Una oficina de CaixaBank frente a otra sucursal de Bankia antes de la fusión. / efe

La banca consigue pasar de puntillas sobre la crisis del coronavirus

El sector, que tomó varias decisiones clave en materia de moratorias, ha reestructurado la red y retomado el dividendo tras recuperar resultados

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

Si hubo un sector que acabó en el centro del huracán de la anterior crisis económica, la de hace una década, ese fue el bancario. Preferentes, cláusulas suelo, salidas a Bolsa convulsas, ejecuciones hipotecarias, deudas estratosféricas que dejaron enganchadas a familias...

Todo eso ya forma parte del pasado, del inicio de una década, a partir de 2010, en la que las entidades se vieron obligadas a centrarse en mejorar su reputación social. Ahora, otra crisis, la del coronavirus, se ha resuelto con unos criterios distintos.

Desde que el Gobierno aprobó el primer estado de alarma en marzo de 2020 los bancos decidieron actuar: las patronales AEBy CECA acordaron ampliar los plazos de la moratoria aprobada por el Gobierno, hasta los 12 meses, en el abono de los préstamos que tenían los clientes que por entonces se vieron afectados por la situación económica y laboral derivada del impacto de la pandemia.

Además, la mayor parte de entidades anticiparon los pagos de las prestaciones por desempleo (habitualmente cobradas el día 10 de cada mes). Eran medidas dirigidas a «contribuir a que las familias afectadas por la crisis sanitaria superen la difícil situación en que se encuentran», según explicaron varias notas de las patronales. Y fueron un agente clave para desplegar los créditos ICO avalados por el Gobierno para las empresas por 100.000 millones de euros.

Para Juan Abellán, director del Máster en Finanzas y Banca Digital del IEB, esta crisis y la anterior son «totalmente distintas». Hace más de una década «la crisis sorprendió a la banca con una deuda de 1,07 billones de euros en préstamos hipotecarios de los que 430.000 millones eran crédito promotor». Y aclara que «hoy el endeudamiento está más diversificado», no sin hacer lo que considera un «esfuerzo gigantesco» de capital, en forma de pérdidas, fusiones o absorción de fuertes dotaciones.

Sin embargo, el sector no se ha librado de algunas polémicas. Como la surgida hace ahora un año, cuando la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, mostraba su preocupación por los sueldos y bonus de los altos ejecutivos de banca en un contexto marcado por los ajustes de plantilla. «Deben estar alineados con la evolución del sector y la economía en su conjunto», insistió en varias comparecencias.

Retomar la actividad

En total, la banca llegó a apuntarse pérdidas contables superiores a los 5.000 millones de euros en 2020 por el impacto de las dotaciones realizadas frente a la crisis y las revisiones de parte de su fondo de comercio. Aquella situación obligó al Banco Central Europeo (BCE)a vetar el reparto de dividendo, en un primer momento, y limitarlo después durante buena parte de 2021.

Ahora, el sector afronta la presentación de resultados en positivo, con el objetivo de mejorar la rentabilidad en un entorno de tipos de interés en mínimos.

La fórmula para cuadrar cuentas sigue siendo la que se ha acelerado durante la pandemia: ajustes laborales (voluntarios y pactados con los sindicatos), cierre de buena parte de la red comercial, nuevos negocios y una digitalización por la que una parte de sus clientes, los de edad avanzada, comienzan a levantarse en quejas y protestas.

El nuevo mapa bancario

Durante años, desde el inicio de la anterior crisis financiera, las autoridades monetarias (léase, el BCE) y los supervisores nacionales (esto es, el Banco de España) han insistido en la necesidad de «consolidar» el sector bancario. Es decir, fusionarse como una parte de las soluciones para afrontar el futuro.

Pero también acudir al mercado de capitales:cotizar en Bolsa. Y no solo por la captación de dinero en el parqué, sino por la vigilancia y transparencia que ofrece la plataforma bursátil ante cualquier inversor internacional.

Prácticamente todos los bancos españoles que quedan han ido integrando entidades. Y casi todos cotizan en la Bolsa. Ibercaja lo hará en los próximos meses, tras el anuncio realizado esta misma semana. Y solo quedará Kutxabank al margen de un mercado bursátil que, sin ser la panacea, supone la apertura a todo un abanico de posibilidades financieras.

Una vez consolidado el nuevo mapa bancario, a la espera del salto al parqué de Ibercaja, al sector le espera un año 2022 «difícil», según explica Juan Abellán, del IEB.

Aunque se vislumbran subidas de tipos a medio plazo y han mejorado en rentabilidad, ese alza del precio del dinero no será «drástica» como para «impulsar su rentabilidad» este año, indica el experto.

La banca –cotizada y no cotizada, fusionada en mayor o menor medida– tendrá que seguir haciendo esfuerzos «para reducir más la ratio de eficiencia», explica Abellán. Y lo podrán hacer con las fórmulas ya practicadas:centrándose en negocios que aportan valor añadido (banca privada, personal, empresas y pymes), banca tradicional 'on-line'; negocios con fuertes comisiones (mercados y seguros); o el regreso a hipotecas y créditos.