A. Gómez

Los alimentos y los carburantes en máximos tiran del IPC hasta el 8,7%

Los carburantes se encarecen un 32% en un año y los productos frescos un 23%, lo que tira de la inflación de mayo casi medio punto desde abril

Edurne Martínez
EDURNE MARTÍNEZ Madrid

En marzo la inflación llegó a su récord rozando el doble dígito (9,8%), la tasa más alta en cuatro décadas, pero en el mes de abril la situación se fue moderando ligeramente hasta el 8,3%. Una tendencia que se rompió en mayo volviendo a subir hasta el 8,7%, según confirmó ayer el INE. La inflación de mayo fue cuatro décimas más alta que la de abril, la más elevada desde el año 1986.

Este empeoramiento se debe a que los precios de los carburantes y de los alimentos han subido de nuevo en mayo, por lo que pese al abaratamiento de la electricidad, la tasa de inflación sigue al alza. Desde el INE destacan la variación de la inflación subyacente (que no incluye alimentos frescos ni productos energéticos), ya que ha subido cinco décimas de abril a mayo hasta situarse en el 4,9%, la tasa más alta desde octubre de 1995.

Según los datos del INE, los carburantes han subido un 3,8% desde abril hasta mayo y un 32,2% en un año. De hecho, esta semana el precio medio de la gasolina ha alcanzado un nuevo máximo histórico al situarse en 2,12 euros/litro de media, mientras que el diésel está en 2 euros/litro.

El problema de la subyacente

Asimismo, que la cesta de la compra sea lo que está tirando del IPC es un problema mayor que cuando lo hacía la energía, ya que la inflación subyacente es una tasa más complicada de bajar que la general. «Es una tasa que tiende a perpetuarse en el tiempo», explica el director de Coyuntura Económica de Funcas, Raymond Torres. Esto conlleva una «pérdida de competitividad para España».

Para hacerse una idea de cómo ha cambiado la situación, hace solo un año la inflación subyacente se situaba en el 0,2% (el IPC general, en el 2,7%). A partir de junio de 2021 fue comenzando su escalada, en septiembre llegó al 1% y solo dos meses después ya había ascendido hasta el 2,1%. El febrero, cuando comenzó la guerra de Ucrania, ya estaba en el 3%, llegó al 4,4% en abril y ha alcanzado el 4,9% en mayo.

Llama la atención cómo han subido de precio productos tan básicos de la cesta de la compra como el aceite o el pan. En el primer caso, el INE ha registrado un encarecimiento de nada menos que del 44,7% desde mayo del año pasado, mientras que el pan ha subido un 12,6%. También los huevos se han alzado un 25,3% y los cereales, un 16,3%.

Más allá de los alimentos, lo que más sube en mayo son los carburantes (32%), la calefacción (32%), el transporte personal (15,3%), los muebles (8,8%) y los servicios de turismo y hostelería (6,6%).

En tasa mensual, el IPC registró un repunte del 0,8% respecto a abril,en contraste con la rebaja del 0,2% que experimentó el mes anterior. Es la mayor subida de la inflación en un mes de mayo desde 2018.

Por su parte, el IPCA, que proporciona una medida común de la inflación para poder hacer comparaciones internacionales, se situó en mayo en el 8,5% en tasa anual, dos décimas por encima de la de abril.

Desde el Ministerio de Asuntos Económicos responden que este repunte está por debajo del máximo registrado en marzo y que las medidas de respuesta al impacto de la guerra (como la subvención a los carburantes) «claramente están limitando el alza de los precios». Por ello, mantienen su previsión de que la inflación irá desacelerándose progresivamente durante la segunda parte del año, aunque «sin descartar oscilaciones durante los meses de verano» por la alta incertidumbre por el contexto económico global. Pero las previsiones de algunos organismos como la OCDE ya no son tan optimistas y vaticinan una inflación que termine el año en el 8,1%.