a portavoz de Podemos, Isa Serra. / EFE

La dirección de Podemos cierra filas con Iglesias y le desvincula de la debacle electoral

Las elecciones vascas y gallegas vuelven a poner en evidencia la falta de la estructura territorial del partido y sus continuos conflictos internos

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

La «derrota sin paliativos» de Unidas Podemos en las elecciones gallegas y vascas ha vuelto a poner de relieve las dificultades que tienen los proyectos territoriales de la formación cuando no concurren de la mano de otras fuerzas locales. Tras la debacle, los de Iglesias se aferran ahora a su presencia en el Gobierno y a los discretos resultados del PSOE para intentar pasar página o, al menos, firmar las tablas con sus compañeros de coalición.

Mientras tanto, la dirección del el partido cierra filas en torno a su líder, Pablo Iglesias, y le desvinculan del fracaso. La portavoz de Podemos, Isa Serra, asumió este lunes que se debe hacer una «gran reflexión sobre el mal resultado», pero evitó señalar las causas de la derrota. Ese análisis llegará «en los próximos días», señaló. Será cuando se convoque a la comisión ejecutiva, que no tiene fecha prevista.

Pero los motivos parecen evidentes. En Galicia, donde los morados pasaron de ser la segunda fuerza a ser borrados del Parlamento tras su ruptura con las 'mareas', ni siquiera sirvió explotar en los mítines el prestigio adquirido entre los votantes de izquierdas por la ministra de Trabajo, la ferrolana Yolanda Díaz. El apoyo de sus electores fue a parar en masa a los nacionalistas del BNG. Un trasvase que se explica en buena medida por los recelos que despierta en la organización gallega el control que ejerce la dirección desde Madrid, que ha quitado y puesto candidatos.

En Euskadi, el mensaje de la campaña se basó en intentar sumar un tripartito con el PSE y EH Bildu. Una alianza en la que ni los hipotéticos aliados creían, y que, por supuesto, no caló (pasaron de once a seis escaños). Elkarrekin Podemos es una fuerza nueva con una organización débil», apuntó la coordinadora autonómica de Podemos, Pilar Garrido, que evitó culpar a la dirección nacional. La candidata, Miren Gorrotxategi, fue impulsada por Iglesias en detrimento de Rosa Martínez, la aspirante apoyada por la militancia.

La sensación de derrota que existe en la formación contrasta con la placidez con la que el propio Iglesias vivió hace apenas un mes su reelección en la III Asamblea Ciudadana del partido. Ni el portavoz en el Congreso, Pablo Echenique, ni él ocultaban que era el momento, cuando al fin las aguas estaban en calma y las voces críticas se habían marchado, de cimentar la tan anhelada estructura territorial que había tenido que ser pospuesta una y otra vez por las urgencias. «Me gustaría que Podemos tuviera una implantación territorial como la de PP y PSOE, que tienen muchos más años que nosotros», reconocía en junio el líder morado en una entrevista a este periódico.

Pero con todo, lo alarmante es la progresiva pérdida de apoyo en las urnas que lastra a Podemos desde que tocón techo en las generales del 26 de julio de 2016, en la que obtuvieron 71 escaños en el Congreso. Desde entonces la cifra ha ido descendiendo hasta los 35 actuales que, aunque se camuflan por el mayor poder político que los de Iglesias han conseguido con su entrada en el Gobierno, también se ha visto reflejado en estas autonómicas.

Podemos «ya no existe»

Si dentro de casa se evitó la caza de brujas, los reproches vinieron de fuera. El que fuera mano derecha de Iglesias y ahora lidera Más País, Iñigo Errejón, afirmó este lunes en Twitter que Podemos «ya no existe. Existe una cosa que se llama UP y que tiene los resultados de siempre de IU», además calificó los resultados del que fuera su partido como «un cierre de ciclo» y que «la alternativa será plurinacional».

El cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero también cargó las tintas, a pesar de su afinidad con Iglesias, porque «sigue sin dedicar el grueso de sus energías a lo que debe, que es construir partido». Más duro fue el ex secretario general de Podemos en Madrid, Ramón Espinar, que acusó a Iglesias de «sectarismo, agresividad con los medios y expulsión sistemática de la disidencia y el talento».