Tribuna libre

El oro de Turquía

10/09/2018

«Muchos piensan que la inflación es la que provoca la subida de precios, pero lo que sucede realmente, es que nuestro dinero vale menos para comprar el mismo bien».

Con este ya son tres los artículos de opinión que hemos escrito recientemente sobre la situación de Turquía, y no es para menos. En mayo comentábamos la difícil tesitura en la que se encontraba el país y cómo la subida de tipos de interés que implementó el banco central en aquel momento era tan sólo un parche temporal, pues si continuaba, la presión vendedora sobre la divisa local esto no habría hecho más que en empezar.

En el segundo artículo, hablamos de cómo la crisis turca se estaba extendiendo a Europa debido a la exposición que poseen algunas entidades financieras en dicho mercado, así como a la mayor magnitud de los acontecimientos políticos que se sucedían en Italia, si bien el impacto se mantenía limitado.

En esta ocasión, hablaremos de la importancia de tener una divisa estable.

En líneas generales, la forma lógica y tradicional de invertir, es hacerlo en aquel activo que mayor potencial de revalorización presente con el tiempo. Por ejemplo, hace cinco años podríamos haber comprado una onza de oro por 1.045 euros, pero hoy valdría 1.031 euros (si bien por el camino llegó a superar los 1.200 euros), así que prácticamente nos quedamos como empezamos. Pero, si en lugar de comprar una onza con nuestros euros, lo hubiéramos hecho pagando en liras turcas, nos hubiera costado 2.800 liras, y hoy valdrían la friolera de 7.900 liras; nuestra onza se habría revalorizado en más de un 180%. Pobre de aquel que compró el oro con la divisa incorrecta. Pues sentimos aguar la fiesta. Aunque el valor del oro en liras se hubiera revalorizado un 180%, el tipo de cambio de euro a lira se ha reducido en proporción, esto es, si vendemos el oro en liras, nos darían el equivalente a 1.031 euros.

El oro se acuñó como moneda por primera vez en Lidia, en la península de Anatolia, donde hoy se encuentra la actual Turquía. Se dice del oro que es el activo refugio por excelencia, y razón no les falta. Es un metal que tiene valor por sí mismo, pues es reconocido y comercializado a nivel mundial, y sobre el que ningún gobierno controla su valor. Volviendo al ejemplo anterior, el oro actuó como activo refugio en Turquía ante una mala gestión de la política monetaria de aquel país.

Si vives en un país donde los precios crecen un 2% al año, el valor de la divisa caerá ese 2% anual compuesto. Pero en Turquía, con una tasa de inflación anual estimada en el 100%, si el año pasado tenías ahorradas 10.000 liras en tu casa, hoy necesitarás 20.000 para comprar lo mismo que hace un año. Aquí es donde se ve la importancia del oro; mantiene estable el valor de tu patrimonio.

Muchos piensan que la inflación es la que provoca la subida de precios, pero si se modifica la óptica con la que se analizan las cosas, uno se puede dar cuenta que lo que sucede realmente, es que nuestro dinero vale menos para comprar el mismo bien. Así, mientras nosotros seguimos comprando el litro de leche a un euro, en Venezuela, por poner un caso que nos toca relativamente de cerca, el litro se vendía a 87 bolívares en enero de 2016 y en abril de este año -no conseguí datos más recientes- a 55.000 bolívares. Y tampoco hay que irse tan lejos, nuestros abuelos podían ir a cine por tres pesetas, lo que hoy viene siendo un céntimo de euro. El servicio por el que pagaban nuestros abuelos es el mismo que el nuestro, solo que nuestro dinero hoy vale menos.

El incremento en el precio de los bienes es un síntoma de que padecemos inflación. El control de la inflación es tan importante como para crear toda una institución, el Banco Central Europeo en nuestro caso, con el objetivo central de lograr la estabilidad de precios. Y es que la imprudencia en materia de política fiscal es un fenómeno real que tarde o temprano destruye la infraestructura financiera de un país.

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(*) Asesoramiento y Gestión Patrimonial en Cross Capital-Eafi.