Un operario en el gasoducto NordStream. / EFE

Europa encaja el corte de gas ruso más pendiente del precio que del suministro

Los socios tratan de rebajar la preocupación ante una interrupción casi esperada, mientras Siemens niega que la fuga justifique la drástica medida de Putin

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

La nueva vuelta de tuerca que ha dado Moscú al grifo que inyectaba gas a Europa no parece haber resultado una sorpresa para los socios comunitarios, a pesar del impacto que tiene la interrupción 'sine die' del suministro a través del gasoducto Nord Stream I. Los líderes europeos se pronunciaron este sábado tras la decisión de Gazprom de cortar la provisión gasista por una fuga detectada y que, a su juicio, le impide trabajar con normalidad.

Desde antes del verano, Europa había asumido que Rusia podía tomar esta decisión en cualquier momento y ante cualquier eventualidad. A mediados de junio, el Nord Stream I ya estuvo paralizado diez días por mantenimiento. Se reabrió, pero a cuentagotas y en una proporción mínima con respecto a su capacidad total, transportando solo un 20% de lo que puede. El episodio se ha repetido mes y medio después. Tras tres días de parada técnica, la reapertura, prevista para la madrugada de este sábado, fue suspendida de forma indefinida por la fuga. No parece que, por ahora, el gas ruso llegue al centro y el este de Europa a través de esta infraestructura.

Como medida preventiva, Bruselas instó a todos los países a incrementar sus reservas de gas en pleno verano hasta alcanzar el 80% de su capacidad. También, y precisamente por esta posibilidad, obligó a todos los países a presentar un plan de ahorro energético de gas, que se completará con otro de contingencias este mes, con actuaciones en casos extremos.

Una coacción añadida

El anuncio del corte llegaba después de que los países que forman el G7 alcanzaran un acuerdo para instaurar una limitación de precios al petróleo ruso y otros derivados, tal y como han decidido sus ministros de Finanzas. Porque lo que realmente preocupa a Europa es la escalada de precios del gas derivada de la tensión provocada por las decisiones de Rusia. Al haber incrementado su demanda para elevar las reservas, el precio del gas superó los 340 euros/Mwh a finales de agosto. Un récord que rebasa incluso el coste de marzo, en pleno inicio de la guerra.

En las últimas jornadas comenzó a descender por la aparente distensión de Moscú. Pero los últimos acontecimientos anticipan nuevas subidas la próxima semana, impactando de lleno en las facturas energéticas de familias y empresas, y aumentando la presión para que los gobierno sigan tomando medidas contra la inflación. La reunión del consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) este jueves se verá aún más tensionada por estos cortes y la escalada del precio para subir de nuevo los tipos.

Siemens, el proveedor habitual de turbinas de Nord Stream, puntualizó este sábado que no existen motivos técnicos para paralizar el gasoducto, ya que este tipo de fugas no afecta a la operatividad de una turbina y pueden ser solucionadas de forma inminente como parte de un proceso rutinario. La empresa concluyó que el gasoducto puede operar.

Sin embargo, la principal vía de llegada de gas desde Rusia a Europa, ese Nord Stream que cruza el Mar Báltico hasta el norte de Alemania, sigue paralizado. A cambio, Gazprom ha informado de que ha aumentado la inyección de gas a través del gasoducto que cruza Ucrania hasta Europa. Pero el incremento ha sido mínimo, desde los 41,3 millones de metros cúbicos hasta los 42,7. Un alza que no compensa el corte del Nord Stream. Mientras, el gas que llega a Europa a través de Polonia, vía Yamal, se encuentra clausurado desde principios del verano, anticipando esta crisis energética.

Intento de tranquilizar

Mientras tanto, los socios europeos tratan de lanzar mensajes de calma asegurando que el suministro de gas está garantizado porque ya esperaban una reacción como esta del Kremlin desde el inicio del verano. Alemania, el país más afectado al depender mayoritariamente de Rusia, no se mostró sorprendido. Desde el dictado de las sanciones contra Moscú por la invasión de Ucrania, el Ejecutivo del canciller federal, Olaf Scholz, cuenta con que un corte total del suministro de gas ruso se produzca en cualquier momento.

«Ya hemos podido comprobar la falta de formalidad de Rusia y reforzado por ello las medidas para independizarnos de las importaciones energéticas rusas de manera consecuente. Estamos por ello apreciablemente mejor preparados que hace unos meses», fue el comentario de un portavoz económico del Gobierno germano. El Ejecutivo belga ha querido tranquilizar también a sus ciudadanos tras el corte. «No tendrá impacto en los suministros de Bélgica», aseguró el gabinete de la ministra de Energía, Tinne van der Straeten.

Para Italia tampoco ha resultado inesperada la suspensión. Desde que Moscú inició la guerra, el Ejecutivo de Mario Draghi desplegó una estrategia para reducir su dependencia de las compras de este hidrocarburo a Rusia. El objetivo es no efectuar más compras de metano a Moscú en la segunda mitad de 2024.

La intervención comunitaria del mercado, aún más cerca

Ninguna economía europea puede aguantar mucho tiempo con el coste de generar electricidad por encima de los 600 euros/Mwh, el precio que ha llegado a alcanzar el mercado en agosto. La consolidación de estos niveles haría cenizas cualquier actividad industrial, empresarial y social por el elevado coste que conlleva, a pesar de las diferencias en las tarifas reguladas o libres de cada país. A la vista de que el problema se extendía, las voces institucionales llamando a la intervención del mercado se han ido sucediendo en las últimas semanas.

El corte hasta nuevo aviso y pronosticado del gasoducto Nord Stream I entre Rusia y Alemania acelerará posiblemente los precios a partir de mañana, cuando los mercados energéticos reabran. El viernes, el precio del gas negociado en la plaza de Amsterdam, la de referencia europea para esta materia prima, marcaba un coste del TTF (el índice futuro del gas) en el entorno de los 215 euros/Mwh. Una semana antes había cotizado rozando los 350 euros/Mwh. Pero la distensión aparente con Rusia y las primeras llamadas a la aplicación de medidas regulatorias de control de precios comenzaron a tirar del mercado hacia abajo.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha pedido imponer un techo al precio del gas ruso como medida de intervención urgente del mercado eléctrico para contener la factura de la luz, aparte de abordar una reforma a medio plazo para desacoplar el precio gasista del de la electricidad.

Entre las herramientas para frenar la escalada de precios de la luz, y además de ese desacople, ha apuntado al rediseño del mercado eléctrico. Todo ello, junto a una apuesta por «inversiones masivas» en energías renovables.

El próximo viernes 9 de septiembre será clave en esta compleja coyuntura. Será el día en que se reunirán los ministros energéticos de la Unión Europea en Bruselas para plantear la fórmula inicial alternativa de intervención de mercado.