Ángel Ferrera Martínez, en un acto de Catpe en el Gabinete Literario de la capital grancanaria. / c7

Ángel Ferrera, una generación que se va

«Y esa es la sensación que ahora tengo, que estoy seguro tienen miles de grancanarios, que se ha marchado una persona muy valiosa sí, pero sobre todo hemos perdiso a un amigo»

JUAN JOSÉ LAFORET Las Palmas de Gran Canaria

Ángel Ferrera hacía ya tiempo que no le veía personalmente, pero al entrar cada día en el edificio del rectorado, durante mis periodos de clases en la UAM, unas fotos, que allí recuerdan su imagen y su labor destacada en el ámbito educativo y universitario, me permitían tener la sensación de saludarle, algo que era un buen estímulo para afrontar la tarea cotidiana. Ahora llega la noticia de su fallecimiento, y lo hace de forma discreta, sin ruidos excesivos, en una nota más de su personalidad de persona correcta que nunca quiso molestar, ni llamar la atención, en nada que no fueran las tareas, iniciativas y proyectos de alto valor empresarial, social, cultural, en resumidas cuentas, de progreso, que afrontó a lo largo de su vida. Sin embargo, es una noticia que nos afecta, que tiene trascendencia, pues nos quedamos sin uno de los valores que la sociedad canaria tenía para la construcción de su porvenir, aunque nos queda su legado, una obra y un trayecto que hay que saber mantener, potenciar y llevar en medio de nuevas perspectivas.

Era una persona muy humana, accesible, directa, que se interesaba por cuanto le exponías

Pero, además, en esta despedida a Ángel Ferrera ya tengo la sensación de que se nos va toda esa generación empresarial de primera línea que, en la segunda mitad del siglo pasado, soñó, modeló, propuso, construyó y asentó la Canarias actual, al menos desde el orbe económico y empresarial, que transformó completamente, y no ha parado de hacerlo hasta la actualidad con un enorme sentido de la innovación y la responsabilidad social; lo que además ha tenido un incidencia cultural y social innegable. Ferrera fue un verdadero impulsor tanto de la creación de empleo, convencido de la trascendencia que tenía esta responsabilidad empresarial, como de concretar lo que en ese nuevo tiempo de las últimas décadas del siglo XX y en estas islas significaban conceptos como 'empresario', 'empresa' y 'emprendimiento', pero en ese mismo orbe concurrieron otras personas que conformaron una verdadera generación, un grupo que se entendió bien, que comprendió el devenir de los tiempos y el papel que las islas tendría que asumir, que fue capaz de llevar por bandera su capacidad emprendedora, y eso permitió un resultado sobre el que se asienta, en buena medida, la identidad socio-cultural isleña actual.

No voy a decir que es una catástrofe, pues es ley de vida y así siempre ha ocurrido en otros momentos de la historia, pero para nuestra hora actual es muy substantivo que muchos de estos empresarios, verdaderamente comprometidos con la transformación, la modernización y el progreso económico, social y cultural de Canarias hayan desaparecido muy rápido, casi uno tras otro, en los últimos tiempos. A Ángel Ferrera le han precedido nombres tan señeros como los de Ángel Luis Tadeo, Germán Suárez, Lothar Siemens, Sergio Alonso, Lizardo Martel, Antonio Armas, José Sánchez Rodríguez, Félix Santiago, junto con algunos más de una importante generación, en la que también hubo mujeres destacadas, que no menciono pues afortunadamente aún están vivas y sería poco correcto y sensible hacerlo en el marco de un recordatorio necrológico. Cada uno de ellos fue una cuenta destacada de un rosario cívico-empresarial que cada día tuvimos en nuestras manos, con la mirada puesta en esos sectores que creaban o reinventaban, en las enormes oportunidades y empleos que crearon, en las iniciativas e ideas que alumbraron el camino de muchas otras personas. No diré que ha sido sino una generación 'irrepetible', pues todo puede volver a darse en la historia –y así necesitamos que ocurra-, pero si sumamente oportuna, única y adecuada para lo que este Archipiélago requería en un momento crucial de su devenir.

«Cada uno fue una cuenta de un rosario cívico-empresarial que tuvimos en nuestras manos»

Pero Ángel Ferrera, aparte de todo esto, de su enorme talante empresarial, de su evidente capacidad de emprendedor en muy diversos terrenos, de su claro compromiso social, era una persona muy humana, accesible, directa, que se interesaba por cuanto le exponías. Tuve la gran suerte, y luego comprendí que también fue un gran honor, de conocerle cuando aún yo era muy joven, en los días de la campaña 'Canario cuida tus playas', que impulsaba entonces el senador y Consejero de Sanidad Gregorio Toledo, que él no dudó en respaldar consciente de lo que estos entornos suponían para el porvenir insular, luego le encontré en todos los esfuerzos que se hacían por la mejora de la oferta universitaria en la isla, o de forma mucho más cercana en las reuniones que junto a Luis A. Doreste mantuvimos con él para exponerle el proyecto que nacía en aquellos días de la Tertulia Artístico-Cultural Víctor Doreste, iniciativa que acogió con enorme simpatía e interés, pues valoraba lo innovadoras que era sus propuestas. Fue una oportunidad para acercarme y aprender mucho de una persona que percibí no sólo como alguien importante, trascendente, sino que se mostraba y se convertía en un verdadero amigo. Y esa es la sensación que ahora tengo, que estoy seguro tienen miles de grancanarios, que se ha marchado una persona muy valiosa, sí, pero que sobre todo hemos perdido a un amigo.