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Paisaje volcánico de La Geria. HOLA ISLAS CANARIAS
Lanzarote: La isla que no se parece a ninguna

Lanzarote: La isla que no se parece a ninguna

CANARIAS7

Arrecife

Viernes, 7 de junio 2024, 22:57

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Lanzarote es sinónimo de volcanes, campos de lava, rocas de formas imposibles, tierras negras y rojizas que contrastan con las típicas casas blancas, el azul del mar y el celeste del cielo. El paisaje de la más oriental de las Islas Canarias se completa con austeras montañas de suave relieve, hermosas playas de arena blanca y dorada, frondosos palmerales… y el silencio, que también forma parte del enigmático paisaje lanzaroteño. En esta isla Reserva de la Biosfera tienen cabida animados centros turísticos y pequeñas localidades donde se respira tranquilidad. Conviven así los grandes hoteles y bungalows de los núcleos costeros con las casas rurales, villas y hoteles boutique de los encantadores pueblos del interior. Una completa oferta de primer orden para garantizar las mejores vacaciones en cualquier época del año disfrutando del extraordinario clima. Inmejorables condiciones que, junto a infraestructuras y servicios de calidad, han encontrado en esta isla aficionados y profesionales a todo tipo de deportes para sus entrenamientos.

El desarrollo de Lanzarote se ha realizado de manera sostenible y en armonía con el entorno, gracias especialmente a la labor incansable del artista universal César Manrique quien, además de intervenir en el paisaje con su enorme talento, supo transmitir a sus paisanos el amor y respeto por su tierra. Una tierra en la que turismo, arte y naturaleza se dan la mano.

Además de recorrer los paisajes volcánicos, en Lanzarote también podemos encontrar la revitalización perfecta en sus maravillosas playas, relajarnos tumbados al sol sobre la arena blanca o dorada, y refrescarnos en cristalinas aguas turquesas.

Muchas de ellas son ideales para los más pequeños de la familia al quedar resguardadas del oleaje y las corrientes, al igual que las piscinas naturales que se han formado al abrigo de las lenguas de lava que llegaron al mar tras las erupciones.

También las hay para quienes disfrutan con las olas o de largos paseos por la orilla; para los que buscan la soledad o, por el contrario, prefieran animadas playas y puertos deportivos con todos los servicios de ocio, restauración y comercios para completar un día perfecto.

El Parque Nacional de Timanfaya es la máxima expresión del volcanismo en la isla y una de las más representativas del archipiélago canario. Un paisaje áspero, contundente, salvaje, donde el silencio más sepulcral cobra también especial protagonismo. Las Montañas del Fuego pueden visitarse en un recorrido guiado en autobús, durante el cual permanecemos sobrecogidos por un horizonte abigarrado, ocupado por conos volcánicos, campos de lava, rocas de formas caprichosas… Un conjunto para el que la naturaleza ha elegido una especial paleta de colores, en la que se mezclan las tonalidades rojas y naranjas con los ocres, pardos y negros.

El Diablo de Timanfaya da la bienvenida al Parque Nacional.
El Diablo de Timanfaya da la bienvenida al Parque Nacional. HOLA ISLAS CANARIAS

Muy próximo a la entrada del Parque Nacional se encuentra el Echadero de camellos, el lugar donde es posible subirse a lomos de este extraordinario animal y experimentar una ruta por los volcanes sintiendo la brisa y el crujir de los fragmentos de lava, rodeados de un paisaje estremecedor. Y esto no es todo, pues el volcanismo se manifiesta en cualquier rincón de Lanzarote: en la costa, en los campos de cultivo, en los pueblos del interior. Sin embargo, pese a las extremas condiciones del entorno, varias generaciones de isleños han sabido obtener el máximo provecho de una tierra aparentemente estéril. Sí, solo aparentemente, porque esta isla guarda muchas sorpresas bajo su manto volcánico.

En Lanzarote también podemos adentrarnos en el fascinante mundo subterráneo creado por las erupciones. Cuevas y túneles volcánicos que pueden visitarse gracias a las actuaciones realizadas de manera respetuosa y sostenible. Espacios como los Jameos del Agua, en el que intervino la mano del genial artista César Manrique, o la Cueva de los Verdes, son claros ejemplos que nos ofrecen la oportunidad de conocer los secretos de las entrañas de la tierra.

El paisaje de La Geria es una de las mayores sorpresas que guarda Lanzarote. Una gran extensión cubierta por pequeños fragmentos de negra roca volcánica, expulsados durante las erupciones de Timanfaya, es aprovechada por los agricultores lanzaroteños para el cultivo de la vid. Este material es capaz de retener la humedad de la noche, imprescindible en una isla donde las precipitaciones son escasas. Una técnica tradicional que se completa con los característicos muros de piedra para proteger a las vides del viento, creando así un paisaje espectacular y único en el mundo.

Los vinos resultantes, con Denominación de Origen, son especiales y reconocidos internacionalmente. Lo mejor de todo es que se pueden degustar en alguna de las bodegas mientras disfrutamos de la belleza del entorno.

Lanzarote tuvo la suerte de tener al genial César Manrique, un artista polifacético universal que supo como nadie conjugar arte y naturaleza. Defensor a ultranza de los espacios naturales y profundamente enamorado de la isla que lo vio nacer, solo intervenía en ellos para mejorarlos y que se convirtieran en lugares para ser admirados eternamente.

En Lanzarote dejó gran parte de su legado artístico. Quizá el máximo exponente sea los Jameos del Agua, uno de los centros turísticos más visitados de la isla, donde Manrique desplegó toda su genialidad. Este túnel volcánico, con su famoso y espectacular auditorio natural, alberga una formación geológica muy singular, un lago interior originado por filtraciones marinas en el que vive un pequeño crustáceo blanco y ciego, único en el mundo.

El Mirador del Río es otra de sus creaciones. Perfectamente integrado en el entorno, desde esta atalaya natural situada sobre los impresionantes acantilados de Famara se contemplan espectaculares vistas del Archipiélago Chinijo, formado por la isla de La Graciosa y cuatro islotes. En el excepcional paisaje de Timanfaya supo incorporar de manera magistral el restaurante El Diablo, cuerpos cilíndricos acristalados que nos hacen sentir parte del entorno volcánico.

A esta ruta para admirar la obra del artista inigualable hay que añadir, además del Jardín de Cactus, el Castillo de San José y el Museo del Campesino, la que fue su casa en el Taro de Tahiche -hoy sede de la Fundación-, edificada sobre una colada de lava. También es imprescindible la visita a la Casa-Museo César Manrique en Haría, una antigua vivienda de labranza situada en el interior de un palmeral que rehabilitó para vivir y trabajar allí hasta su fallecimiento en 1992 por un fatídico accidente de tráfico.

Siendo la isla diferente, es de esperar que sus pueblos también lo sean. Las sucesivas erupciones volcánicas que han dibujado el paisaje actual han resultado igualmente determinantes para los asentamientos donde la vida discurre entre volcanes y lava. No ha sido fácil, pero el resultado es inmejorable, tanto para los lugareños como para quienes visitan este inusual territorio insular.

De hecho, en la extensa superficie que ocupa el Parque Natural de los Volcanes únicamente existe un núcleo de población, El Golfo, pintoresco pueblo marinero al que hay que visitar para degustar un exquisito pescado fresco. Yaiza, primer enclave europeo en el archipiélago canario, se encuentra en el borde del área sepultada por las erupciones volcánicas de Timanfaya. Esta encantadora localidad destaca sobre todo por su cuidada arquitectura tradicional.

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