Carlos Torres y Josep Oliu. / RC

La nueva hoja de ruta del BBVA y el Sabadell

La entidad catalana quiere vender su filial británica TSB y replegarse al mercado doméstico, pero no hay que descartar que en un futuro se retomen las negociaciones

Amparo Estrada
AMPARO ESTRADA Madrid

No habrá fusión entre BBVA y Sabadell. Al menos por ahora. Pero la presión de la crisis y de los reguladores permanece y el futuro en solitario no se presenta muy halagüeño para ambos bancos. Especialmente para el Sabadell. En su comunicado a la CNMV, la entidad que preside Josep Oliu apunta que quiere vender TSB, la filial británica por la que pagó 2.300 millones de euros en 2015 y que le ha costado mucho más por los problemas informáticos y de reputación en Reino Unido. Sin embargo, el 'brexit' y, sobre todo, la inexistencia de un acuerdo para la salida de ese país de la Unión Europea, eliminan de entrada el interés de otros bancos europeos por TSB y reduce los posibles compradores a entidades británicas. Todo ello hace pensar que, si Sabadell vende TSB, será con pérdidas.

Los reguladores empujaron a las entidades a la fusión. No se olvidan las declaraciones de Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo, tras los test de estrés a finales de 2018, cuando aseguró que BBVA y Sabadell, junto con otros bancos europeos, deberían aumentar su solidez y mejorar las posiciones de capital para enfrentar los desafíos futuros y que, por lo tanto, «serían monitorizados de cerca». La opinión del BCE y del Banco de España no ha cambiado: las fusiones son una vía para afrontar la baja rentabilidad del sector bancario.

La historia del sector bancario es una historia de fusiones. Lejos quedan los años en que se unieron rivales como el Banco Bilbao y el Vizcaya para dar lugar al BBV, que luego incorporaría la A de Argentaria. En aquella etapa, la unión hacía la fuerza. Ahora, las fusiones son todas defensivas, en un intento de lograr levantar la maltrecha rentabilidad de las entidades financieras debido al periodo prolongado de bajos tipos de interés -que se va a mantener al menos hasta final de 2024, según han anticipado los reguladores- y al que se le viene encima un aumento de la morosidad y de los activos problemáticos por el impacto de la crisis del coronavirus.

Es en este contexto donde se enmarca el intento fallido de fusión entre el BBVA y el Sabadell. La rentabilidad del Sabadell (medida en términos de ROTE) se ha desplomado en un año del 8,58% al 1,85%, mientras que la del BBVA ha caído a la mitad: pasa del 12,2% en septiembre de 2019 al 6,9% en el tercer trimestre de este año. Las provisiones que han tenido que hacer por el menor valor del fondo de comercio y por el aumento esperado de la morosidad explican ese derrumbe. Pero esto no va a variar; el Banco de España ya ha advertido que la morosidad empresarial crecerá el año que viene y los mercados valoran cada vez menos a los bancos. Con este escenario, la gran cartera de préstamos a pymes que guarda en su balance el Sabadell parece más un problema que un tesoro.

Canje insuficiente

La operación ha terminado sin acuerdo porque al Sabadell no le ha parecido suficiente el canje ofrecido por el BBVA, tanto en el precio de sus títulos como en los puestos de dirección que tendría en la entidad resultante. Pero cuando las alianzas se hacen entre un pez grande y otro más chico, la fusión se convierte en una absorción. La diferencia de tamaño entre ambas entidades es muy significativa: el BBVA es el triple de grande que el Sabadell, ya que cuenta con 727.014 millones de euros en activos frente a los 236.094 millones de la entidad que preside Josep Oliu.

Rotas las conversaciones, el Sabadell anuncia que se centrará en su mercado en España e intentará vender TSB, mientras el futuro del BBVA también pasa por un cierto repliegue tras vender su filial en Estados Unidos y señalar que no pretende aumentar su participación en Garanti, el banco turco donde controla casi el 50% del capital. Pero su consejero delegado es turco y ese descarte de Turquía puede cambiar. Es cierto que, hoy en día, este país es problemático, pero también lo es que el nivel de bancarización de sus 82 millones de habitantes es muy bajo en comparación con mercados maduros como España, lo cual deja mucho margen para desarrollar allí el negocio bancario puro en los años venideros. BBVA podrá destinar parte del dinero de la venta americana a recomprar acciones -con lo que daría una alegría inmediata al accionista- pero eso no es un plan a medio o largo plazo.

En todo caso, no sería la primera vez que un noviazgo se retoma tras romper por primera vez. Es lo que pasó con Liberbank y Unicaja, que un año después de fracasar en el primer intento de fusión han vuelto a negociar. Porque la necesidad es un buen acicate y replegarse al mercado doméstico -demasiado maduro y poco rentable- no parece una apuesta de futuro.