Imagen aérea de Maspalomas que aparecía como documentación en el concurso. / C7

Aquellos tiempos de 45.000 turistas y muchos esperando

La consulta ahora de las bases del concurso de ideas convocado en 2021 es casi un viaje en el tiempo, a una Gran Canaria con un gran potencial

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria.

El libro editado por la familia Condal en su día con las bases del concurso es ya una pieza de coleccionista. No solo porque escaseen los ejemplares y porque era una edición casi de lujo, sobre todo para la época, sino también por su valor desde el punto de la investigación histórica, económica y también social.

De entrada, conviene poner en valor la apuesta medioambiental que respiraba la iniciativa. Se quería ver la posibilidad de hacer negocio turístico con una franja de terreno inmenso, pero también se tenía claro que no se trataba de destruirlo todo. Y era así porque se partía de la convicción de que, además de las bondades de clima, el paisaje era uno de los grandes polos de atracción para el turista, con las Dunas y la Charca como elementos a preservar. Conviene recordar que estamos hablando de la España del desarrollismo franquista y de un territorio alejado y bastante olvidado por Madrid como las islas, en un Estado donde el concepto actual de impacto ambiental era impensable.

Prueba de que todo estaba por hacer, en la memoria descriptiva del concurso se puede leer lo siguiente: «La electricidad es producida en la isla de Gran Canaria por centrales térmicas.. En la actualidad la zona que se pretende urbanizar carece de ella, pero existe la posibilidad de traer fluido desde Las Palmas, donde existe la central más importante de la isla o bien construir una en las proximidades de Maspalomas para cubrir sus necesidades».

¿Y cuál era la realidad turística en aquel momento? En el documento siempre se hace referencia a Las Palmas para referirse a la isla -muy habitual en la época- y se subraya que en realidad el negocio turístico ha empezado a adquirir algo de relevancia en los últimos cuatro años. Las cifras de llegadas de visitantes lo dicen con claridad: 23.701 en 1958;24.957 en 1959 y un despegue ya en 1960, con 45.129 turistas. Seguidamente se añade que hay un 25% o 30% más que se aloja en apartamento o casas particulares sin constar en registro oficial alguno y se subraya que «por falta de alojamientos» se ha rechazado entre un 20 y un 25% de la demanda.

En cuanto a la estancia media, se aporta un día que hoy firmaría cualquier empresario hotelero con los ojos cerrados: «El tiempo medio de estancia se calcula entre 15 y 20 días»