España registra la segunda mayor caída de los salarios de la OCDE

La organización advierte que los trabajadores perderán este año 4,5 puntos de poder adquisitivo, un recorte solo superado por Grecia, y pide a los Gobiernos una subida de los salarios mínimos

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOS Madrid

La escalada sin freno de la inflación está impactando de lleno en los bolsillos de los trabajadores, en mayor medida en España que en el resto de países del mundo. Así lo advierte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en un informe publicado este viernes, en el que estima que los salarios reales (es decir, descontando el efecto de la inflación) caerán en España el doble que la media de los países más avanzados y provocará una pérdida de poder adquisitivo del 4,5% este año. Se trata de «uno de los descensos más fuertes observados entre los países de los que se dispone de datos -solo superado por Grecia- y un recorte sustancial del poder adquisitivo de los trabajadores, ya que los precios al consumo en España siguen subiendo a niveles máximos históricos», señala la organización.

Efectivamente, los salarios de los trabajadores protegidos por el paraguas de los convenios se elevaron de media un 2,6% hasta agosto, cifra ligeramente superior al dato de julio (2,56%) y el mayor alza del siglo XXI -según los últimos datos de negociación colectiva publicados este viernes por el Ministerio de Trabajo-, pero supone una importante pérdida de casi ocho puntos de capacidad de compra, puesto que la inflación se situó en agosto en el 10,4%.

Además, la OCDE prevé que el valor real de los salarios siga descendiendo durante 2022, al tiempo que la inflación seguirá previsiblemente en tasas elevadas y, en general, muy por encima de los niveles previstos en los correspondientes convenios colectivos suscritos para 2022.

El organismo denuncia que esta crisis en el coste de la vida está afectando «de forma desproporcionada» a los hogares con menores ingresos, que ya eran el segmento de población más rezagado en la recuperación del empleo tras la pandemia y se ven ahora obligados a dedicar una parte de sus ingresos mucho mayor que otros colectivos a la energía y la alimentación.

Por eso considera «esencial» respaldar los salarios reales de los trabajadores que tienen remuneraciones más bajas y pide a los Gobiernos estudiar fórmulas para ajustar los salarios mínimos oficiales y mantener de forma efectiva el poder adquisitivo de los trabajadores que tienen sueldos bajos. Precisamente lo hace cuando en España está más vivo que nunca el debate en torno a cuál debe ser la nueva subida del salario mínimo para 2023, ante la petición de los sindicatos de llevarlo a los 1.100 euros al mes y la reticencia de los empresarios a otro nuevo alza.

«La implantación de transferencias sociales, con carácter temporal, sujetas a una comprobación de recursos y enfocadas a las personas más afectadas por las subidas de los precios de la energía y los alimentos también respaldaría los niveles de vida de los más vulnerables», sostiene por otra parte.

A su vez, señala que «en las circunstancias actuales es fundamental que se entable un debate activo en torno a los salarios entre Gobiernos, trabajadores y empresas, dado de ninguno de ellos puede absorber por sí solo el coste asociado a la subida de los precios de la energía y de los productos básicos». Para ello, urge a dar un nuevo impulso a la negociación colectiva, al tiempo que se reequilibra el poder de negociación entre empresarios y trabajadores y se permite a los empleados negociar su salario en igualdad de condiciones, algo que en España se podría lograr si viera la luz el pacto de rentas que en su día anunció el presidente, Pedro Sánchez, pero que no parece probable que llegue a prosperar.