La mejor hora para poner una lavadora se convirtió en un rompecabezas para las familias. / óscar chamorro

Los precios desbocados de la luz dinamitan los tramos horarios para poder ahorrar

Ante las continuas subidas del recibo, los usuarios optan por las tarifas fijas y olvidan las franjas que se activaron hace un año

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

Planchar de madrugada o poner la lavadora a medianoche. Fueron los consejos que el Ministerio para la Transición Ecológica extendió hace justo ahora un año, cuando se puso en marcha el sistema de horarios eléctricos que generaron más de un quebradero de cabeza para muchos hogares, poco habituados a modificar sus consumos de luz en función del momento del día en el que se encontrasen. 365 días después todo ha cambiado en el recibo de la luz. Nadie esperaba ni un alza de precios como el que ha azotado a España,ni las amenazas de corte de suministro,ni los bulos sobre posibles apagones,ni la invasión de Ucrania, ni el récord eléctrico de marzo,ni el tope al gas que está por llegar.

En este último año, la luz se ha convertido en la protagonista de las conversaciones familiares, entre conocidos y en la disputa política. Javier Bescos, director de Regulación en Innovación de Feníe Energía, explica que hemos pasado «de ser usuarios que miraban una vez al año su factura a usuarios que vigilaban cada hora el precio de la energía». Y eso «influyó mucho en sus hábitos», admite este experto. Sin embargo, considera que «todo ese efecto se vino abajo con el aumento de los precios».

Porque los sucesivos récords marcados por el mercado diario de generación no han dado tregua y han fagocitado aquella medida. Avanzado el pasado verano, el coste se situó ya por encima de los 150euros/MWh en agosto, frente a los 70euros/MWh en los que se encontraba a principios de junio y el Gobierno puso en marcha el primer paquete de medidas para amortiguar la crisis de precios:rebajó los cargos incluidos en la factura en un 90%. Se trata de la parte fija que pagan todos los clientes en sus recibos, por la que se retribuye a las antiguas renovables, se paga el déficit eléctrico o se compensa la insularidad.

Un sistema aparcado

Desde el 1 de junio de 2021, los cargos se incrementaron de forma considerable entre las 10.00 y las 14.00 horas y entre las 18.00 y las 22.00 horas;de forma intermedia, a media tarde y por la noche;y casi no se aplicaban de madrugada y los fines de semana. Al reducirlos en septiembre, aun con diferencias horarias, éstas rebajas dejaron de ser tan evidentes para los hogares. Después, en enero, ya se incrementaron, pero nunca volvieron al estado original. Ylo mismo ocurrió el 1 de abril, con el último paquete anticrisis, que elevó los cargos del recibo pero no hasta las cuantías que tenían el 1 de junio del año pasado, cuando había grandes diferencias entre tramos horarios. Ahora, poner la lavadora de noche ya no sale tan barato como hacerlo a media tarde o durante la mañana. Aunque siempre se puede ahorrar algún euro.

Desde la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) indican que «se han apreciado cambios pero es imposible determinar si los cambios detectados se deben a la señal de precios de los peajes y cargos (que se ha visto mitigada, pero no ha desaparecido), al incremento de los precios del mercado (que ha hecho que los consumidores sean más conscientes de su consumo) o al contexto económico y geopolítico». Es decir, que a día de hoy pocos usuarios tienen en cuenta aquel sistema. Antonio Delgado, CEOde Aleasoft, indica que «se observan cambios con una bajada en el pico de la mañana y una ligera subida en el tramo valle de la madrugada». Pero concluye que «con la subida de precios, eso ya dejó de ser una prioridad para los consumidores».

Clientes sin facturas cada mes

El cúmulo de circunstancias que han condicionado el recibo eléctrico el último año ha enredado aún más la madeja en la que se movían los usuarios antes de esta crisis de precios. Otro de los problemas ha pasado por dejar de recibir facturas en muchos casos. Durante los últimos meses, una parte de los hogares que estaban acostumbrados a tener su recibo cada mes han visto cómo sus comercializadoras no les remitían esa información.

El problema ha llegado por la falta de conexión entre la compañía distribuidora –la que se encarga de monitorizar los contadores– y la comercializadora –con la que el cliente tiene contratada la luz– en medio de una gran crisis de precios. Esta cuestión se ha ido resolviendo, aunque todavía quedan contratos que acumulan varios meses sin ofrecer información sobre el consumo y, por tanto, sin ser cobrados mes a mes, como era habitual.

El otro gran cambio que ha sufrido el sistema ha sido el trasvase masivo de clientes desde el mercado regulado al libre. En concreto, durante el año pasado más de 1,2 millones de usuarios dieron ese paso, sobre todo después de que en verano los precios eléctricos se dispararan. En los últimos meses se ha extendido la práctica comercial de ofrecer precios fijos las 24 horas del día los siete días de la semana. Y, por tanto, se vuelve a desincentivar el consumo en las horas con menor demanda del sistema –noches y fines de semana–, como pretendían los tramos horarios.

Contratos fijos sin dificultades

Ya hay 19,8 millones de puntos de suministro en el mercado libre frente a 10 millones del regulado, su mínimo histórico. Es decir, ya representan menos de un 33% del total, cuando hasta hace un año eran un 40%.

En el trasfondo de esta cuestión se encuentran las características que definen la tarifa regulada en España, un modelo único en toda Europa. Por una parte, porque se trata de un contrato de luz vinculado directamente al precio mayorista de la electricidad. «Funciona como si el precio del abono de transportes del autobús estuviera ligado al coste diario del petróleo», explica Luis del Barrio, de Arthur D. Little. Una de sus características clave es que es la única tarifa que permite el acceso al bono social (el descuento de hasta el 70% para hogares vulnerables).

El cambio ha venido acompañado, además, de un incremento sustancial de los clientes de las grandes compañías (Iberdrola, Endesa, Naturgy y Repsol), que han conseguido incrementar el número de contratos activos en el primer trimestre del año. Lo han hecho frente a la pérdida de clientes de las medianas, pequeñas o independientes, en su caso, casi todas con menos usuarios que cuando finalizó 2021. Estas firmas consideran que el Ejecutivo debería obligar a las grandes a vender parte de su energía barata que producen a las independientes.

A la espera del aval de Bruselas y de la reforma de la tarifa regulada

Más de tres semanas han transcurrido desde que España y Portugal presentaran a Bruselas su propuesta para topar el precio del gas en el mercado diario y la Comisión Europea aún no ha dado una señal de autorizar esta medida.

Se trata de la esperanza que tiene el Gobierno para moderar la subida de la luz, el incremento de precios y, por tanto, el dato de inflación de los próximos meses. Las mejores perspectivas anticipan que la factura media del mercado regulado podría descender entre un 15% y un 20% frente a la actual.

El límite al gas, que estará en vigor durante un año completo, viene acompañado de una promesa a Bruselas casi inexorable: tener listas, antes del próximo 1 de octubre, las líneas generales de la tarifa regulada (Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor, PVPC). Aunque la previsión del Gobierno es que esos cambios no entren formalmente en vigor hasta «principios de 2023», este próximo otoño el Ejecutivo ya tendrá que haber realizado «las modificaciones necesarias» para alumbrar una «nueva metodología de cálculo». Será menos volátil. Tanto en las subidas como en las bajadas.

Todas las estimaciones apuntan que los precios eléctricos seguirán caros a medio plazo. Carlos Solé, socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España, explica que «la evolución va estar condicionada por el nivel de los precios del gas natural como tecnología marginal, el coste de los derechos del CO2 y las decisiones que se puedan imponer desde la política energética». Lo que está observando es que «las perspectivas para 2023 y 2024 siguen tendencias alcistas y muestran alta volatilidad». En ese sentido se pronuncia Antonio Delgado, CEOde Aleasoft: «La situación de precios, con muchas probabilidades, no mejorará hasta pasado el invierno» próximo.

Mientras tanto, el mix eléctrico irá incorporando renovables, lo que puede hacer descender los precios. Pero los ciclos de gas serán clave para completar toda la demanda de luz que requiera el sistema a medio y largo plazo.