Donald Trumpo en el aeropuerto Sanford International de Orlando (Florida) / Reuters

Ganar Florida

JOSÉ M. DE AREILZA

En noviembre de 2016 viví en Miami las elecciones en las que Donald Trump sorprendió al mundo. Al día siguiente, en la universidad en la que enseñaba, muchos profesores y estudiantes no se lo podían creer. Su reacción confirmaba que habitaban en una burbuja urbana y multicultural: «no conozco a nadie que haya votado por él...» Florida fue entonces uno de los estados decisivos para los republicanos, en el que ganaron por apenas un 1% de diferencia. En 2020, dicho territorio cobra todavía más importancia electoral. Desde que empezó la campaña los demócratas se han volcado, en especial cortejando a los mayores, hasta alcanzar la actual ventaja del 5%. Si Trump no le da la vuelta a este sondeo y se lleva los 29 votos de Florida, se queda sin su mejor baza -casi la única- para sumar suficientes compromisarios en el colegio electoral.

Por eso en cuanto ha podido se ha presentado ahí, para anunciar que no solo que está curado, sino que es inmune y se siente poderoso. Ha bailado sobre el escenario del mitin en el aeropuerto de Sanford al son de la mítica canción YMCA, de Village People, («young man…») y ha ofrecido repartir en todos los hospitales del país el mismo tratamiento experimental que recibió hace once días, dando la vuelta al argumento de los demócratas, que lo acusan de negligencia en la gestión de la pandemia. Sobre todo, Trump ha ido a Florida a la busca del voto hispano, en especial de tres grupos de inmigrantes: cubanos, venezolanos y colombianos, aunque también ha hecho promesas a los portorriqueños, a pesar de que sopesó vender la isla tras los dos huracanes de 2017 o al menos intercambiarla por Groelandia. Su estrategia es simplista y emocional, asociar a Joe Biden con dictadores como Nicolás Maduro y Fidel Castro.

Si en la recta final de la campaña sus tácticas funcionan y acaba repitiendo victoria en ese estado, Biden tiene otras maneras de acabar ganando. Pero en la noche electoral, sin haber contado todavía los votos por correo, el éxito demócrata en Florida aportaría claridad: Trump empezaría a ser percibido como un jubilado más que juega al golf en Palm Beach.

José M. de Areilza es doctor en Derecho por la Universidad de Harvard, Secretario General de Aspen Institute España, miembro del Colegio de Abogados de Nueva York y profesor de ESADE.