Gonzalo Gortázar. / Efe

Gortázar, un hacedor de equipos que huye del protagonismo

Se enfrenta a la necesidad de ganar rentabilidad, avanzar en la transformación digital y ganar el apoyo social que el sector perdió en la crisis financiera

Amparo Estrada
AMPARO ESTRADA Madrid

¿Cómo llega un acérrimo seguidor del Real Madrid a dirigir una entidad de profunda y antigua raigambre catalana? Desde luego, no por ocultar su afición -ha acudido a las finales de Champions siempre que ha podido-. Gonzalo Gortázar (Madrid, 1965) fue nombrado consejero delegado de Caixabank en junio de 2014, en sustitución de Juan María Nin, tras ganarse la confianza de Isidro Fainé como director general financiero de Caixa desde 2011 y director general de CriteriaCaixa entre 2009 y 2011. Afable, campechano, muy discreto y nada dado a los protagonismos, este madrileño de familia vasca ha sabido entenderse con Fainé, que ha puesto y quitado ejecutivos en el grupo y ahora preside la Fundación La Caixa, primer accionista del banco actual y de la entidad resultante de la fusión. Hay una entente clara: Fainé confía en Gortázar y este respeta la autoridad de su principal accionista.

Ahora, Gortázar culminará la histórica ambición de Fainé de absorber a Caja Madrid-Bankia, algo que este llevaba intentando décadas, la última vez en 2012 cuando negoció con Rodrigo Rato. Por el camino, la entidad ha absorbido Banca Cívica, Banco de Valencia, Barclays...

Durante estos seis años como consejero delegado de Caixabank, Gortázar se ha ganado el respeto del sector, empezando por sus principales competidores, y de la plantilla. No se espera que la fusión plantee problemas en el plano personal entre los dos máximos directivos. Goirigolzarri y Gortázar comparten, además de las raíces vascas, un carácter similar y la capacidad de hacer equipo. De hecho, a Gortázar le conocen en su entorno como el «hacedor de equipos». Y esto es más importante de lo que parece porque aunque Gortázar reportará directamente al Consejo de Administración de la nueva entidad -en línea con la separación que reclama el BCE entre los máximos ejecutivos y como ocurre ya en el BBVA-, Goirigolzarri será presidente ejecutivo y las decisiones a tomar tras una fusión nunca son fáciles, empezando por el ajuste de plantilla y oficinas que se avecina.

De familia vasca y nobiliaria, es el menor de siete hermanos; su padre, Fernando de Gortázar y Landecho, era abogado y militar (alférez de Infantería), y su abuelo paterno, Manuel de Gortázar y Landecho, ostentó el título de conde de Superunda. Casado y con tres hijos, el consejero delegado de Caixabank es licenciado en Derecho y en Ciencias Empresariales por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y Máster en Administración de Empresas por INSEAD. Entre 1993 y 2009 trabajó en Morgan Stanley en Londres y en Madrid, en la división de banca de inversión. En 2009, un año después de que La Caixa comprara el negocio de banca privada de Morgan Stanley en España, se incorporó a Criteria. Con anterioridad estuvo en Bank of America, en el área de banca corporativa y de inversión. Muy riguroso como financiero persigue tres retos: conseguir más rentabilidad -imprescindible para sobrevivir-, avanzar en la transformación digital y recuperar el apoyo social -no se ha cansado de subrayar que Caixa no ha necesitado ayudas públicas como Bankia-. La tarea no es fácil. Los resultados de Caixabank reflejan bien las dificultades por las que atraviesan los bancos: el beneficio cayó un 67% hasta junio por las elevadas provisiones. En marzo, la entidad recortó el dividendo y Gortázar -como más ejecutivos de otros bancos- renunció a la retribución variable (el año pasado ganó 3,76 millones, más de un millón correspondió al variable).