Hamlet, en el Frente Amplio

ALBERTO SURIO

Pere Aragonès habló en la noche del domingo de gobierno de 'frente amplio' en favor del derecho de autodeterminación y de la amnistía, un concepto que encandila a Arnaldo Otegi y que se inspira en algunas coaliciones progresistas de América Latina. Lo hizo con semblante casi presidencial, con un mensaje en inglés que sentó como un jarro de agua helada en el PSOE porque suponía reabrir la retórica del procesismo. La mayoría absoluta de los 'indepes' apunta la posibilidad de una coalición entre ERC y Junts de claro continuismo, pero con Aragonès al timón, lo que cambia el liderazgo. No es una anécdota que sea Esquerra la que inicia el concierto. La experiencia de los últimos años aconseja cierta prudencia en dar por segura la fórmula porque la volatilidad de la política catalana es muy elevada. Y los comunes no quieren participar con la formación de Carles Puigdemont en ningún experimento. Atención al dato porque esta lógica de la exclusión alienta una idea, que la legislatura puede ser distinta y que el cambio de ciclo, con todas sus contradicciones, solo acaba de empezar.

Con las horas se han apaciguado los ánimos. Laura Borràs, de Junts, recalcó ayer que el independentismo tiene la mayoría absoluta de los votos y se ha agarra a la cifra como si fuera un talismán mágico para presionar a ERC a repetir una coalición que necesitaría el concurso de las CUP que, como se sabe, es imprevisible.

Todo está cogido con hilvanes. Es verdad que en el seno de los dos bloques, ERC ha ganado por poco margen en el secesionismo la batalla frente a Junts y el PSC ha sustituido el papel de Ciudadanos entre los no nacionalistas. Es decir, los actores que apuestan por una salida dialogada han salido reforzados de las urnas, pero, a la vez, tienen limitados sus márgenes de maniobra. Los de Esquerra, porque aunque Puigdemont ha perdido la primacía y su derecho a abrir el baile, aún maneja ciertos hilos desde la trastienda emocional. Los republicanos dudan porque, históricamente, Hamlet está instalado en la sala de máquinas de Esquerra.

Su estrategia posibilista en Madrid ha aprobado el examen, pero el marcaje de la línea dura del independentismo les condiciona. Y los socialistas saben que, aunque han salido triunfadores en Cataluña, no tienen suficientes aliados para pasar de página del todo y su apuesta de diálogo con el independentismo está acotada por la ley. Tanto el reconocimiento del derecho de autodeterminación como la amnistía desbordan su campo de negociación.

En ese contexto, la legislatura será distinta. El PSC presentará a Illa a la investidura, en principio, y ejercerá una oposición constructiva para dar la batalla definitiva dentro de cuatro años y apostar primero por recuperar la Alcaldía de Barcelona. Ambición política, mano tendida y oferta de diálogo al president Aragonès. Y no hay que descartar una abstención activa del PSC que permita a ERC navegar con relativa estabilidad y reorientar el rumbo estratégico. El trasatlántico empieza a hacer el giro, pero necesita cobertura y tiempo. Los indultos, en el horizonte y al fondo, son el combustible que requiere el barco para salir de puerto y hacerse a la mar.