Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado, este sábado, durante un acto electoral en Pozuelo de Alarcón (Madrid). / EFE

PSOE y PP dudan que el choque Vox-Iglesias produzca un vuelco

Los socialistas, inquietos por el nulo éxito de su campaña, confían aun así en que ayude a movilizar a la izquierda

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

A apenas diez días para las elecciones del 4 mayo en la Comunidad de Madrid, en el PSOE tenían ya una certeza y un hondo temor. La certeza era que la implicación directa de Pedro Sánchez en la campaña de Ángel Gabilondo, monitoreada desde la Moncloa por el jefe de gabinete del presidente, Iván Redondo, no había servido para ganar un solo voto. El temor, que lejos de ejercer como reclamo para la izquierda, la figura del jefe del Ejecutivo se hubiera convertido, como la de Pablo Iglesias, en un activo movilizador para la derecha. La situación se veía muy negra. Tanto que en el entorno del presidente se cifraba en un escaso 1% las probabilidades de gobernar. Hasta que el viernes el tablero recibió una sacudida. Pero son pocos los que creen que pueda resultar determinante.

El episodio protagonizado durante el debate electoral de la Ser por la candidata de Vox, Rocío Monasterio, al hilo de las amenazas de muerte recibidas por Pablo Iglesias a través de una carta anónima con cuatro balas dirigidas tanto a él mismo como a sus padres y su pareja, la ministra de Igualdad Irene Montero, tendría, en principio, suficiente calado para convertirse en el revulsivo que ansiaba el bloque de la izquierda para sacar a parte de su electorado de la abstención o la indecisión. La duda es si será suficiente para producir un vuelco. «Si las elecciones fueran este mismo domingo, podría ser; pero quedando más de una semana resulta aventurado decir que lo cambia todo», admiten fuentes de la dirección socialista.

En el Gobierno se muestran igualmente cautos. «Tanto como convertir los sondeos en papel mojado no va a ser, pero le meterá un buen 'meneo' a la campaña», apunta con cierta esperanza un alto cargo cercano al presidente del Gobierno. «Desde luego, es algo que genera indignación y que mancha mucho la imagen del PP, pero la trascendencia de lo que pasa antes de las elecciones siempre se ve mejor 'a posteriori'. Ocurrió incluso con el 11-M», remata un ministro, haciendo también gala de un moderado optimismo.

El problema, según apunta un veterano asesor electoral vinculado durante años al PSOE, es que aunque haya que esperar una movilización fuerte de la izquierda que introduzca en el juego a un Pablo Iglesias que volvía a estar «peligrosamente al borde del 5%» de los votos necesarios para entrar en la Asamblea, no cabe prever inhibición de la derecha. «Para invertir la situación sería necesario que una hipermovilización en Fuenlabrada (territorio PSOE) fuera acompañada de una desmovilización en el barrio de Salamanca (territorio PP) y eso no va a pasar», resume.

En el PP también cuestionan que, con las tendencias apuntadas por la mayoría de los sondeos, un incidente propio de la «teatralidad de la política» pueda alterar de manera significativa los últimos pronósticos. Sobre todo porque, argumentan, es difícil que, incluso en esta ocasión, se otorgue a Iglesias el carácter de víctima. Lo que cabe, según coinciden algunas fuentes, es que Vox gane visibilidad e incluso mejore su posición relativa frente a Díaz Ayuso, que hasta ahora ha sido capaz de taponar su crecimiento.

La aspiración más realista de los populares no es tanto lograr la mayoría absoluta, objetivo que parece difícil de alcanzar, como obtener por sí solos más escaños que la suma de los tres partidos de la izquierda. Ese escenario situaría a Isabel Díaz Ayuso en posición de fuerza porque le permitiría superar una sesión de investidura por mayoría simple, en segunda vuelta, sin necesidad de grandes cesiones a la formación de la extrema derecha, cuyo voto a favor sería innecesario.

El botín de Ciudadanos

Ninguna encuesta dibuja a día de hoy un planteamiento tan favorable para la presidenta madrileña a pesar de que todas le colocan a enorme distancia de sus adversarios. Pero una mejoría siquiera mínima en las perspectivas electorales del PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos juntos, unida a un pequeño repunte de Monasterio haría aún más complicado ese anhelo de la dirigente popular, que aún puede tener, según la encuesta 'flash' del CIS de esta semana, cierto margen de crecimiento entre los antiguos votantes de Ciudadanos. Un alto porcentaje de estos, más del 50% (en torno a 300.000 que se traducirían en 14 o 15 escaños) ya se han decantado por el PP, pero aún hay un 21% de indecisos en el granero de la formación liberal.

Las cosas pintan, en todo caso, mal para las fuerzas de izquierda y, especialmente, para el PSOE. Ninguno de los resortes activados por los estrategas de su campaña han funcionado. No creen que el debate electoral del miércoles en Telemadrid, donde todo se fiaba a un patinazo de Díaz Ayuso, moviera nada. Ni ha sido posible hacerse con el botín que deja el partido de Inés Arrimadas en su caída al vacío, como pretendían los socialistas (apenas han rascado 17.000 votos, según el CIS; ni un escaño) ni hay rastro del 'efecto Moncloa' que supuestamente impulsó al exministro de Sanidad, Salvador Illa, en las elecciones catalanas del padado 14 de febrero. Más bien, al contrario.

A pesar de que detecta que la precampaña ha servido para mejorar la movilización en la izquierda, aún menos activada que la derecha, el último estudio del centro que dirige el socialista José Félix Tezanos apunta a una caída en la intención de voto de los socialistas de casi dos puntos respecto al sondeo que publicó hace dos semanas. El PSOE cada vez transfiere más voto a Más Madrid, dentro de su bloque (un 12,2%), pero que también hay trasvase al PP (un 6,2% frente al 5% del estudio anterior).