Pedro Sánchez y António Costa, esta semana en la reapertura de fronteras entre los dos países / EFE

Pedro Sánchez inicia este lunes en Lisboa una agenda de reuniones para negociar el fondo europeo

Tras su reunión con el primer ministro luso, António Costa, se encontrará con el italiano, Giuseppe Conte

R. C.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viaja este lunes a Lisboa para almorzar con el primer ministro portugués, António Costa. Es la primera cita de una intensa agenda de contactos para negociar el fondo europeo de recuperación. Después, Sánchez se reunirá con otro líder con el que tiene sintonía, el italiano Giuseppe Conte, que viajará a Madrid el miércoles. La semana siguiente quiere reunirse con el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, que abandera la posición de los países 'frugales'.

Sánchez considera «imperativo» que la Unión Europea alcance un acuerdo sobre el fondo de recuperación este julio, si bien asume que tal vez no sea posible lograrlo en el Consejo Europeo de los días 17 y 18, que será cuando los líderes europeos se encuentren presencialmente tras cuatro meses de videoconferencias.

A la agenda de Sánchez se añade la de la ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Arancha González Laya, que recibirá el martes en Madrid a su homóloga sueca, Ann Linde. Además, González Laya viajará a París, donde España tiene un aliado, y recibirá el viernes a su colega polaco, Jacek Czaputowicz. Y el secretario de Estado para la UE, Juan González-Barba, viajará a Bruselas la semana que viene.

Para Sánchez es clave alcanzar un acuerdo cuanto antes, para tener en cuenta los fondos a la hora de elaborar los Presupuestos de 2021. Según los planes de la Comisión, a España le corresponderían 140.000 millones de los 750.000 de los que estaría dotado el programa. Aunque están en discusión el tamaño del fondo, la proporción entre transferencias y préstamos, los criterios de reparto entre países o la condicionalidad. Sobre la última, el Gobierno acepta que la liberación de los fondos se vincule con reformas estructurales hacia la digitalización o la sostenibilidad, pero se resiste a condicionarlos al cumplimiento de unos objetivos concretos de reducción del déficit.