas desespinada y la rocié con verde oliva virgen. Los portugueses tienen buen aceite y cuesta menos. Como guarnición, papas sancochadas con sus pieles y otras sin estas. Y ojo, ¡mojo! Y me pregunté ¿De dónde vendrán nuestros mojos? Y me contesté. Con una magnífica Crema catalana y tres cervezas 35€.

Parte del mostrador de la Antiga; servicio de erizos en Antiga y Corte del lomo de la rubia gallega.
Imagen principal - Parte del mostrador de la Antiga; servicio de erizos en Antiga y Corte del lomo de la rubia gallega.
Imagen secundaria 1 - Parte del mostrador de la Antiga; servicio de erizos en Antiga y Corte del lomo de la rubia gallega.
Imagen secundaria 2 - Parte del mostrador de la Antiga; servicio de erizos en Antiga y Corte del lomo de la rubia gallega.

El contraste sería el almuerzo del día siguiente. Y fue en la elegantísima Antiga, la mejor marisquería de Portugal. Está en el barrio portuario y marinero de Matosinhos, que es una muestra más de la pérdida del tipismo y genuinidad, que vimos y gozamos hace años. Todo se va modernizando. Pero aun hay modestos restoranes de pescados, algunos con sus parrillas en plena calle, y está el Mercado de pescados.

Y poco a poco van derrumbando las famosas conserveras de sardinas aunque funciona la más antigua, Pinhais, en donde todo el proceso se hace aun artesanalmente. Joya que no debería perderse. Y allá, en la gran marisquería con unos buenos amigos, nos dimos un banquetazo: jamón ibérico, erizos, ostras, bogavante, percebes y un lomo alto de rubia gallega (traído de Galicia) asado al carbón. Perfecto. Hay que visitar Oporto y comer en esa casa maravillosa, cuyo mostrador es el espectáculo del gran Neptuno y sus guapas sirenas. Servicio de sala fantástico.

Bacalao a la grill en el RC.
Bacalao a la grill en el RC. Mario Hernández Bueno

En los días navideños es difícil elegir restorán. Casi todos cierran. Igual ocurre tanto en Londres como en Palermo, Varsovia, Nápoles... Pero pude cenar en el RC, declarado Patrimonio Histórico por la UNESCO, situado a metros del hotel. En 1894 fue conocido como Casa Forrester, propiedad del gran bodeguero y más importante divulgador de los vinos de Oporto por el mundo barón Forrester.

Gastronómicamente es correcto, aunque más se acude por lo bello. Pedimos sendas cremas de verduras, una Francecinha, que es un «bocadillo» original y más famoso de Oporto: pan, carne, jamón, queso, huevo… ¡de locos!, y un elemental Bacalao a la grill. Todo muy correcto. Con tres cervezas y un agua 60€. Además, la cena se amenizó con un trío de tristes fados.

El 24 de diciembre lo tenía duro para almorzar. Pero mi amigo André Quiroga, nuestro hombre en Lisboa, en Portugal me recomendó varios restoranes típicos en Matosinhos y, previa reserva, que fue una odisea, fuimos a Tito, que está frente al Mercado de pescados. Un figón tan popular como limpio. Y nada digo del servicio, que, como siempre, allá es de admirar. Y me encanta lo de la parrilla en la calle.

Langostinos gigantes en restorán Tito.
Langostinos gigantes en restorán Tito. Mario Hernández Bueno

Dos caldos verdes, la más popular de las sopas portuguesas (nótese que no es un caldo al uso, según la lengua castellana, sino casi un puré de coles y papas) Y me pregunté ¿De dónde nos vendrá lo de Caldo Millo, Caldo macho…? Y me contesté. Dos langostinos gigantes, muy probablemente de Madagascar, calamares a la brasa, papas fritas (de las que ya teníamos olvidadas, maravillosas), Pudin de flan (Tocinillo de cielo), Tarta de galletas, tres cervezas, aguas y café 70€. Todo correcto. Aun sigue siendo barata Portugal.

La más famosa tienda de comestibles.
La más famosa tienda de comestibles. Mario Hernández Bueno

Y antes de tomar el auto para ir a Lisboa hay que visitar el Mercado de Bolhao, en pleno centro, y la antigua tienda de alimentos La Perola do Bolhao, también en la más famosa de las calles: Santa Catalina. O comer el bocadillo Francecinha en donde se inventó: el Café Santiago. O parar en el café de los intelectuales, el bellísimo Majestic. Y, finalmente, no puedo dejar de saludar con cariño y admiración a Cándida Dias, la amabilísima recepcionista que nos colmó de atenciones. ¡Qué gente esa… la portuguesa!

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