La covid-19 eleva el diferencial entre el precio del agricultor y las tiendas

Los agricultores experimentan una caída de lo que perciben en la mayoría de los cultivos mientras que los distribuidores aumentan sus precios de venta al público. Entre enero y mayo el diferencial crece un 22%. Hay productos, como el calabacín, en los que el margen es de un 800% a favor del punto de venta.

silvia fernández Las Palmas de Gran Canaria

La covid-19 no solo paró en seco las reivindicaciones que había iniciado el campo español para reclamar unos precios justos de sus productos frente al sector de la distribución sino que además ha agravado el problema. En estos meses de confinamiento el agricultor ha experimentado una reducción de los precios de venta mientras que los distribuidores han aumentado lo que cobran en los supermercado al consumidor final. El diferencial entre los precios en origen y en destino, el llamado índice IPOD, ha aumentado en Canarias un 22% desde enero y hasta mayo, último dato disponible por la organización agrícola COAG.

En enero de este año la media del índice IPOD estaba en el 2,31 y en mayo ha escalado hasta el 2,83. El menor diferencial se produjo en el mes de marzo, cuando se inició el confinamiento, para subir en abril hasta el 3,27%, el más alto del último año y situarse en mayo en el 2,83, según los datos de la COAG.

En mayo se disparó el diferencial de cuatro productos fundamentalmente. Entre ellos, el calabacín, en el que el índice IPOD se disparó al 9. El margen - aquel que obtienen el resto de agentes de la cadena comercial excluyendo al productor- alcanzó casi un 800%: el agricultor lo vendió a 0,16 euros el kilo y el precio de destino se elevó hasta los 1,34 euros el kilo. En enero el productor vendía el calabacín a 2,43 y se comercializaba en los súper a un precio similar, a 2,68 euros el kilo.

La judía verde es otro de los productos con un abultado diferencial. En mayo los agricultores la vendieron a un precio medio de 0,78 euros el kilo mientras que los distribuidores la comercializaron a 3,77 euros. El margen de las tiendas fue de un 400%. En enero, antes del confinamiento y en plenas reivindicaciones del campo, el margen de diferencia no llegaba al 80%: los agricultores las vendieron a 2,82 euros y en los centros de distribución se comercializaron a 5 euros.

A continuación se situó la col repollo, con un diferencial del 4,68. En mayo los agricultores la compraron a 0,25 euros el kilo y se vendió a 1,17, lo que arrojó un margen a favor de los distribuidores del 368%. En enero, el margen era de un 132%, el campo lo vendía a 0,58 euros y se distribuía en las tiendas a 1,34 euros.

La lechuga es el cuarto producto con un margen estratosférico a favor de la distribución de más de un 300. En mayo, el campo las vendió a 0,40 euros el kilo y el consumidor las compró a 1,67 euros. En enero el margen era inferior.

Solo unos pocos productos, como la acelga han reducido su margen en el confinamiento.

El presidente de la COAG en Canarias, Rafael Hernández, criticó ayer que el índice IPOD, que marca la diferencia entre los precios al agricultor y los que paga el consumidor final, haya aumentado con el confinamiento y advirtió de que el sector volverá a las reivindicaciones cuando la pandemia de la covid-19 esté bajo control.

La manifestación de los agricultores canarios iba a tener lugar el 14 de marzo, el fin de semana en el que anunció el estado de alarma y se aconsejaba a los ciudadanos permanecer en sus casas encerrados, lo que obligó a suspenderla.

A nivel nacional, los representantes de las organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA anunciaron hace unos días en un foro del sector la posibilidad de volver a las movilizaciones para reclamar precios justos por sus productos. Se quejan de que lo que reciben por su mercancía no cubre en muchos casos los gastos de producción, lo que está llevando a la ruina y el abandono las explotaciones.

Los agricultores se han demostrado en los meses de confinamiento un sector esencial que ha hecho un gran esfuerzo por abastecer los mercados. Como indica Hernández, superada esa fase debería reconocerse esta labor y desde el Gobierno trabajar para que se pague a los agricultores unos precios justos por su trabajo.