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Los candidatos Harris (demócrata) y Pence (republicano), durante el debate. Reuters
Los segundos de Trump y Biden se enfrentan en un único debate

Los segundos de Trump y Biden se enfrentan en un único debate

El tono respetuoso y la definición de dos posturas ideológicas no impidió que el vicepresidente ignorase a la moderadora y diese órdenes a su rival

Mercedes Gallego

Nueva York

Jueves, 8 de octubre 2020, 05:11

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Tenían una sola oportunidad y no la desperdiciaron. Kamala Harris y Mike Pence, que compiten por el cargo de vicepresidente para los próximos cuatro años, se enfrentaron dialécticamente anoche en el escenario de Salt Lake City (Utah) con una civilidad destacable, más que nada por lo bajo que quedó el listón la semana pasada con el duelo entre sus jefes, Joe Biden y Donald Trump.

Su misión era precisamente defenderlos y lo hicieron bien, pero no lo suficiente como para convencer a algún indeciso, si es que queda en esta contienda. Como su jefe, Pence parece sufrir del oído, porque cada vez que la moderadora Susan Page le llamaba al orden por pasarse de tiempo, él se imponía desafiante para seguir hablando. Hay quien cree que el vicepresidente tiene un problema con la autoridad femenina, porque a Harris le ordenaba que le contestase a sus propias preguntas y a la moderadora la ignoraba tanto como la mosca que tuvo posada sobre el cabello medio debate.

La mosca fue sin duda la ganadora del debate en las redes sociales, donde hizo las delicias de los tuiteros, aburridos con un debate cívico a la antigua usanza que ofrecía el contraste de dos posturas ideológicas, sin más. La senadora por California tuvo su mejor momento cuando se negó firmemente a escuchar lecciones del vicepresidente sobre cómo aplicar la ley para velar por la seguridad pública, tras haber sido la primera mujer que ocupase el cargo de fiscal general en California. Por ahí la atacó también Pence, al recordar que durante su mandato los afroamericanos tenía 29 veces más de posibilidades de ir a juicio que blancos o hispanos.

Era un ataque que Harris no iba a dejar pasar, como descendiente de color de madre india y padre jamaicano, decidida a reivindicar «la belleza de nuestra diversidad». Al contrario, representaba una oportunidad para atacar el racismo de Trump, al que Pence excusa con el argumento de que «tiene nietos judíos». Esa coartada no le valió de mucho, aunque lograra presentarse a él y a Trump como los defensores de la libertad, frente a la papeleta que impondrá su voluntad por decreto, subirá los impuestos «el día 1», sólo a los que ganen más de 400.000 dólares al año, aclaró Harris, asfixiará la economía con costosas políticas energéticas y enredará al gobierno con más burocracia.

Coronavirus

Harris, por su parte, le venció en el primer asalto al demostrar sin lugar a dudas de que la pareja de gobierno es responsable por la muerte de más de 200.000 estadounidenses y la enfermedad de siete millones y medio. Desde final de enero conocían la peligrosidad del virus y no se lo comunicaron a los estadounidenses ni para que ellos mismos tomaran las medidas oportunas, recordó ella.

Pero Pence se le escapó a Harris y a la propia moderadora a la hora de comprometerse a aceptar el resultado de las elecciones, algo que evadió redirigiendo la culpa al partido de Harris y Pence, «que lleva tres años y medio intentando revertir el resultado de las pasadas elecciones» de 2016 en las que ganó Trump.

Esa era una incógnita que Pence quería dejar abierta, porque su misión anoche era enjuiciar a la administración de Obama a través de su vicepresidente que ahora busca continuar sus políticas. Según un miembro prominente partidario de ese gobierno, Joe Lockhart, que fue portavoz de Bill Clinton en la Casa Blanca, «no es cierto que Harris no cambiara ayer el voto de nadie: las mujeres han odiado a Pence esta noche», tuiteó.

La suya al menos subió a abrazarle tan pronto como el candidato salió del fuerte de plexiglass que se había instalado para evitar contagios, pero no llevaba mascarilla, a diferencia del marido de Harris. La campaña de Biden está empeñada en que se la recuerde como la del civismo. La de Trump, como la de la libertad. Falta ver cuál de esas opciones es la que compran los votantes el próximo 3 de noviembre.

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